martes, 30 de noviembre de 2010

Capítulo 19. Los muchachos nuevos.

Sabía que alguien me iba a interrumpir, y por desgracia olvidé haber dejado el móvil en silencio.
Un ligero pitido salía de el, un sms, de Jennifer, ¿una fiesta? No me había enterado de nada.

Íbamos caminado por la calle, tenía que cambiarme, aun tenía tiempo para decidir que me iba a poner, sabía que era una fiesta de disfraces… esta vez decidí sacar mi lado “salvaje putilla” cogí mi body negro, unas medias de rejillas, unas tacones de unos 15 cm y corriendo busqué mis orejitas de conejo, con el lazo que iba en el cuello.
Marcos había ido a por un coche, por que de momento él, podía conducir con total serenidad.

Al llegar a la casa de Jennifer, me quité la gabardina que ocultaba mi disfraz, me estaba mirando de arriba abajo, en realidad se le estaba cayendo la baba, me daban ganas de regalarle una maceta.
Su disfraz era de estas personas que llevan demasiado oro, y no, no son raperos, creo que se llaman… ¿canis? Sí, de eso mismo.

Una vez dentro de la casa, pude visualizar a Jennifer, estaba con Laura y con María, las tres, disfrazadas, estaban las tres cuchicheando, me libre de Marcos y me fui a cotillear de que estaban hablando, la verdad, me interesaba el tema.
Pude ver que en toda la fiesta no era la única putilla, había más, pero, en cambio estás chicas iban en ropa interior, me habían superado. Tenían menos vergüenza que yo.

Al parecer estaban cuchicheando sobre dos muchachos nuevos que acababan de conocer. Uno de ellos era alto, con meca al lado, pelo castaño y un poco largo, no le llegaba ni a los hombros, ni mucho menos, y su piel era blanca.
María le miraba con ojos tiernos, por su mirada se podía saber que se moría por besarle en aquél mismo instante. El otro chico era igual que el primero, pero con la piel más morena y un poco más alto. Jennifer no paraba tampoco de mirarle.

En un momento determinado, unas chicas se acercaron a hablar con ellos, eran unas verdaderas putillas, aparte de su disfraz. Enfadas, se acercaron a ellos dejando a Laura conmigo, en toda la fiesta no se separaron de ellos. En cambio, Laura y yo nos fuimos a la parte de arriba, a la terraza, aun que hacía un poco de frío aguantábamos. Estábamos recordando viejos tiempos, en los que la vida no era tan cruel, ni mucho menos como ahora.

Se había hecho tarde, la mayoría de la gente estaba demasiado bebida, en las condiciones en las que estaba Marcos no podía conducir, así que me toco a mí. Me daba pena dejarle en su casa, por que yo al día siguiente no le iba a llevar el coche, ni mucho menos.

María me llamó entusiasmada, había quedado con esos muchachos y con Jennifer, sé que uno de ellos se llamaba Josué.
Al parecer quería que fuera yo también con ellas, acepte, aun que fuera solo de sujeta velas.
Mientras que Marcos dormía con todo su oro falso sobre mi cama, empecé a leer, no sabía cuando parar.

Hasta la mañana siguiente.

En la que me encontraba sentada en el banco de un parque con un pequeño estanque de ¿patos? Allí, enfrente de mí aparecieron los dos muchachos, para disimular y por propio placer saqué mi cajetilla de tabaco y gustosamente me encendí uno, tenía que aprovechar ahora.

A los cinco minutos aparecieron, había escuchado toda la conversación de los dos muchachos, al parecer el amigo de Josué, Diego, era su hermano y exactamente estaba coladito por Jennifer, nada más que quería probarla, quería liarse con ella gustosamente, más bien la quería tratar como un objeto hasta ver si con ella funcionaría lo que él quisiera; Josué iba por el mismo camino, dentro de poco me vería parándoles los pies a los dos.

Seguía fumando mientras, “sujetaba las velas” mi memoria viajaba entre mis recuerdos, el móvil me empezó a vibrar, Marcos me estaba llamando, quería venir conmigo, había leído la nota que le deje, no tardo nada.
Sabía que hoy era 4, 4 de noviembre, y lo que más sabía era que él me tenía que contar algo y por teléfono no podía ser. ¿Qué sería? Estaba muy nerviosa.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Capítulo 18. Los sueños, a veces, se convierten en realidad.

Me sacaron de esa “misteriosa” casa. Al parecer esas personas eran mercenarios de mi padre por una cosa antigua, para mí, están chalados.
Me había quedado con la duda de saber que había pasado antes con mi familia, llamé a mi tía, ella sabría todo lo que yo quería saber.
Tras media hora de historias, llegó a la conclusión de que los largos viajes de mis padres no eran a un camping, eran a sitios como Arabia u otros lugares, ellos, tenían un gran comercio y a gente que quería asesinarlos, las personas que me secuestraron, esos, exactamente esos, eran gilipollas.

Me fui a casa, estaba agotada, mañana sería un día nuevo. A la mañana siguiente, caminando hacía el campus, me encontré con varías personas, pero pasaba de ellas, estaba en estos momentos más centrada en mi vida.
En clase de latín, un sms inoportuno, de momento no conocía el número pero de momento daba igual, no quería verme con nadie, solo, disfrutar de la paz de un día soleado.

Se me pasaron las clases volando, y no dude en irme al bosque, era en el único lugar donde nadie me molestaría, a no ser que dejara el móvil encendido, pero sabía que le iba a poner en silencio.
Saqué una manta y le estiré en el suelo calido por los rayos del solo que habían calentado las hojas caídas del invierno, a lo lejos, parecía una manta de colores rojos y amarillos.
De mi bandolera saqué un bocadillo, era normal, con unas tapas de lomo que me había pedido hoy en un restaurante próximo al campus, la verdad, la comida que hacían allí estaba exquisita.

Cuando terminé, me tumbe boca arriba, contemplando el despejado cielo azul celeste que había hoy en Leeds, por lo menos, hoy, no llovía, se estaba a gusto con una simple rebeca.
Se oían pasos, creía que iba a ser algún zorrillo, o quizás algún lobo, tenía que mantener el control, desde el otro día siempre llevo un arma para protegerme, no me puedo fiar de nadie.
Hice como si no diera importancia a los pasos, sentada, con un simple cuaderno encima de las piernas, escribía, como cuando era pequeña, un diario.

- ¡Hola, cuanto tiempo! – pegue un salto del susto que me había dado.
- Gilipollas, me has asustado, ¡como pretendes hacer eso! –me levante y empecé a pegarle en los brazos con el cuaderno- me tienes harta, ¡harta! –los pájaros salían volando de sus receptivos nidos asustados de las voces que daba.
- Wo, ya veo que estás mejor de tu pierna.
- Sí, gracias –le empecé a mirar por encima del hombro, no me podía creer que me hubiera seguido hasta aquí, hasta donde yo estaba.
- Sabes que te echo de menos –me empezó a dar besitos por el cuellos mientras se sentaba a mi lado, a veces, era demasiado tierno, ya sabéis quien. Lo aparté con la mano, no tenía ganas de sobeteos.

Me levante, alejándome de él, quería pensar, llorar, pero no podía ser, o era brusca como siempre, o todo empezaría de cero y lo que tenía de reputación y de etiqueta personal se cambiaría, en cambio, Marcos no pensaba así, se acerco a mi sigilosamente, y me abrazó por detrás.
<< Eres como el aire que respiro, te necesito conmigo... –me empezó a susurrar- no puedo evitar dejar de amarte, y sí, lo admito, si algún tío se te acercara a ti, me podría demasiado celoso, eres demasiado para mi >> me abrazó más fuerte, pegándome más a él, sentía su pecho junto a mi espalda, su respiración, me estaba poniendo roja…

sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 17. Condenada por la carne. Salvada por la sangre.

La cogí sin dudar, llevaba mi nombre, la leí detenidamente, esta tarde a las cuatro y media en el puente en donde mis padres se conocieron; sabía bien donde estaba ese puente.
Estar en casa sola me daba mala espina, así que preferiblemente salir a comer.

Me encontraba ya en el puente, a la hora justa, comiendo una pequeña magdalena de chocolate, cada mordisco era extremadamente exquisito.
En uno de los mordiscos miré al suelo, allí había otra carta, era igual que la otra.
Querían que me dirigiera a lo largo del puente, en la casa casi en ruinas, la que nadie ha ido a visitas nunca.

No lo dude unos minutos, salí corriendo, me chocaba con la gente que venía del camping o de andar, una de las veces creí ver a Marcos con Jennifer, María, Laura y Lydia, pero no me pare ni ellos se pararon para ver si era yo.
En la casa no había nadie, solo una nota; decidí entrar en la casa, no tenía miedo a lo que fuera a pasar.
Unas cuantas velas por el suelo que alumbraban la oscura sala y una pintada de los nazis.
Se oían pasos, pero a mi no me asustaba, seguramente que fuera algún pirómano; me pincharon algo en el cuello, a partir de ahí ya no recuerdo nada.

Me desperté sentada en una silla, la habitación estaba ambientada, tenía las manos atadas a los reposabrazos de la silla. Aun así, sentía que me podía mover.
Unos señores con el pelo engominado, que se parecían a Drácula, para no ir más lejos, se me acercaron a mí, y no, no me aguanté la risa.

- ¡¿De qué te ríes niña?! – La voz del primero era aguda y resonante.
- De lo que me sale de la punta de la lengua, ¿y tú quien eres para hablarme así? ¡Un respeto eh!
- ¡Dejadla!, aquí quien la va a hacer las preguntas soy yo, vosotros no tenéis que hacer nada. – le mire profundamente, este no era como los otros, tenía su pelo sin engominar, y unas fracciones de la cara demasiadas perfectas, sus ojos brillaban, no sé si me conocía, pero mejor no bajar la guardia.
- ¡¿Y tú quien eres?! Otro chalado como tus amiguitos ¿no? A mí no me toques.
- Tranquila, te conozco desde que eras una pequeñaja, con chupete y pañales, - hay me había humillado.- nada más que ahora te toca saber un gran secreto que solo yo te puedo contar.
- Vale, muy bien, pero, ¿es necesario que me ates las manos a la silla?
- Sí, te hemos estado observando a lo largo de tu vida, y sabemos como irías a reaccionar.

Puso un video, no sé para qué, pero si le hace ilusión no voy a ser yo quien se la arruine.
Aparecían fotos mías, de cuando era pequeña, cosas que nunca me e llegado a acordar, cosas que nadie me llegó a explicar, cosas que resultaban ser del pasado.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a mi hermano, al que hacía ya bastante tiempo que no veía que no iba a volver a ver.
<< No llores, se fuerte – me dije – tienes que aguantar, como la chica fuerte en la que te has convertido. >>

Me soltaron las manos, rápidamente me tape la cara, para ocultar esas lágrimas traidoras; note como una mano me acariciaba la espalda; Levante la cabeza, no me dio tiempo a hablar, cuando, ya empezó a hablar.
- Estás condenada por tu carne, ese no debería ser tu cuerpo, ni tus ideales, principales, te tendríamos que matar por todas esas cosas que haces, pero estás salvada por tu sangre, sangre que nadie, excepto tu familia y tus sucesores llevaran, nosotros seremos quienes te cuidaremos.
No le entendí. ¿Qué quería decirme?, especial, ¿yo?

Me levante de la silla, y con todas mis ganas me dirigí a la puerta, no tenía más ganas de estar allí, me estaban diciendo que no me podía ir, ahora bien, ¿soy yo la que lleva el mando?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Capítulo 16. Volvamos al pasado, solo por hoy.

- Candela, ¿Por qué eres, así… así de fría?
- La verdad, es por una sola razón… nadie excepto mi familia, la sabe, y creo que será mejor que la sepas tú… - me miro con cara preocupante, me estaba guardando las lágrimas- Hace ya, casi un año, más bien dos, hubo un accidente de tráfico en el que murió un hermano mío, desde entonces, la gente dice que mi familia no ha cambiado, que toda ella sigue siendo tan perfecta como era, y como seguirá… y de momento, yo no me puedo engañar, en mi familia ya no hay nada perfecto, solo esa soledad que se ha quedado en mi, en mi familia, en mi personalidad, y quieras o no, eso me ha afectado mucho, por que, era la única persona que me comprendía y… -ya no aguantaba más, empecé a llorar.

María, como la típica niña que era, me abrazó para consolarme, y sus palabras, esas palabras dulces que salieron de su voz me consolaron aun más. De repente, un pitido salía de del pasillo, era el telefonillo, estaban llamando, rápidamente, María, de un brinco se incorporó en el suelo y fue como una bala hacia el. Abrió a una persona, y con una sonrisa de oreja a oreja me dijo que iba a venir una persona que sería muy especial para mí, o se supone que ese era el mensaje para mí.

Un muchacho, corpulento, de pelo castaño apareció por la puerta con un ramo de rosas, definitivamente era Marcos, estaba preocupado por mí, OH que sincero; dejó el ramo de rosas en la mesa del salón, esa mesa que adora mamá, y calidamente, me dio un abrazo de los suyos.
María miraba con cara de ternura y yo la miraba con mala cara, pidiéndola, por favor que no se fuera, pero como ella quiso, se fue, dejándonos solos.

Mire por la ventana, sabía que estaba con Jennifer, me saludaron las dos con una sonrisa amplia y un “luego nos cuentas maja”
Me giré, Marcos me estaba mirando, sabía que había tenido un especial contacto con mi ex, sabía que se lo habían dicho, sabía que me había dicho que nunca me quiso, sabía demasiadas cosas sobre el día en el que estuvo llorando por mí, no me lo podía perdonar, tampoco me podía perdonar abandonar a un amigo, aun él era demasiado para mí.

Le eché de mi casa, quería estar sola, quería tener un tiempo para mí, sin nadie a mi alrededor, no quiero importarle a nadie, solo quiero ser una minúscula partícula de este inmenso mundo.
Empecé a leer ese diario que tenía desde hace tiempo, ese en el que escribía las cosas que decía de él, me gusta recordar esas partes bonitas, bonitas y sencillas que hacen que una mujer se sienta especial.

<< Querido diario, hoy, nueve de mayo, estoy empezando a salir con ese chico al que vuelve tan locas a las chicas, creo que ser maja con él me ha ayudado a salir con él. Ahora soy la envidia del barrio, aun que nunca me ha gustado seguir las mismas modas de la gente, incluso, nunca me ha gustado el mismo tío que a las demás personas, pff… Pero es que es tan bueno, y tan sensible… no lo quiero dejar nunca… >>
Esas cosas se decían antes, ahora te arrepientes de lo ocurrido ¿no tonta?

Me mataría ahora mismo por todos esos fallos que he cometido a lo largo de mi vida. Ahora, no sabía que hacer y seguramente que los mismos imbeciles de todos los días empezarían a tocar las narices llamando a los timbres.
En la puerta, había una cara, el sello, si se puede decir eso, era una huella, pero de perro, me sonaba de algo, pero no sabía de que…

Capítulo 15. Siempre se hace nuevos amigos.

Menos mal que no paso nada, que se dirigió para otro lado, rápido me alejé, despidiéndome de las dos, con un frío << adiós >>.
Sabía que si quería mi vida podía colgar de un hilo, aun que ya sé que me estoy volviendo bipolar, cosa que casi no aguanto, es como a las pijas, a las ósea, todas esas personas.

Me alejé todo lo rápido que pude, sin que nadie me reconociera, o si me preguntaban, seguía andando, no quería saber nada de nadie, tenía demasiados recuerdos.
Llegué al maravilloso bosque, que nadie sabía, excepto Edu, donde estaba. Pero sabía que no le iban a llamar, más bien por que no le caía muy bien que digamos a la gente, era otra persona como yo.

Me senté en el suelo, visualizando todo lo que es y era el bosque y en lo que dentro de unos años iban a convertir seguramente en una urbanización, quizás.
Vi un alambre, quizás no sea el mejor momento para hacer experimentos con mi propio cuerpo, pero me estoy cansando de la vida.
Sin dudarlo, lo cogí, lo mire bien, << esto es lo que puede darme la vida, o quizás una simple muerte –pensaba- pero sabía que no iba a ser suficiente, tengo que controlarme, todavía estoy a tiempo de meterme en una secta satánica>>

No todo es de color de rosa, la verdad, o quizás es que sea daltónica. No dude, veía mi sangre surgir de mi muñeca izquierda, como un manantial en primavera. Era roja, roja como las rosas. Era ya tarde, seguro que están preocupados por mi.
Se me estaba yendo la cabeza, quizás por la falta de sangre, pero daba igual, estaba haciendo un esfuerzo por mi parte, estaba andando sin muletas, sin vendas ni nada.

Llegué a mi portal, había una chica llorando, una chica bastante mona, no podía consolarla, eran bastantes los problemas que tenía, sabía que estaba llorando por un chico, al parecer era una vecina mía.
- ¿Por qué lloras?
- A ti que más te da, como si te gustara algún chico. –La verdad, me gusta un chico.
- Mira, por los tíos no se lloran, solo te hacen sufrir. – Empecé a subir las escaleras, sabía que me estaba mirando, sobre todo, la mano izquierda, la miré de reojo, con cara de mala ostia, no tolero a nadie, y menos que me hable de esa forma. Aun me seguía saliendo sangre, y cojeaba un poco, pero no era nada. La muchacha de pelo rizado me seguía mirando, yo creo que tenía unos quince años. No sabe casi nada de la vida.
- Oye, ¿qué te ha pasado en la mano?
- Cosas que te hacen cambiar la vida, pero, tú no lo hagas.
- Por cierto, ¿necesitas ayuda para subir?, es que te veo que estas como cojeando… y no sé – se acerco un poco a mi, esta vez iba a ser maja.
- Venga, vale, ayúdame, me vendrá bien –subió corriendo con una sonrisa en la cara, estaba empezando a recordar como era mis quince años, a esos juegos que solía jugar cuando era, feliz, cuando tenía mi vida, mi vida completa.

Enseguida llegamos a mi casa, la muchacha, era perfecta, la típica muchachita que aun tenía sus sueños, esos sueños por cumplir, esos que aun no se han esfumado de su vida.
La di mi más preciado consejo, ella, al parecer, decía que quería ser como yo, el tipo de chica, joven, que parece una estatua de hierro, que por mucho que la hieran, no se derrumba.

Al día siguiente, bajo a mi casa, por suerte estaba sola, ella, quería estar conmigo, estaba preocupada por mi, encantada, la deje pasar, era una monada de niña, y al saber que era su ejemplo a seguir, la cogí un cariño especial, pero sabía que no iba a ser bueno.

Me dijo su nombre, era María, la pregunta que más me sorprendió fue la que nadie se atrevía a hacerme nunca, se la contesté, sabía que ella merecía saber la verdad, y a mi, a mi me vendría bien desahogarme, lo necesitaba, por que, la verdad, no tenía a nadie para desahogarme.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 14. De razones vive el hombre, de sueños sobrevive.

No tenía palabras para ver semejante cosa delante de mí, con una pose tipo mariquita empedernido, con unas gafas que no sé de donde las había sacado, creo que de mi cómoda, de donde tengo todas las fotos de Edu y Adrián, eran mis gafas rosas fluorescentes con forma de estrellas, tipo cantante del pop hortera.

Me empecé a reír de forma incontrolable a la vez que pedía perdón. Es que con calzoncillos, calcetines negros y las gafas esas… pero bueno, para gustos, colores, ¿o no dice así el refrán?
Nos volvimos a la cama, pero esta vez, yo, iba en sus brazos, y delicadamente, me dejo en la cama.

Empezamos a contarnos como sería el futuro, el nada más que soñaba, no sabía a quien me recordaba, la verdad, lo sabía, pero yo le daba razones, cosa que a él le fastidiaban los sueños, le rompía la ilusión.

A la mañana siguiente, la verdad, tendría que ser a la a medio día siguiente, por que eran la una y media, y aun no estábamos ni duchados, ni nada.
Me levante de un salto, buscando el móvil, sabía que me habían llamado, si no, no me hubiera despertado.
Cuando lo encontré, estaba dentro del cubo de la ropa sucia, que agrado. Lo cogí y tenía, por despiste 21 llamadas perdidas, no eran nada…

Busque a Marcos, pero no le encontraba, mire bien por mi habitación, pero con la vista desde la puerta, luego ya mire bien, estaba dormido en el suelo con un peluche mío, le estaba abrazando y al parecer hablaba.
Me agache bien, para oírle, era algo de:
Candela, Candela, no te vallas, quédate conmigo, por favor, te amo.
Luego empezó a dar vueltas, podía grabarlo, pero no, no quería que se enfadara, aun que él, él si que me grabaría, así que no dude, le grabé.
Cogí una raya de los ojos y cuidadosamente, le pinte un bigote de pirata y una brecha en la cabeza, de paso le puse sangre, en realidad era pintalabios rojo.

Nada más levantarse se miro al espejo, aguardando la risa, oí sus gritos.
- Candela, que me han hecho mientras dormíamos –me empezó a gritar mientras lloraba un poco.
- Pero que nos van a hacer exagerado, si yo no tengo nada
- Como que no, ¡¿y esto que es?! –vino al salón, nada más verle, ya no aguante más, me empecé a reír.

Sabía que se había enfadado, y que así, por lo menos se iría de mi casa, al fin, yo sola, pero no coló, solo cogió y me juro venganza, esta noche se queda sin sexo. ¡Dios, me parezco a mi madre!

Me quería ir por ahí, a dar una vuelta, quería ir al campus, y así hice, me escapé de casa mientras que él se duchaba, llamé antes de nada a Irene, una chica del campus que casi siempre se sienta conmigo en griego y en plástica. La verdad, tras su llamada, me estaba esperando.

Con cautela me escape sin hacerme daño en el pie, no quería volver al hospital.
Llegue más o menos rápido, la verdad, se me da bien ir a la pata coja con muletas, allí estaba Irene, a unos escasos metros de mi, con mi otra amiga Jennifer, era la chica que más sabía de mi en todo el campus, ni mis amigas de más tiempo sabían tanto de mi.

Sabía que mi escapada no iba a durar mucho sin mi guardaespaldas, por que, sabía que el chico que había detrás de Irene y de Jennifer no era otro que Marcos, desgracia, me saludo a lo lejos, se disponía venir hacía mi, para presentarse.

Sabía bien que a Jennifer no le caía demasiado bien, la verdad, a mí tampoco, serían causas del destino. La hice una mueca para que se girara sin que se notara, y a Irene un simple, se te han olvidado los guantes para plástica de nuevo ¿verdad?, era cuestión de disimular.
La cara de Jennifer nada más girarse era como un poema.

martes, 16 de noviembre de 2010

Capítulo 13. Recuerdos entre llantos, luego viene la calma con los besos.

Le mire con cara de no saber contestar, la verdad, no estaba tan indefensa.
- No gracias, cuando lo necesite te pediré ayuda mientras tanto, ¡A fuera!
- Vale, vale, fiera…
Y así se fue. Como pude me puse mi pijama negro de lazos azules, y a gatas fui al salón.
El estaba allí, me miro, y como no, se río. No me hizo gracia.

Me senté en un sillón estirando mis piernas en una cómoda silla y me puse a ver la tele, estaban echando una película romántica, romántica de comedia.
Se pasó el tiempo volando, rápidamente dieron las nueve de la noche, llamé al restaurante para ver si tenían comida y enseguida, estaba el chico que traía la comida a domicilio, al parecer, mis padres dejaron todo pagado.

Marcos se quedo un poco extrañado al ver que me trajeran la comida un chico de un restaurante y encima yo, sin pagar. No hizo ninguna pregunta, pero sabía que iba a ser la comidilla de todas las bocas del campus.
Empecé a comer un poco, pero no tenía mucha hambre, así que lo fácil, dárselo a Marcos para que se volviera un cerdito andante.
La verdad, solo tenía ganas de llorar y de dormir y no despertarme nunca más.

Me fui a mi cama, sí a gatas para salir del salón, luego de pie, me daba igual lo que dijeran, aquí mando yo.
Me metí en la cama, llorando, más de una vez me levanté para mirar aquellos recuerdos que aun tenía, esas fotos, esos paisajes que pintábamos los dos de pequeños…
De repente oí unos pasos sería Marcos, og, mierda, no le había dicho que durmiera en el salón.

No tenía ganas de darle más voces por hoy, así que le deje que durmiera conmigo, sería agradable sentir a alguien a mi lado en una cama.
Lloraba en silencio, para que no me oyera, de repente, me abrazo.
- Si supieras lo que siento por ti, lo que haría por ti… te has convertido en el centro de mi vida. Te amo, pero sé que tú a mi no, pero si hace falta, esperaré, esperaré el tiempo que haga falta, con tal de estar contigo, de tratarte como ningún hombre te ha tratado…

Empecé a llorar más, sus palabras me conmovieron, ningún hombre me había dicho nada de eso hasta ahora, solo me querían para que fuera como casi las demás personas, como las demás guarrillas del campus. Pero nunca lo consiguieron.
Pasaron diez minutos, creo, se había quedado dormido, o medio dormido, así que decidí hacer como si estuviera soñando.

- Marcos… ¿sabes que te amo? – Mirándole fijamente, mientras le hablaba entre susurros.
- ¿Y tú sabes que eres mi vida? ¿Qué eres el centro de mi universo paralelo al de todos? – Este hasta dormido, sabía cosas de astronomía. Decidí ponerme encima de él y robarle unos cuantos besos.
- Sí, lo sé, no hace falta que me lo demuestres más. – En ese momento, abrió los ojos y me vio encima de él, se me quedo mirando, sorprendido, sabía ahora que lo dicho no era un sueño, que era real.

Le empecé a besar tiernamente, como si deseara sus labios, como si nunca quisiera que se terminara ese beso. Él mientras lloraba, pero no sabía por que, así que paré para preguntarle que le pasaba, mi corazón latía a cien por hora, sentía algo por él, algo que no sentía por Eduardo ni por otro muchacho que conociera…

Me quité de encima de Marcos y me fui a la cocina, necesitaba un vaso de leche, quería parar esos latidos de mi corazón, al parecer me siguió, pero no sabía que estaba con esas pintas por mi casa, cuando me gire, mirándolo sorprendida, no tenía palabras.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Capítulo 12. Nunca te dejaré sola.

Mientras que él estaba allí a veces le miraba de reojo, cada vez me parecía más guapo, cada vez que sonreía me quedaba embobada. Me quedaba soñando en besarlo, en no tener la mierda de la venda para andar junto a él sin unas mierdas de muletas.

Me levanté del sofá, apoyando el pie en el suelo y empecé a caminar.
- ¿A dónde vas?, sabes que no puedes caminar apoyando el pie.
- Tú que eres, ¿mi madre? –Seguí andando dejándole con las palabras en la boca, pero me seguía.
- No te voy a dejar sola, cueste lo que cueste –Le mire de reojo mientras que andaba, ¿estaba mirando al suelo mientras que me hablaba y sonreía?
- Algún día me tendrás que dejar sola, pero mejor dicho, más bien dentro de unas horas, o quizás minutos. –Seguía mirándole mientras sonreía un poco.
- Nunca te dejaré sola. ¡¿Y por qué eres tan mala conmigo?! –en ese momento, me abrazó por detrás subiéndome unos escasos centímetros del suelo.
- Bájame, ¡tonto! –me estaba riendo, hacía ya bastante tiempo que no me reía de esa forma cariñosa; de repente me bajó al suelo y me empezó a susurrar en el oído
- Eres la princesa de mis sueños, tantas noches e soñado desando tenerte entre mis brazos…-acariciaba sus manos mientras sentía que se pegaba más a mi.

Notaba como que algo me tocaba la pierna, más bien me la movía y encima me estaban hablando, eso no era de… de… oh mierda, me había dormido y el gilipollas por aquí, en mi casa.
Abrí los ojos, me había dormido encima de su hombro en el sofá, lo demás, un puto sueño.

- Hola…
- Hola, te habías quedado dormida y no quería despertarte, lo siento.
- Nada, nada, tranquilo, por cierto ¿qué hora es?
- Las ocho y media
- Og, mierda – Me levante corriendo, y en el intento de ir andando deprisa por el pasillo resbale – ¡Su puta madre!
- ¿Estás bien? –me miro con los ojos bien abiertos mientras me ofrecía su mano, pero no me podía levantar.
- ¡Cógeme imbecil! –estaba casi llorando.
- Voy, voy… me cogió de una forma delicada y me llevo de nuevo al salón, me había pegado un buen golpetazo en la cabeza…
- Me duele la cabeza, pero te puedes ir, aquí ya me las puedo arreglar yo – le mostré una sonrisa falsa.
- No, no te voy a dejar sola, llamaré a mis padres para decirles que esta noche me quedo a dormir contigo. –me crucé de brazos mientras le miraba mal.

Mientras que él hablaba por el móvil con sus padres, yo aproveche para escaparme a mi cuarto ahora que podía, y sí, fue a gatas, como los bebés.
Y cerré la puerta de un golpetazo, por lo menos no sabe cual es mi habitación, já.
Pero por desgracia la encontró. Og, que rabia.
Me tenía que cambiar y como que paso de que aquí el amigo me viera en ropa interior.

Pero claro, él como Pedro por su casa, se quito la camiseta quedándose en una de hombreras blanca, la cual se le notaba todo. Me estaba quedando embobada cuando me llamó mi madre
- ¿Sí?
- Candela, hija, ¿Qué tal?
- Bien, bien ¿tú?
- Bien, mira, que te llamo para decirte que volvemos a la semana que viene si necesitas algo ya sabes, llámame.
- Vale, que os lo paséis bien.

Colgué rápidamente y le mire, al igual que él me miraba a mi, su pregunta ¿te ayudo a desvestirte?

Capítulo 11. Pasado, presente y futuro.

Era un ramo de rosas con una tarjeta, ¿de quien sería?, lo cogí corriendo, y empecé a leer:
Querida Candela
Todo el tiempo que hemos compartido juntos me lo he pasado genial, gracias por haber estado siempre en mi vida, y no darme de lado como otras personas.
Con este ramo de rosas rojas quería decirte que en estos momentos estoy llegando a sentir algo por ti, y que te digo adiós, con la mano y con el corazón y que nunca te voy a olvidar. Y si necesitas algo, llámame.
Te ama, Edu.

Empecé a llorar, mi Edu se iba, me iba a quedar casi sola, Lydia ya se había ido, al parecer tenía cosas que hacer y ya llegaba ella tarde.
Solté mis cosas y bajé las escaleras corriendo, casi cayéndome, tropezándome con la gente por la calle, llegué a casa de Edu, ya no estaban. Derrumbada, me senté en el suelo a llorar, a llorar por mi mejor amigo.
En la calle no había nadie, estaba sola, se estaba nublando cada vez más, chispeaba cada vez más, pero me daba igual.
Los recuerdos se me venían a la cabeza, todas esas vacaciones con él, jugando en la playa, en el camping, el beso que me robó cuando teníamos solamente diez años…

Como todo estaba en el pasado, en el presente se había ido convirtiéndose en el pasado, viendo el futuro, de una forma en el que iba a estar sola, con el imbecil de Marcos, con las personas que me odian. Sola, mis padres, la verdad pasan de mi.
Me levante del suelo, andaba, mojada, mirando el suelo, mientras pensaba que la vida no se solucionaba ni con porros ni con bebidas. Pero a veces siempre venía bien una pequeña dosis, esa que te da una pequeña alegría.

No me lo pensé dos veces, me fui al bosque, en donde íbamos los dos, juntos, de pequeños, hasta los catorce años… allí, mire de nuevo nuestros nombre intactos, y un siempre. Lo roce con las yemas de mis dedos húmedas. Llovía cada vez más, pero me daba igual. Seguí andando, visualicé aquel arroyo que saltábamos, con su cuerda aun intacta. Cogí carrerilla, resbale, me había hecho daño en el tobillo, también tenía una raja que me había rajado mis pantalones vaqueros manchándolos de sangre.

Me di media vuelta mientras que intentaba andar, despacio, pero me seguía doliendo, se me estaba hinchando y cada vez me salía más sangre.
Al cabo de media hora, pude estar casi por donde la casa de Edu, vi una luz encendida, me hice ilusiones, solamente era un hombre que estaba revisando la casa para venderla.
Seguí andando, pero ya no aguantaba más, me senté en un banco, llorando, pero no precisamente del dolor. Vi a un chico que corría hacia mí, cada vez se apresuraba más, era Marcos, que alegría por Dios.

- Candela, ¿qué te a pasado?, ¿estás bien?
- ¡¿Tú que crees imbecil?! – Me levante, intentando andar para alejarme de él, pero mis esfuerzos eran en vano.
- Déjame que te ayude – en ese momento me cogió en brazos, sonrojado y me llevo a un hospital que había por allí cerca. Mientras que me llevaba en brazos, le di las gracias en un pequeño susurro y en una sonrisa pequeña de la que no podía ver mientras apoyaba mi cabeza en su hombro.

Se quedo conmigo todo el tiempo que había hecho falta, cuando me sentaron en una silla de una sala para curarme, en un momento a solas, me dio un beso en la frente, creo que me estaba enamorando de él…

Enseguida salimos, él me llevo a casa, aun no había nadie, así que se ofreció en quedarse conmigo, hasta que llegaran mis padres. No sabía que contestarle, sabía que me las podía apañar sola. Sin nadie, tenía que ser fría y dura, seguir dejándole claras las diferencias.
Pero no le negué en que entrara un rato hasta que se tuviera que ir a su casa.

martes, 9 de noviembre de 2010

Capítulo 1O. Dudas, peleas, cosas inesperadas.

Y no me confundía, oía bien, sin hacer ruido, apoye mi oreja en la puerta.
- ¿Sabes tú quien es esa tal Candela?, esa muchacha que tiene loquito a Marcos.
- Sí, sé quien es esa muchacha, es demasiado bella, creo que se merece una persona mejor que ese muchacho.
- Me la podrías presentar, vamos, no sé.
- ¿A ti?, ¿para qué? –Me estaba asustando.
- Para que va a ser, para conocerla y juzgarla contigo aquí en los baños, ya que somos los nuevos – Se empezaron a reír, me estaba empezando a asustar enserio, no sabía ni como ni donde salir; miré el reloj, era casi la hora de salir, así que mejor esperar a que se fueran y salir poco a poco. De repente entró otra persona, andaba pisando fuerte, se parecían a las pisadas de Marcos.
- Habéis averiguado algo de ella, de si la gusto o no. – Acerté era Marcos.
- No, lo sentimos, pero ya sabes lo que nos va a costar.
- Lo sé, lo sé – Se oyó el sonido de cuando metes la mano en el bolsillo del pantalón para sacar el dinero que tienes guardado en el monedero y el sonidillo de unas monedas chocar contra otras.
- Gracias, y ahora déjanos, tenemos que hacer mucho trabajo –Sabía quien era esa muchacha, es más era de mis mejores amigas. Era Lydia, una muchacha de pelo castaño, un poco corto, rizado y de ojos marrones. Era demasiado mona, y con sus conjuntos causaba sensación en el colegio, siempre me gustó ser de sus amigas, es más, nunca se juntaría con una persona que me odiara a mi, pero lo que no me esperaba es que se metiera en mi campus para averiguar más cosas de mi para ayudar a Marcos.
Salí decidida del baño, aun secándome las lágrimas, Lydia me reconoció y salió detrás mía, pero no tenía posibilidades de alcanzarme, ya había sonado las campanas de la salida y la gente apelotonada en los pasillos para salir corriendo a su casa, yo, pude escapar de esa muchedumbre y llegar rápido a mi casa, pero me pare.

Pare en un parque en donde nadie de mi campus pasaría por allí si no quería problemas con la gente de otro color, la verdad, a mi me conocían y me respetaban, así que podía estar allí. De repente, a lo lejos vi a Lydia, acompañada del otro muchacho de pelo negro, corto y con pearcings. Se acercaban a mí, yo seguía llorando, no me podía creer lo que estaba pasando.
Estuvimos hablando, no la dije nada sobre Marcos, ni ella me pregunto nada, me estuvo abrazando, secándome las lágrimas, le mando a su amigo a su casa, ahora no quería su compañía, solo, se quería quedar conmigo, a consolarme.
Se lo agradecí, la invité a comer a casa, ya que la comida era de restaurante, aceptó.
La conté todo lo sucedido, ella, sabía que la mejor opción era él, Marcos, no por que le estuviera ayudando, sí no por que sabía que Marcos, sería mejor chico que otros que e tenido.

Me lo tenía que pensar, aun estaba dentro de mí algunas personas, pero ahora mismo no me podía centrar en el amor. Sería mejor dejar pasar todo, ser como antes. Pasó un muchacho delante de nosotros agarrado de la mano de otra muchacha, seguramente su putilla. Digo putilla, sí, por que iba pija choni, sí, esas personas que odio.

La chica, más bien cara perro, pocas tetas y mucho culo, el chico, ni culo, ni cara, ni nada, un hueso largo, que asco.
Lydia se río tras semejante comentario, y nos dirigimos para mi casa. En el camino la conté todos mis pensamientos, sé que ella no diría nada, pero en ese momento me encontré con Natalia, se había despertado de su sueño, la dije a Lydia que ahora iría, que tenía que solucionar unos asuntos pendientes.

Ya delante de Natalia, la metí en un rincón, ella, absorta ante lo ocurrido, se intento separar de mí, me sentía como una acosadora, pero ella me hizo a mi lo mismo, es más me hizo más daño.
Como pude, la rompí el tabique nasal de un puñetazo, ella, sangrando por la nariz, dolorida, se intento levantar y pegarme, en el intento se llevó una patada mía en el estomago, me esperé a que se la pasara un poco y me fui.
No tenía ganas de seguir con esto, seguimos para casa, allí, me espere lo que no me iba a encontrar en esta tarde

Capítulo 9. Besos y lágrimas, el mejor combinado.

Era Alba, cada vez que me acercaba más, se iba levantando más la gente que estaba allí sentada y se iban acercando a Alba. No sabía que pasaba. Pero seguramente tendría que ver con Marcos.
- ¿Tú te crees aquí la mejor del mundo para poder jugar con los tíos más buenos del campus?
- Pues sí, por lo menos mejor que tú, sí, ¿algún problema? –Me habían tocado una cosa que no tuvieron que haber tocado.
- Pues ¿sabes que maja?, yo si quiero me tiro a todos los chicos del campus, ¿a que tú no haces eso eh?
- No, lo siento, no soy una putilla. –Las cosas como son; la gente empezó a formar un circo, al lado de Alba, se puso una muchacha de pelos castaños y cortos y rizados con aires aun más superiores que ella y sí, por sus pintas más guarras.
La gente empezó a gritar “pelea, pelea”, que os creíais que íbamos a tener pelea de guarras contra normal o qué.
Empezaron a llegar sus amigas más allegadas, yo sola, completamente sola, exceptuando a mi perro. Que estaba empezando a sacar los colmillos.
- Mirad, me importa una mierda los tíos, ahora mismo tengo cosas más importantes de las que ocuparme, así que si tenéis algo mejor que decirme me lo decís, pero para estas chorradas a mi no me llaméis, por cierto, para chula, ya estoy yo. –Me di media vuelta y seguí con mi camino.
Se me escapó el perro, y fue hacía donde estaban ellas y las empezó a ladrar como si me hubieran matado y yo ya no estuviera junto a él.
Por casi las muerde, faltó poco, detrás de unos matorrales, aparecieron Marcos y Eduardo, juntos, hablando, al parecer se habían hecho amigos, que guay, dos en uno, como las ofertas.

Me fui de allí lo más rápido posible, pero cuando ya estaba saliendo del parque, donde ya no había nadie conocido ni nada, me agarró algo por el brazo haciéndome que me girara, entonces, noté un calido beso en mis labios. Con los ojos abiertos pude visualizar quien era, era Marcos, me retire lo más rápido posible, si hubiera sido por mi me hubiera quedado besándole sin parar, pero no, tenía que poner mis reglas, mi espacio vital con esa persona, ¡Pero quien se creía para besarme!, así que un bofetón bien dado no le vendría mal, y dicho y hecho.

Ya, en casa, no podía parar de pensar en ese beso, y en que mañana tenía clase.

A la mañana siguiente, sabía que me los iba a encontrar, a todos, a quien me alegré de ver era a Cristina, esta vez me trajo una vestimenta un poco rara, para mi gusto, llevar casi todo naranja y verde, me daba la sensación de que, o eras una naranja deforme, o ibas a tener complejo de baloncesto con hierva
Entramos en clase de latín, allí ahora mismo era complejo, semejante uno de lo otro, mi mente, en las nubes, mi deseo, morirme en estos instantes.
Cuando terminó la clase, me dirigí al baño, no quería saber nada de nadie, me encerré y comencé a llorar.

Mis lágrimas brotaban como un manantial, no quería más clases de momento, Cristina entro en los baños a buscarme, pero la dije que dijera que estaba mala y que me había ido a casa. Y así hizo.

Cuando pasó un tiempo, oí como una persona había entrado en los baños, era hora de clase, seguramente que era alguna persona que había hecho pellas, oí bien su voz, era la voz de un hombre, pero no la podía reconocer bien, más bien no me era conocida, seguramente que sea de algún profesor o profesora que estuvieran revisando los baños, me sequé las lágrimas y sin salir, empecé a oír lo que decía, al parecer no estaba solo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Capítulo 8. Llámame, que creo que no me lo espero.

La verdad no me lo podía creer. Era tan irreal… Llamé por teléfono, intentando encontrar una respuesta lógica de lo ocurrido, buscando que si eran verdad ellos, u otra familia, cosa que me alegraría más.
Sonaban los pitidos de la señal de la llamada, a la cuarta, ya casi a punto de volver a llorar, cogió mi madre el teléfono.
- Hija mía ¿qué te pasa?, creía que hoy no nos ibas a llamar. –Que no os iba a llamar, eso lo dirás tú, pero por lo menos estaban vivos.
- Nada mamá, ¿qué tal por el camping?
- Bien, mañana volvemos, no te preocupes, si necesitas algo más llámame. Ten cuidado cielo.
- Adiós, te quiero.
Falsa alarma, mis padres, no eran, y por lo demás, que tengan suerte la próxima vez que tengan más suerte.
Colgué rápidamente y cambie de canal, quien quiera disgustos que vea las noticias, por que yo no, gracias, para eso tengo los de mi vida personal. Ya recuerdo por que no me gustaba ver las noticias…
Llamaron a los cinco minutos exactamente al telefonillo, era Maira, quería hablar de algo que a mi no me interesaba pero a ella al parecer sí, pobre de mi, como se nota que son “casualidades de la vida”.
- Amiga mía – Me chillo nada más verme en la puerta, seguidamente, me abrazó.
- Hola, pasa, pasa –la di unas palmaditas en la espalda y la deje pasar, sabía que esto iba para rato.- Oye, ¿tienes hambre?
- No gracias, tengo que adelgazar, por que no haces alguna prueba de adelgazamiento, ya verás que bien te sienta –La mire con cara rara, mejor no decir nada.
- Algún día, no te preocupes maja – Me senté a su lado y la mire.
- Pues venía a decirte que… que mira, que no juegues con los sentimientos de Marcos, el es un chico sensible, apuesto, guapo, sincero… - Por lo de sincero, lo ha clavado…
- Ya, ya, ya… ¿y?
- Y eso, que si no le quieres, que… para mí, ya sabes, tú tienes a Eduardo a tus pies, manipúlale a él, no a mi Marquitos.
- ¡Pues quédate con tu Marquitos, pero a mi dejadme ya en paz, me importa una mierda, él y todo lo suyo! – Empecé a llorar, de verdad, eso no sentía…
- Lo siento, mejor te dejo sola. – Se fue, eche la llave a la puerta y me tumbe en mi cama, no quería saber nada de nadie, estaba mejor sola.

Al poco rato, me senté en el escritorio, cogí una hoja y un lápiz, y empecé a escribir la carta que nadie, jamás leería,

Sabes que te amo, te deseo, cada día me pierdo más en cuanto siento que te puedo recordar, recordar tu recuerdo más bendito en mis pensamientos, verte y no poder besar tus labios por el que dirán, saber tus pensamientos más ocultos sobre mi, pasar el resto de mis días agarrada de tu mano, sonriendo, siendo feliz, ojalá tuviera una fecha junto a ti, recordarla juntos cada día.
La verdad, todo son deseos, deseos que hacen que mi vida sea más dura al intentar conseguirlos, por que son imposibles.

Deje la carta a medias, no tenía ganas de seguir, era demasiado para mi, me estaba dando cuenta de que me estaba enamorando de dos chicos, de dos chicos que ni si quiera sabía que sentían por mi.

De repente, dos mensajes me habían llegado al móvil, ¿de quien sería?
Seguro que del plasta de Marcos. Cogí el móvil, creo que acerté, pero no funcionaba, al parecer tenía que hacer algo con él móvil, o yo que sé, le apagué, y le volví a encender, entonces, funcionó. Lo pude leer, me quede un poco asustada por tal preciso mensaje.
Necesitaba mi ayuda, para que, seguramente que era una trampa, pero yo me dirijo para él parque.

No me equivocaba, allí estaban los de siempre, los que casi nunca dicen nada de mi, los que me intentan utilizar dándome alcohol, una muchacha grito mi nombre desde lo lejos, no sabía quien era, me apresuré.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Capítulo 7. Escape y encima te crees que soy tonta.

Cuando pude reconocer quien era, me quede un poco sorprendida, la mosquita muerta me había seguido. Me tapo la cabeza con un saco negro y me metió en un coche. Cuando me quise despertar estaba en una casa y era de día, menos mal que era fiesta y no había que ir al campus.
De momento no sabía las razones del por que de este secuestro, a la tía esta me importaba una puta mierda como el Marquitos de los cojones que seguro que se lo había dicho a ella para que hiciera el trabajo sucio.

- Haber, tú, sí, la esmirriada, ¿Por qué me haces esto? – La muchacha se giró, al parecer estaba haciendo algo en la cocina que daba por una simple ventana, si se quiere decir así. Creo que estaba llorando, sí, lo estaba haciendo.
- ¡¿Qué por que te esto?!
- Sí… -La mire asustada, esta tía tiene que tomar demasiadas pastillas
- Vamos a ver, niñata –Se pasó de la raya- ¿Sabes lo que es estar enamorada de una persona que ni si quiera está interesada por ti y te utilice para dar celos a otra persona? ¡¿Eh?!
- No… oye, mira, lo siento, eso no es mi culpa, así que ahora si no te importa, vete a tomarte las pastillas y duérmete un rato, que a mi si me giras mirando la tele, te lo agradecería.

Y me hizo caso. Cuándo sentí que se iba quedando dormida, como pude, me desaté. La metí unas pastillas más de dormir en el vaso de agua que tenía, la puse unos tapones en los oídos y sin hacer ni un solo ruido, abrí la puerta y salí.
Me di cuenta de que vivía solo a dos manzanas de mi casa, que desgracia, de momento, creo que nunca voy a encontrar a la persona adecuada.
Era ya la hora de comer, seguramente que me regañen por estas horas o sigan de camping o yo que sé, que familia más rara que tengo.

En efecto, no había nadie. Un día perfecto, pero por lo menos tenía una nota en la que por lo menos me dejaban las indicaciones para conseguir la comida que más me gustaba, Pasta, pero, no la pasta que hacen así las madres, no, si no la italiana, del restaurante italiano que había en la ciudad, el más prestigioso. Llamé sin dudarlo un momento, al parecer estaba hasta pagado por lo que me dijo la chica. Y sin esperar muchos minutos llegó mi comida. La verdad, toda una delicia.

Mientras que comía en el salón, el móvil empezó a vibrar encima de la mesa, lo cogí rápidamente; era, como no, Marcos, ¡bien!
- ¡¿Sí?!
- ¿Dónde estabas?, te he estado llamando todo el día.
- ¡¿Qué donde he estado?! ¡Tú que te crees, que soy tonta! Mira, para dar celos se los das a tu puta madre, por que a mi me tienes hasta el coño, me tienes harta, haber si nos compramos un mono-poli para divertirnos un poco, o si quieres te consigo a un puto negro para que te de un rato por culo.
- Tranquilízate, no sé de que me hablas, y si te jode quedar conmigo y que además tengo una amiga ¡dímelo!
- Haber, cosa guapa, a mi eso no me molesta, lo que me molesta es que luego tu amiga venga y me secuestre de camino a mi casa.
- Eh… de eso yo no sé nada, bueno ya nos veremos en el campus.
- Sí venga, adiós.

Le colgué enfurecida, se me había quitado el hambre. Puse la tele, para intentar pensar en otra cosa, y por lo menos, pensar en algo menos bochornoso.
Al parecer empezaron las noticias, eran las tres, hora justa donde en casi todos los canales hay noticias, la verdad, no me sorprendía.
De repente empezaron a grabar un camping, creo que era al que iban mis padres con mi hermano y conmigo cuando éramos pequeños.
Leí el titulo, lo mejor y rápido posible, no me lo pude creer.

martes, 2 de noviembre de 2010

Capítulo 6. Quedamos, seguro que es guay.

-Soy yo, Edu, ¿Por qué te has ido tonta?
- Edu… por cosas, no me sentía, bien y ya que tú estabas con otras personas pues eso…
- Vale…
- Por cierto ¿quién te dijo que me fui? –Seguro que fue Marcos, como no, pero si no me ha reconocido.
- Marcos, al parecer, no te reconoció pero te describió, y al describirte, sabía quien eras
- Ah, vale, bueno, adiós. –Me quería despedir ya de él, estaba mal…
- Oye, espera, ¿pasa algo por si le doy tu número de móvil? Es que me le está pidiendo.-¿Perdona? Claro que pasa, ahora que voy a tener, al imbécil también por móvil, me veo con bromitas…
- Claro, no pasa nada. –Como amaba fingir.

Le colgué y apoyé mi cabeza en la almohada, quería olvidar todo, no saber nada, y ser por primera vez una cosa insignificante en la vida, más bien, no existir.
Me quede dormida al instante, tanto llorar me había dejado un poco agotada después de tanta fiesta. Exageraciones.
En mis sueños, aparecía él, aparecía en la fiesta, aparecía yo con él, besándole, abrazándole, dándole mi cariño y no discutir más con él, pero solo eran sueños, nada de eso iba a pasar.
Me sonó el móvil, quien era a estas horas por Dios, que es demasiado, ¡que tuve fiesta!, respetadme como yo os respeto.
Le miré, era un número que no conocía… no dude, así que lo cogí:
– ¿Sí?
– Hem, ¿Candela?
– Sí, dime
– Soy Marcos –Era de suponer.- Quería decirte que si puedes quedar hoy, ya sabes, para hablar y tal…
– Claro, pero si puede ser mejor esta tarde, ¿te viene bien a las seis?
– Sí, claro. –Guay, ahora también quiere quedar conmigo.
– Adiós…
Le colgué rápidamente, miré la hora, era ¿tarde? Sí, lo era, eran las doce de la mañana y yo aun sin ducharme ni nada.

Me levanté rápidamente, cogí las cosas para la ducha y me dispuse a ducharme. Solo tardé dos horas de nada, justo para comer.
La mirada de mis padres no eran demasiado buenas, creo que se enteraron de la nota que me puso en música, bien… y ahora qué ¿escuchar a Justin Bieber? Puff… Había acertado, matadme.
Después de comer, me obligaron a escuchar y ver a ese muchacho, lo mejor, el video del botellazo, me meé de la risa, por favor, era plof, era tronchante.

Se pasó volando, mientras que escuchaba su música me quede dormida, era las cinco y media, me tenia que vestir y demás, menos mal que era domingo y no era día de arreglarse, así que me puse unos vaqueros con algunos agujeros por las piernas, una sudadera gris de RAMONES y unas victorias azules claras. ¿El pelo? Recogido.

Llegué justo a tiempo, ni un minuta más ni un minuto menos, él, ya estaba allí, esperándome, su ego sobresalía por su ropa, no era de extrañar, en fin, es un ligón, que su ego atrae a las “nenas”. Cada vez que recuerdo eso me dan ganas de irme, de dar vuelta atrás e irme para mi casa. Pero no, me había visto ya, al parecer estaba con una chica, sí, muy mona. Cara chimpancé, no era de extrañar.
- Hola
- Hola, mira, te presento a Natalia –No me hacía ni puta gracia la Natalia. Dios, los celos, tenía celos, a ocultarlos o que desaparezcan, sería lo mejor.
- Hola, encantada –La di dos besos, ella me los devolvió y seguidamente me sonrío, quizás no sea mala…
- Candela, te pido que dejemos atrás nuestras diferencias y que olvidemos el pasado, ¿te vale? -¿Perdona? ¿Y lo de anoche? A claro, estabas borracho, mucho cuidado.
- Vale, vale –Le sonreí- ¿Algo más?
- No, ¿te vienes con nosotros? –Para qué, ¿para ser de sujeta velas?, paso. Pero le mire, me miraba con una carita… Pero no, tenía que ser fuerte, el tiene novia o lo que sea, como si es su mascota puf…
- Claro… -¡Mierda!

Se nos pasó la tarde volando, era como ir con mis abuelos, yo ignorada, los dos tonteando, y yo dando de comer a las palomas, joder, que bien, ya estoy empezando a ser una vieja en adolescencia, lo próximo, puta, más que las de las esquinas del LIDL

Yendo para casa, alguien me seguía, no sabía quien era, pero Marcos no podía ser, Edu tampoco, Natalia, esa creo que no sabía nada. Y puf, nada no sé.
Me taparon la boca por más que gritaba nadie me podía oír, sería alguien conocido por que como lo hacía era de forma suave.
Creo que no me confundía, de repente oí una voz, era familiar.