domingo, 31 de octubre de 2010

Capítulo 5. Una fiesta y una declaración.

-Sabes que mañana es el baile de Halloween, y claro, pues yo me preguntaba si vas a ir, para… vernos y eso… -Lo miraba atentamente, se había puesto rojo.
- Pues no sé si voy a ir, creo que sí, depende si no tengo que estudiar, a parte, no creas que me hace mucha ilusión ir –Estaba diciendo la verdad- Pero vamos, no te aseguro nada.
- Venga ven, nos lo pasaremos bien los dos. –Me sonrío con esa sonrisa tan mona que tiene, no me pude resistir, le dije que sí.
Antes de llegar a su casa, me abrazó y me dio un beso en la mejilla, yo le sonreí y seguí mi camino.

¿Qué me iba a poner para ir a la fiesta? Dios, dilema, DILEMA. ¿Vampiresa? No, demasiadas personas con eso. ¿Hada? No, demasiado infantil… Pensándolo bien, Halloween para las adolescentes, algunas… es disfrazarse de putitas sin ser unas putitas, más bien ejercer su profesión pero sin llevar disfraz. Así que pensándolo bien… de emo.

Se me pasaron los dos días volando, ya se iba acercando el momento en el que me tenia que vestir de emo, pasar de los rumores sobre la música que detesto y pasarlo bien sin que ninguna putita me fastidiara con alejar a Edu de mí.
Me estaba colocando el pelo por ultima vez, sonó el timbre de la puerta, ¿Quién sería? Me dirigí a la puerta, era Edu, había venido a por mi, ¡y estaba disfrazado de emo!
- Edu, que sorpresa –Sí, demasiada.
- ¿Estás lista para irnos?
- Claro que sí, espera que coja el móvil y dinero y ya está, espera aquí –Fui corriendo a la habitación me pinte un poco más los labios, cogí las cosas y nos fuimos.

Llegamos rápidamente a la fiesta, había un montón de gente, toda ella disfrazada, algunas iban de conejitas putonas, por desgracia. Fui a la cocina a por un cubata de ron con Coca-Cola. Creo que no encajaba con la gente que había allí, sería mejor salir a la terraza, sentarme para contemplar la ciudad, pero duro poco. Apareció Alba, una muchacha de piel morena, pelo rizado, ojos claros, y disfrazada de conejita. Se sentó encima de otro muchacho que estaba allí y se empezaron a besar. Les ignoré, mire mi vaso, no había ya nada, así que me fui a echarme otro, pero esta vez de güisqui, bien cargado, necesitaba pasármelo bien con la bebida a solas, ya que me habían secuestrado a Edu, por desgracia.

Cuando volví a la terraza había un chico disfrazado de jugador de Rugby, creo que estaba llorando, o por que bebió mucho o… no lo sé. Me fui a sentar en donde me senté por última vez.
-¿Qué te pasa? –Me miro, en ese momento me arrepentí
- ¡¿Qué que me pasa?! Estoy harto de todos, una tía en el campus me hace la vida imposible, bueno, al parecer “competimos” por ver quien puede más, pero vamos, ¡creo que hasta me estoy enamorando! –Me miro mientras que yo le miraba sorprendida y casi se me caía el cubata, entonces se levanto.
- Lo siento, creo que me llaman
- No te vallas, mira me da igual que lo hayas escuchado, que te hayas preocupado por mi, pero lo que te he dicho es verdad –Miro al suelo.
- Lo, lo siento, creía que eras otra persona, la verdad me da igual la gente. –Me había dado cuenta en ese momento que él no.
- ¡Cómo quieras! Total soy estúpido.
Susurre “no, no eres estúpido…”

Me fui, no quería estar más allí, era patético, me sentía como una imbecil. Me quite el maquillaje, me hice una coleta y me tumbe en la cama, me sentía mal, le había visto sufrir por mi, por la persona que más odia.
De repente me sonó el móvil, era un número que no conocía, le cogí, no iba a perder nada.
-¿Sí?
- Sorpresa… -Me quede sorprendida.
-¿Quién eres?
- Soy…

sábado, 30 de octubre de 2010

Capítulo 4. Una clase de música con lo que más odio.

No me dijo nada, al parecer, la llamaron, mejor para mí. Seguí mi camino, tenía clase de música, menos mal, era la última.
Nada más entrar en el aula estaban escuchando música, exactamente pop, creo que era ¿Justin Bieber?

Me senté en la última fila, al lado de la pared. Al parecer las pijas chonis seguían escuchándole, yo pasé de ellas hasta que una de ellas dijo: “Dios, es un encanto de niño, me encantaría salir con él, lo amo”. Me entró la risa, creía que me iba a dar algo de la risa, lo juro. Ella, ¿con él? ¿Perdona? Antes es preferible escuchar otra variedad de música, por ejemplo… ACDC son los amos.
La gente me miraba con cara rara, al parecer era la única que se había reído, me puse colorada, que vergüenza.

Creo que a una de ellas la molestó que me riera sobre todo de Justin, Dios, es gay, ¿Qué vamos a perder por reírnos? NADA. Se cuadro delante mía, por desgracia tenia que mirar para arriba, Señor, que me entra tortícolis. Puso una mano en mi mesa y comenzó a hablar:
- Vamos a ver, guapa, ¿tienes algo con Justin Bieber? –Me quede sin palabras, ¿de verdad tenia que contestar?
- La verdad, no, no me pasa nada, cada persona tiene un gusto, para gustos colores ¿no? –No quería más problemas por hoy.
- Más te vale –Me miro con cara amenazante y la saque la lengua, es que a mí, eso de ser “happy”… nadie me lo quita jaja.

Al parecer no se dio cuenta, y se fue a su sitio, menos mal, una persona menos a la que aguantar, de momento, por poco tiempo, ¿por qué? Por que venía Cristina, y creo que traía discos… Oh Dios, de Justin. Iba a ser 55 minutos muy duros. Menos mal que tenia mi móvil y los cascos, y el profesor no se entera de nada, la verdad, está medio cegato.
La mayoría de la gente aplaudía, menos los tíos y yo. Que alegría era la única tía de la clase a la que no la gustaba Justin, ¡Bien!
Pero no me aguanta, así que solté cuando todo el mundo estaba en silencio “que asco…”. Creían que me iban a matar con la mirada, me acojoné, os lo juro.

Se me paso la clase volando, tan volando que me quede dormida en ella, y con una nota en la agenda, mierda, se dio cuenta de que me quede dormida en clase, bueno, un mal día le tiene cualquiera, mi padre me entenderá.
A la salida, me estaba esperando Cristina, tenia cara de mala ostia.
- ¡¿Por qué no te gusta Justin Bieber?! ¡Creía que sí!
- Por que no me gusta, tiene cara crío, es una imagen que han creado sus representantes y me molestó mucho la carta que escribió a un guitarrista de metálica, sabes que adoro a metálica. –Empecé a andar decidida, al parecer las muchachas que tenía alrededor habían promocionado por ahí que no me gusta Justin Bieber, al final me veo en los pasillos dando discursos del por que no me gusta el tipejo ese. Que pena, que no me guste, que pena.

Alguien me había llamado, me giré bruscamente, era Edu, se apresuró en acercarse a mí y darme dos besos y un abrazo, es tan mono…
- Eres la persona de la que se rumorea en todo el campus –No me sorprende, soy única.
- ¿Enserio? –Me hice la sorprendida- Seguramente que es por lo de clase de música, eso de que no me gusta Justin Bieber.
- Valla, has acertado –Empezábamos a caminar los dos.
- Es que sabiendo como soy yo… -Le dediqué una leve sonrisa.
- Es que eres única, por eso eres especial para mí, no eres como las demás chicas que hay en el campus. –Me abrazó mientras caminábamos.
- Can… te quiero decir una cosa, seguro que me dices que no, pero primero lo quiero decir. –Le mire atentamente, no me quería perder ni una palabra que saliera de su boca, Dios mío, por favor, que se de prisa en decirlo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Capítulo 3. Si no quieres problemas, toma dos y una clase de Biología.

-¡Puta, eres una puta!, como se nota que eres una puta friqui, asco das, ¡asco!
No merecía la pena elevarme a su nivel, pero lo siento, no me achanto con nada, le respondí, las palabras eran pocas, y sinceras.
- Con tu polla no tenemos ni para disfrutar, la tienes demasiado pequeña, ¡haber si nos compramos una alarga pollas! Es que te hace falta ¿sabes?
Se calló, miro para abajo y se fue, creo que aquí mi pelea con todo el campus, o con casi todo el campus, la envidia, que corroe.

Me dirigí a mi aula, a la aula de Biología, la cual, me esperaba el cuerpo humano… iba a ser una especie de clase, un poco guarra, ¿los aparatos genitales? ¿Qué están fuera del abdomen? Dios, otra vez a explicárselo a Maira, la niña es lista, pero un poco retrasadilla en esto del cuerpo humano, pero por lo menos me río.

Me fijé por la ventana en las personas que había en los pupitres, estaba Sergio, el chico más callado y educado de la clase de Biología, Lengua, y Educación Física. La verdad, contra él no tengo nada. Entre sin dudarlo dos veces, le dedique una sonrisa, mi mejor sonrisa que dedicaba esta mañana, era… raro.
Me senté en la mesa que estaba delante de él, saqué mis libros y me puse a repasar el tema, quería explicárselo a Maira sin dudar nada y atender a la explicación, era difícil.
Noté unos golpecitos en la espalda, miré para mi lado derecho, era Eduardo, uno de los chicos más monos del campus, la verdad, se salvaba para mi gusto su estilo, ojos verdes, pelo negro, piel blanca, sudadera azul marino de GAP pantalones vaqueros y deportivas desabrochadas. Mis favoritos, la pena, me quería como una hermana.
Me dedico una sonrisa, y yo como tonta le sonreí y me coloqué un poco de pelo detrás de la oreja y me dispuse a seguir repasando.

Pasaron diez minutos volando, no me di cuenta de que la gente iba llegando, lo raro es que no estuviera ya aquí Maira, siempre solía llegar con Arancha, sí, la zorra con pelos en el culo. Dios, mejor no verla, me da ataques de risa al recordar aquella acampada de cuando teníamos doce años, todo el mundo que estábamos la vimos todo, lo que es todo, solo espero que se afeite… me da asco.
Tardaron poco en llegar, y nada más entrar la profesora, Maira, soltó una de sus típicas preguntas sobre el cuerpo de los hombres.
- ¿Señorita Cléber, y que pasaría si los hombres tuvieran los… huevos, dentro del abdomen? –Toda la clase nos pusimos a reírnos, la verdad, no era muy fina la muchacha.
- Lo primero, señorita Spond, se dicen genitales, lo segundo, tendrían otra forma. –No sabía que decir, pava…
- Pero señorita… -La tape la boca, no quería más ridículos por hoy.

La clase se pasó volando, por desgracia, me volví a encontrar con Marcos, el chico este que me insulta, sí, sí, creía que no me sabía su nombre, fíjate…
Me dedicó una leve mueca, yo, le dedique mi mejor zancadilla, para que probara el suelo, nada más, tenia que saber bien a lejía.
Todo el mundo del pasillo que estaba por allí se rieron de él, me dio pena, pero se me pasó volando.

Salí al patio, necesitaba fumarme un buen cigarro, de mi marca favorita, Lucke Strick, de esos que tenían una pastillita de menta para si querías fumar con sabor a menta, sí, de esos los mejores. Se me acerco a mi una muchacha de pelos rojos, pearcings en los labios y en la nariz y pintada como una putilla en proceso de aprendizaje, miré a los lados, creo que esta no era una lagartija de Arancha, me alegré, una que va por su camino, como yo. La miré fríamente, y ella toqueteándose el pearcing de la nariz me dijo amenazadoramente:
- Vuelve a decir algo a mi hermano y mueres.
Guay, ¿ahora la hermana?, luego que va a ser, la abuela con pearcings a lo Choni? Patético.
Me levante para ponerme mejor a su altura, bueno no, que la sacaba una cabeza, pobre, los petisuis… no la afectaron bien, la di unas palmaditas en la cara con una sonrisa y me fui, ella me tiro una bola de ¿papel? Y me gire, la solté sin pelos en la lengua, estúpida insolente, ocúpate de lo tuyo, pero a mi déjame en paz, que ya tengo bastantes problemas.
La muchacha vino hacia mi, pobre… creo que por su cara lo que me iba a decir estaba claro.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Capítulo 2. No, que tienes pelos en el coño.

Decidida lo hice, le solté un bofetón dejándole en la cara mi mano. Le dediqué una sonrisa maléfica y mire a su amigo de pelo rubio, este me miraba con una cara de asombro y de mala ostia, le saqué el dedo, no aguanto a esas personas.
Me giré decidida y seguí mi camino, estaba ya harta de la gente, más bien, gentuza.

Mientras seguía caminando hacia casa, pensaba en todo eso que gira en mí alrededor, en mi futuro. ¿Qué me esperaría? Solo espero que sea lo que Dios quiera, que sea sorpresa.
En nada llegué a casa, al parecer no había nadie. Solté la mochila en el recibidor, al lado de la puerta junto a las converse, y me fui a mi habitación.

Saqué el móvil soltándole encima de la mesilla de noche y me tumbe en la cama, boca arriba, mirando al techo. Y, solo pensaba en que tenia solo problemas, solo me va a quedar suicidarme.
Cogí el móvil tanteando con la mano derecha para ver si lo encontraba, pero sin querer le tiré al suelo, me cagué en todos los muertos de lo que se meneaba, me levante de un salto y lo cogí. Lo examiné bien para ver si no tenia nada, no, no tenia nada, era un nokia, esos no se rompen puf…

Volví a dejar el móvil, esta vez, encima de la cama y me fui derecha hacia el corcho que tengo al lado de mi escritorio, ahí tenia todas las fotos de mis amigos, de mis vacaciones, de la época que era más feliz, en los sitios en los que tenia a mi verdadero mejor amigo. La persona que más me entendía. Lo echaba de menos. Cogí el mando de la radio que estaba encima del escritorio y puse música, especialmente una triste.

Seguí mirando las fotos, se me caían las lágrimas, lo echaba de menos. Esas formas en las que me abrazaba por detrás, en las que me decía “yo estaré a tu lado siempre” y luego me sonreía. Ahora no sé donde está, pero por él dejaría todo esto para ir a buscarle.
Me sequé las lágrimas, cogí ropa interior y un pijama limpio, eran ya las ocho de la tarde, pero antes de nada, me acerqué a la ventana, era de noche, y hacía frío, lo cuál cerré la ventana y me dirigí al baño, a darme una buena ducha de agua caliente, cenar y dormir.

Después de hacer todo eso, ya en la cama, me sonó el móvil, un sms de Arancha, la muchacha más snoop de la ciudad. Lo empecé a leer:
Hola, cuanto tiempo, que es de ti?
Haber si nos vemos, que te echo de menos, que tengo que hablar contigo.
Bss.
Pasé de ella como de la mierda, la verdad, tiene cara orangután, Dios, es que es demasiado FEA. Las verdades a la cara, como las personas sinceras. Apagué el móvil, en poco tiempo me dormí, pero igualmente, rápido se me pasó la noche.

Al día siguiente, me encontré con Arancha, la tía iba con un super modelito, estilo pija-choni, enseñando casi todas las tetas y por la falda, mejor no hablar, que si no sube el pan. Ella a cambio me miraba por encima del hombro. Y me saltó:
- Amiga mía, ¿qué tal?
- Bien, bien, ¿tú? –La miré asustada.
- Bien, oye, recibistes ayer mi sms, es que quiero hablar contigo antes de que lo hagan con otras personas –empezó a poner caritas tipo pija malvada, me estaba asustando.
- Sí… pero no te pude contestar, lo siento –Entonces empecé a alejarme de ella, a lo que me paró con unas simples palabras…
- ¡Cómeme el coño! –Y la respondí con una sonrisa en la cara, me salía sola.
- No, gracias, que sé que tienes pelos, hasta en el culo –Se lo dije gritando, se enteró medio campus, lo cual se empezó a reír y a murmurar.

Seguí mi camino, abrí la carpeta que tenia en las manos para mirar el horario y me tropecé sin querer. Todos mis trabajos y mis hojas en el suelo, gracias al chico con el que me tropecé que me ayudo, una vez recogidas todas las hojas, le miré, como él a mi, y con la mirada sobraba pero no, creo que su ego tenia que salir para afuera, lo que me dijo, nunca, pero nunca se me olvidará…

jueves, 21 de octubre de 2010

Capítulo 1. Y todo empezó así...

Todo empezó cuando sabia que esta historia no iba a tener ni un principio ni un final.
Sobre todo cuando miraba tus ojos desde mi mesa de la biblioteca cuando tu estabas mirando para donde estaba yo, seguramente a alguna de mis amigas. Pero a mi eso no me importaba. Seguía siendo feliz.
Sobre todo cuando fantaseaba con decirte "te quiero, eres mi vida", y después de ese momento besarte.
Pero solo son fantasias.

Cuando estaba en mi casa, solo pensaba en quizás no volver a verte, por que seria lo mejor, por que sabia en que te fijabas en un chica, solo en el exterior y sobre todo por encima tenia que estar tu ego. Cosa de imbeciles ¿no?.

Hasta hay veces que me da rabia por que incluso mis amigas me dicen que soy como un cubo de hielo cuando tengo que decir la verdad o algo, la verdad, no tenia pelos en la lengua ni sensibilidad por nada en el mundo, solo por mi; a veces creo que yo también tengo ego, pero uno demasiado elevado. Creo que compite con el de la biblioteca.

Aun que creo que un chico así nunca se fijará en una chica de cabellos ocuros, más bien negros, ojos verdosos y con un poco de forma, como dice mi madre. Aun que la verdad, mi talla es de un 38 y la mayoria de la gente que vive por aquí me llama "la foca". La verdad, paso de todas esas personas, incluso me creo que estoy por encima de esas personas, por lo menos no soy una putilla de poca monta.

Incluso esta historia, vamos, no historia, es un poco de argumento, no sé, no sé ni lo que es, bueno, vamos a dejarlo en una cosa sin nombre, por que la verdad, no tiene nombre. Ni va a tenerlo, más bien si lo tiene tendria el mio, Candela.

Y como os digo todo empezó un día en el que mi buena amiga Alba mencionó la idea de ir a la biblioteca de la ciudad a hacer un trabajo. No me hizo gracias, sí, se lo dije.
Por desgracia llegué diez minutos antes, pero estaba Maira, la persona que no se calla ni debajo del agua. Sí, me empezó a hablar, y mientras que ella hablaba, aprobeché para ponerme un casco y escuchar música, y fingia que la escuchaba, y como no, después de "escucharla" me llamaba "encanto de niña", aun que así sabia que me llama a las espaldas foca.

La verdad, Maira, en un principio me caístes bien, ricitos de oro. Y ni ahora te dedicaré ni media sonrisa. Lo siento, las pijas me caeís mal. Cosa que abunda por aquí.

Al poco rato de que terminara de hablar Maira, llegó Alba y Cristina y subimos a la primera planta a hacer el trabajo. Me sente en una esquina, un poco marginada el primer tiempo que estubimos ahí, para ser exactos una hora. No aguantaba sus conversaciones de chicos y sobre todo si señalaban al chico de la biblioteca que seguramente estaba tonteando con ellas. Sí, exacto, seria el proximo para su lista de chicos follados. Yo creo que a veces el aburrimiento las puede pero, no va a ser nada de otro mundo, hay poco que ver aquí.

Me fijé en el chico que señalaban discretamente mientras hacía mis deberes tranquilamente. Era ¿mono?, yo creo que tiene cara chimpance. Pero cada uno con sus gustos y aficiones, esto es ley de vida.

Nada más de que ellas terminaran de hablar y nos pusieramos a hacer el trabajo, Alba se levanto de la mesa dirigiendose a la puerta que conducia a los baños, detrás de ella iba un chico de un metro ochenta diria yo, pelo castaño y buen trasero, hay que especificar. Lo demás era de imaginarselo.

En ese momento, Cristina me miró, me indico con la mirada un chico para que lo mirase y la diera mi opinión fría como el agua del polo Norte.
Me fijé bien en él discretamente para no ser grosera y me volvi para mirar a Cristina, a lo que la dije a susurros:
- Es un poco cara pez. Pero por lo demás es guapo...
Ella me sonrío y empezó a tontear con él mientras Maira y yo terminabamos el trabajo.

Terminamos, miré a Cristina para preguntarla algo, pero no estaba; me giré para la mesa del chico Besugo, y exacto, allí estaba ella con mi libro de biologia. Al parecer, haciendose la tonta para que la enseñase. Pero ¿cuánto la duraria a doña sabionda?. Mire el reloj y me reí silenciosamente y recogí mis cosas, no aguantaba más allí.

Me despedí de Maira con un "adiós, mañana nos vemos" y me dispuse a salir con aires superiores de la sala de estudio de la primera planta de la biblioteca. Por desgracia, siempre que salgo de algún sitio me fijo en quien está allí o si no hay nadie. Pero no, esta vez habia alguien, más bien dos personas.

Un chico de unos 17 años, de pelo castaño claro, ojos marrones y casi un metro setentaicinco para destacar más. Me fijé en el de al lado, un chico de sus mismos años, pelo rubio, ojos azules como el mar sus mismos centimetros y con el mismo ego que él. Seguí mi camino, pero me paré, no permitia que me hubieran llamado eso, puta.

Me gire, fui decidida hacia los dos muchachos y les solté sin pelos en la lengua:
- ¡Para puta tu madre! --Había metido la pata--
Los chicos empezaron a hablar entre sí, se acercó más a mi el chico que me insultó y con una leve mueca con la boca me dijo:
- Mejor tú, que sabemos que lo haces tú mejor.
Me puso de mala hostia, me mordí el labio inferior, mire al suelo, luego lo miré a él y me quede con ganas de hacer lo que tenia que hacer. Pero mejor no, o quizás sí...