Colgué a Edu,no podía esperar a una decisión, mi vuelo salía ya. Sola viajaba hasta Alemania a buscar a mis padres.
Las lágrimas no me conmovían, pues era y soy fuerte. Marcos ahora es parte de mi pasado y lo aceptaré.
Era casi de noche cuando llegué, un viento frío, del Norte, dio en mi cara como si de una bofetada se tratara, dejando de sentir mis pómulos.
Un taxi me llevo hasta el hotel donde me iba a hospedar, era una gran habitación, una ventana daba a la antigua plaza donde, antiguamente nazis paseaban por esas plazas.
Estaba agotada, un calido baño de agua templada me relajaba. En mis pensamientos estaba él, como un recuerdo que no se puede esfumar por mucho que quisieras. No entendía casi nada, solo las cosas básicas.
Un chico rubio, de castaños llamó a la puerta, su cara salía deforma por la mirilla; “ahora salgo” grite. Un acento español se oía detrás de la puerta, estaba en toalla y así no podía presentarme.
En la puerta había una nota, había llegado tarde para abrir. Abría la hoja perfectamente doblada por la mitad << No te asustes –pensé->> Estaba en inglés, su ortografía era un poco grande, con alguna falta que otra, pero aun así la entendía.
“Mañana preséntate en la plaza, donde se hace el mercado, abrígate, no llegues tarde. 10:30”
¿Perdón? ¿Yo no iba a ver a mis padres? Lágrimas, pequeñas, recorrían mi cara, echaba de menos los abrazos de mi madre, y las amenazas de mi padre a los muchachos, pero eso se ha quedado atrás.
No podía dormir, daba vueltas en la cama, buscaba soluciones a problemas solucionados. Pero, ahora, tenía que afrontar el presente, saber que iba a hacer con mi nuevo futuro.
Me levante con ojeras, habría llorado mientras dormía. Me vestí con colores oscuros y un pluma negro, no sabía que podría pasar.
Había un extenso mercado, donde, cerca de allí, estaba la catedral. No sabía ni con quien o quienes me iba a juntar. Arrimada a una estatua el mismo chico que anoche vi por la mirilla se acercaba, detrás de él, un robusto hombre de barba blanca y un largo abrigo marrón. Sentía miedo.
Mire al chico de ojos marrones, el sol me daba en la cara, gracias a él puede visualizarle mejor, su rostro era perfecto y en una sonrisa cordial aparecía en su cara, dejando ver sus perfectos dientes blancos. Iba a cambiar de actitud, quería una vida nueva, le sonreí como si fuera una persona más de mi vida.
- ¡Hola! –Me gritó no demasiado alto- ¿Tú eres Candela? ¿La señorita recién llegada de Leeds?
- Hola –enarqué una ceja- Sí, soy yo, ¿el porqué de quedar aquí?
- Me llamo Rubén, lo de quedar aquí es por que mi tío te quiere enseñar varias cosas, espero que le hagas caso, no quiere que acabes como tu hermano. -¿Mi hermano? ¿Qué sabe él de mi hermano?
- En efecto pequeña. – La mano del hombre se poso en el hombro de Rubén, haciendo que se girara- Tu hermano renunció, espero que tú seas más fuerte y más lista.
Les miraba seria, para estaban locos, en determinados momentos hablaban en español, creo que no saben que les entendía, y si querían que luchara iban mal, demasiado mal.
Me levante de donde estaba sentada.
- Ustedes están locos, ¿cómo pensáis que YO Me voy a meter en semejantes líos?
Rubén me agarró del brazo, su mirada era impactante, y a la vez tierna, sus ojos hablaban por sí solos.
No quería escucharle, pero no me resistí, lo primero que dijo hizo que mis ojos se abrieran como platos.
jueves, 23 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Capítulo 2O. Viajar, es lo que quiere el personal.
Al parecer habían llamado mis padres a mi casa, y la noticia que me tenían que decir no era demasiado buena.
Deje a los cuatro tortolitos paseando mientras que yo salía corriendo del parque hacía mi casa.
Llamé a mis padres, un viaje ¿A dónde? Tenía que dejar todo, todo para viajar hacía Alemania. Se lo dije a Marcos, no fue buena su reacción y se fue a su casa, triste.
Como pude hice rápido las maletas, cogí lo esencial, tenía que estar en el aeropuerto antes de la una de la a medio día.
Media hora antes estaba allí, tenía un jersey negro con unos pantalones vaqueros y mis gafas de sol para ocultar mis ojos llorosos. Una llamada desconcertante en la puerta, María y Jennifer tenían novio; descolgué el móvil, no quería saber nada de ellas, ni de nadie.
Había mucha gente, lo peor es que no sabía en donde tenía que comprar los billetes del avión, solo sabía que salía uno a las dos. Un hombre vestido de negro excepto por su camisa azul se acerco a mi con andares despreocupados.
- ¿Eres tú la hija de Rosa y Tomás?
- Sí, soy yo ¿por qué lo pregunta? –me bajé un poco las gafas mientras le miraba amenazante.
- Tus padres me han encargado que te de unos billetes de avión y de la dirección de tu hotel, ten mucho cuidado, allí por la noche peligra. – cogí la carpeta azul marino sin preocupación y me alejé de él, no tenía ni un adiós en la boca ni en la mano y menos para alguien que no conocía.
Recordaba el pasado, ese que tuve en Leeds, toda mi vida quizás se había echo del pasado y ahora tendría que formar un futuro en Alemania, en donde hace más frío y su idioma casi no le entiendo. Pero tenía que hacer de tripas corazón.
Mientras leía sentada en un banco enfrente de una tienda de golosinas unos críos de unos ocho años, corrían por el pasillo jugando a ser un avión; uno de ellos llevaba una barrita de chocolate medio derretida por el calor del aire acondicionado << Pasa de ellos –pensaba- concéntrate en lo que estás leyendo, lo demás no tiene valor para ti >> el muchacho más bajito corrió detrás mía, el espacio era mínimo, pues mi banco estaba al lado de la gran ventana que permitía ver a los aviones despegar y aterrizar.
Al rato me di cuenta de que tenía un trozo de chocolate pegado en el pelo, quedaba media hora para que saliera mi avión y no me podía entretener en quitarme eso del pelo, era asqueroso.
Rápido como el viento fui a los lavabos y mojándome incluso el jersey conseguí quitarme ese asqueroso trozo y dejar mi pelo húmedo. Unas voces casi reconocibles salían de los baños de los caballeros.
- Estoy por ella, pero ella por mí no, es confuso e incluso rallante.
- Marcos, tío, no te ralles, mujeres como esa habrá más - ¿Cómo yo? –pensé.
- Como ella no hay nadie – Uno de ellos abrió la puerta, escondida detrás de la pared pude visualizar quienes eran; Marcos y Antonio habían venido al aeropuerto ¿para qué?
Decidida salí del baño chocando con Antonio el hombro y se diera cuenta de quien era la muchacha que había en el baño de señoras.
Los dos, corriendo detrás de mi como unos posesos hasta que me alcanzaron para que el imbecil de Marcos me preguntara << ¿Quieres salir conmigo? >>
Le rechacé, sabía que de momento no podía salir con nadie, podía haber más gente allí que me gustara incluso más que él y que fueran mejor.
- No te dejare ir sola, no quiero que te pase nada, mis padres me han dado suficiente dinero para un billete de avión y para un hotel.
No quiero separarme de ti. Eres mi vida desde el primer momento en el que nos peleamos.
Antonio estaba en ese momento, en el primer momento en el que nos peleamos, a él le saqué el dedo.
- Mira, no sé que decirte, si te quieres venir, vente, no te lo voy a impedir, pero, no me haré responsable de mis actos.
- De acuerdo –confuso respondió él. De camino a la cabina para subir al avión, mi móvil empezó a vibrar, Edu me estaba llamando, hacía demasiado tiempo que no sabía de él, me alegré mucho hasta que oí sus palabras.
Deje a los cuatro tortolitos paseando mientras que yo salía corriendo del parque hacía mi casa.
Llamé a mis padres, un viaje ¿A dónde? Tenía que dejar todo, todo para viajar hacía Alemania. Se lo dije a Marcos, no fue buena su reacción y se fue a su casa, triste.
Como pude hice rápido las maletas, cogí lo esencial, tenía que estar en el aeropuerto antes de la una de la a medio día.
Media hora antes estaba allí, tenía un jersey negro con unos pantalones vaqueros y mis gafas de sol para ocultar mis ojos llorosos. Una llamada desconcertante en la puerta, María y Jennifer tenían novio; descolgué el móvil, no quería saber nada de ellas, ni de nadie.
Había mucha gente, lo peor es que no sabía en donde tenía que comprar los billetes del avión, solo sabía que salía uno a las dos. Un hombre vestido de negro excepto por su camisa azul se acerco a mi con andares despreocupados.
- ¿Eres tú la hija de Rosa y Tomás?
- Sí, soy yo ¿por qué lo pregunta? –me bajé un poco las gafas mientras le miraba amenazante.
- Tus padres me han encargado que te de unos billetes de avión y de la dirección de tu hotel, ten mucho cuidado, allí por la noche peligra. – cogí la carpeta azul marino sin preocupación y me alejé de él, no tenía ni un adiós en la boca ni en la mano y menos para alguien que no conocía.
Recordaba el pasado, ese que tuve en Leeds, toda mi vida quizás se había echo del pasado y ahora tendría que formar un futuro en Alemania, en donde hace más frío y su idioma casi no le entiendo. Pero tenía que hacer de tripas corazón.
Mientras leía sentada en un banco enfrente de una tienda de golosinas unos críos de unos ocho años, corrían por el pasillo jugando a ser un avión; uno de ellos llevaba una barrita de chocolate medio derretida por el calor del aire acondicionado << Pasa de ellos –pensaba- concéntrate en lo que estás leyendo, lo demás no tiene valor para ti >> el muchacho más bajito corrió detrás mía, el espacio era mínimo, pues mi banco estaba al lado de la gran ventana que permitía ver a los aviones despegar y aterrizar.
Al rato me di cuenta de que tenía un trozo de chocolate pegado en el pelo, quedaba media hora para que saliera mi avión y no me podía entretener en quitarme eso del pelo, era asqueroso.
Rápido como el viento fui a los lavabos y mojándome incluso el jersey conseguí quitarme ese asqueroso trozo y dejar mi pelo húmedo. Unas voces casi reconocibles salían de los baños de los caballeros.
- Estoy por ella, pero ella por mí no, es confuso e incluso rallante.
- Marcos, tío, no te ralles, mujeres como esa habrá más - ¿Cómo yo? –pensé.
- Como ella no hay nadie – Uno de ellos abrió la puerta, escondida detrás de la pared pude visualizar quienes eran; Marcos y Antonio habían venido al aeropuerto ¿para qué?
Decidida salí del baño chocando con Antonio el hombro y se diera cuenta de quien era la muchacha que había en el baño de señoras.
Los dos, corriendo detrás de mi como unos posesos hasta que me alcanzaron para que el imbecil de Marcos me preguntara << ¿Quieres salir conmigo? >>
Le rechacé, sabía que de momento no podía salir con nadie, podía haber más gente allí que me gustara incluso más que él y que fueran mejor.
- No te dejare ir sola, no quiero que te pase nada, mis padres me han dado suficiente dinero para un billete de avión y para un hotel.
No quiero separarme de ti. Eres mi vida desde el primer momento en el que nos peleamos.
Antonio estaba en ese momento, en el primer momento en el que nos peleamos, a él le saqué el dedo.
- Mira, no sé que decirte, si te quieres venir, vente, no te lo voy a impedir, pero, no me haré responsable de mis actos.
- De acuerdo –confuso respondió él. De camino a la cabina para subir al avión, mi móvil empezó a vibrar, Edu me estaba llamando, hacía demasiado tiempo que no sabía de él, me alegré mucho hasta que oí sus palabras.
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