jueves, 23 de diciembre de 2010

Capítulo 21. Alemania, ¿sabes qué...?

Colgué a Edu,no podía esperar a una decisión, mi vuelo salía ya. Sola viajaba hasta Alemania a buscar a mis padres.
Las lágrimas no me conmovían, pues era y soy fuerte. Marcos ahora es parte de mi pasado y lo aceptaré.

Era casi de noche cuando llegué, un viento frío, del Norte, dio en mi cara como si de una bofetada se tratara, dejando de sentir mis pómulos.
Un taxi me llevo hasta el hotel donde me iba a hospedar, era una gran habitación, una ventana daba a la antigua plaza donde, antiguamente nazis paseaban por esas plazas.
Estaba agotada, un calido baño de agua templada me relajaba. En mis pensamientos estaba él, como un recuerdo que no se puede esfumar por mucho que quisieras. No entendía casi nada, solo las cosas básicas.

Un chico rubio, de castaños llamó a la puerta, su cara salía deforma por la mirilla; “ahora salgo” grite. Un acento español se oía detrás de la puerta, estaba en toalla y así no podía presentarme.
En la puerta había una nota, había llegado tarde para abrir. Abría la hoja perfectamente doblada por la mitad << No te asustes –pensé->> Estaba en inglés, su ortografía era un poco grande, con alguna falta que otra, pero aun así la entendía.
“Mañana preséntate en la plaza, donde se hace el mercado, abrígate, no llegues tarde. 10:30”
¿Perdón? ¿Yo no iba a ver a mis padres? Lágrimas, pequeñas, recorrían mi cara, echaba de menos los abrazos de mi madre, y las amenazas de mi padre a los muchachos, pero eso se ha quedado atrás.

No podía dormir, daba vueltas en la cama, buscaba soluciones a problemas solucionados. Pero, ahora, tenía que afrontar el presente, saber que iba a hacer con mi nuevo futuro.

Me levante con ojeras, habría llorado mientras dormía. Me vestí con colores oscuros y un pluma negro, no sabía que podría pasar.
Había un extenso mercado, donde, cerca de allí, estaba la catedral. No sabía ni con quien o quienes me iba a juntar. Arrimada a una estatua el mismo chico que anoche vi por la mirilla se acercaba, detrás de él, un robusto hombre de barba blanca y un largo abrigo marrón. Sentía miedo.

Mire al chico de ojos marrones, el sol me daba en la cara, gracias a él puede visualizarle mejor, su rostro era perfecto y en una sonrisa cordial aparecía en su cara, dejando ver sus perfectos dientes blancos. Iba a cambiar de actitud, quería una vida nueva, le sonreí como si fuera una persona más de mi vida.

- ¡Hola! –Me gritó no demasiado alto- ¿Tú eres Candela? ¿La señorita recién llegada de Leeds?
- Hola –enarqué una ceja- Sí, soy yo, ¿el porqué de quedar aquí?
- Me llamo Rubén, lo de quedar aquí es por que mi tío te quiere enseñar varias cosas, espero que le hagas caso, no quiere que acabes como tu hermano. -¿Mi hermano? ¿Qué sabe él de mi hermano?
- En efecto pequeña. – La mano del hombre se poso en el hombro de Rubén, haciendo que se girara- Tu hermano renunció, espero que tú seas más fuerte y más lista.
Les miraba seria, para estaban locos, en determinados momentos hablaban en español, creo que no saben que les entendía, y si querían que luchara iban mal, demasiado mal.
Me levante de donde estaba sentada.
- Ustedes están locos, ¿cómo pensáis que YO Me voy a meter en semejantes líos?
Rubén me agarró del brazo, su mirada era impactante, y a la vez tierna, sus ojos hablaban por sí solos.
No quería escucharle, pero no me resistí, lo primero que dijo hizo que mis ojos se abrieran como platos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Capítulo 2O. Viajar, es lo que quiere el personal.

Al parecer habían llamado mis padres a mi casa, y la noticia que me tenían que decir no era demasiado buena.
Deje a los cuatro tortolitos paseando mientras que yo salía corriendo del parque hacía mi casa.

Llamé a mis padres, un viaje ¿A dónde? Tenía que dejar todo, todo para viajar hacía Alemania. Se lo dije a Marcos, no fue buena su reacción y se fue a su casa, triste.

Como pude hice rápido las maletas, cogí lo esencial, tenía que estar en el aeropuerto antes de la una de la a medio día.
Media hora antes estaba allí, tenía un jersey negro con unos pantalones vaqueros y mis gafas de sol para ocultar mis ojos llorosos. Una llamada desconcertante en la puerta, María y Jennifer tenían novio; descolgué el móvil, no quería saber nada de ellas, ni de nadie.

Había mucha gente, lo peor es que no sabía en donde tenía que comprar los billetes del avión, solo sabía que salía uno a las dos. Un hombre vestido de negro excepto por su camisa azul se acerco a mi con andares despreocupados.
- ¿Eres tú la hija de Rosa y Tomás?
- Sí, soy yo ¿por qué lo pregunta? –me bajé un poco las gafas mientras le miraba amenazante.
- Tus padres me han encargado que te de unos billetes de avión y de la dirección de tu hotel, ten mucho cuidado, allí por la noche peligra. – cogí la carpeta azul marino sin preocupación y me alejé de él, no tenía ni un adiós en la boca ni en la mano y menos para alguien que no conocía.
Recordaba el pasado, ese que tuve en Leeds, toda mi vida quizás se había echo del pasado y ahora tendría que formar un futuro en Alemania, en donde hace más frío y su idioma casi no le entiendo. Pero tenía que hacer de tripas corazón.

Mientras leía sentada en un banco enfrente de una tienda de golosinas unos críos de unos ocho años, corrían por el pasillo jugando a ser un avión; uno de ellos llevaba una barrita de chocolate medio derretida por el calor del aire acondicionado << Pasa de ellos –pensaba- concéntrate en lo que estás leyendo, lo demás no tiene valor para ti >> el muchacho más bajito corrió detrás mía, el espacio era mínimo, pues mi banco estaba al lado de la gran ventana que permitía ver a los aviones despegar y aterrizar.
Al rato me di cuenta de que tenía un trozo de chocolate pegado en el pelo, quedaba media hora para que saliera mi avión y no me podía entretener en quitarme eso del pelo, era asqueroso.

Rápido como el viento fui a los lavabos y mojándome incluso el jersey conseguí quitarme ese asqueroso trozo y dejar mi pelo húmedo. Unas voces casi reconocibles salían de los baños de los caballeros.
- Estoy por ella, pero ella por mí no, es confuso e incluso rallante.
- Marcos, tío, no te ralles, mujeres como esa habrá más - ¿Cómo yo? –pensé.
- Como ella no hay nadie – Uno de ellos abrió la puerta, escondida detrás de la pared pude visualizar quienes eran; Marcos y Antonio habían venido al aeropuerto ¿para qué?
Decidida salí del baño chocando con Antonio el hombro y se diera cuenta de quien era la muchacha que había en el baño de señoras.
Los dos, corriendo detrás de mi como unos posesos hasta que me alcanzaron para que el imbecil de Marcos me preguntara << ¿Quieres salir conmigo? >>
Le rechacé, sabía que de momento no podía salir con nadie, podía haber más gente allí que me gustara incluso más que él y que fueran mejor.

- No te dejare ir sola, no quiero que te pase nada, mis padres me han dado suficiente dinero para un billete de avión y para un hotel.
No quiero separarme de ti. Eres mi vida desde el primer momento en el que nos peleamos.

Antonio estaba en ese momento, en el primer momento en el que nos peleamos, a él le saqué el dedo.

- Mira, no sé que decirte, si te quieres venir, vente, no te lo voy a impedir, pero, no me haré responsable de mis actos.
- De acuerdo –confuso respondió él. De camino a la cabina para subir al avión, mi móvil empezó a vibrar, Edu me estaba llamando, hacía demasiado tiempo que no sabía de él, me alegré mucho hasta que oí sus palabras.

martes, 30 de noviembre de 2010

Capítulo 19. Los muchachos nuevos.

Sabía que alguien me iba a interrumpir, y por desgracia olvidé haber dejado el móvil en silencio.
Un ligero pitido salía de el, un sms, de Jennifer, ¿una fiesta? No me había enterado de nada.

Íbamos caminado por la calle, tenía que cambiarme, aun tenía tiempo para decidir que me iba a poner, sabía que era una fiesta de disfraces… esta vez decidí sacar mi lado “salvaje putilla” cogí mi body negro, unas medias de rejillas, unas tacones de unos 15 cm y corriendo busqué mis orejitas de conejo, con el lazo que iba en el cuello.
Marcos había ido a por un coche, por que de momento él, podía conducir con total serenidad.

Al llegar a la casa de Jennifer, me quité la gabardina que ocultaba mi disfraz, me estaba mirando de arriba abajo, en realidad se le estaba cayendo la baba, me daban ganas de regalarle una maceta.
Su disfraz era de estas personas que llevan demasiado oro, y no, no son raperos, creo que se llaman… ¿canis? Sí, de eso mismo.

Una vez dentro de la casa, pude visualizar a Jennifer, estaba con Laura y con María, las tres, disfrazadas, estaban las tres cuchicheando, me libre de Marcos y me fui a cotillear de que estaban hablando, la verdad, me interesaba el tema.
Pude ver que en toda la fiesta no era la única putilla, había más, pero, en cambio estás chicas iban en ropa interior, me habían superado. Tenían menos vergüenza que yo.

Al parecer estaban cuchicheando sobre dos muchachos nuevos que acababan de conocer. Uno de ellos era alto, con meca al lado, pelo castaño y un poco largo, no le llegaba ni a los hombros, ni mucho menos, y su piel era blanca.
María le miraba con ojos tiernos, por su mirada se podía saber que se moría por besarle en aquél mismo instante. El otro chico era igual que el primero, pero con la piel más morena y un poco más alto. Jennifer no paraba tampoco de mirarle.

En un momento determinado, unas chicas se acercaron a hablar con ellos, eran unas verdaderas putillas, aparte de su disfraz. Enfadas, se acercaron a ellos dejando a Laura conmigo, en toda la fiesta no se separaron de ellos. En cambio, Laura y yo nos fuimos a la parte de arriba, a la terraza, aun que hacía un poco de frío aguantábamos. Estábamos recordando viejos tiempos, en los que la vida no era tan cruel, ni mucho menos como ahora.

Se había hecho tarde, la mayoría de la gente estaba demasiado bebida, en las condiciones en las que estaba Marcos no podía conducir, así que me toco a mí. Me daba pena dejarle en su casa, por que yo al día siguiente no le iba a llevar el coche, ni mucho menos.

María me llamó entusiasmada, había quedado con esos muchachos y con Jennifer, sé que uno de ellos se llamaba Josué.
Al parecer quería que fuera yo también con ellas, acepte, aun que fuera solo de sujeta velas.
Mientras que Marcos dormía con todo su oro falso sobre mi cama, empecé a leer, no sabía cuando parar.

Hasta la mañana siguiente.

En la que me encontraba sentada en el banco de un parque con un pequeño estanque de ¿patos? Allí, enfrente de mí aparecieron los dos muchachos, para disimular y por propio placer saqué mi cajetilla de tabaco y gustosamente me encendí uno, tenía que aprovechar ahora.

A los cinco minutos aparecieron, había escuchado toda la conversación de los dos muchachos, al parecer el amigo de Josué, Diego, era su hermano y exactamente estaba coladito por Jennifer, nada más que quería probarla, quería liarse con ella gustosamente, más bien la quería tratar como un objeto hasta ver si con ella funcionaría lo que él quisiera; Josué iba por el mismo camino, dentro de poco me vería parándoles los pies a los dos.

Seguía fumando mientras, “sujetaba las velas” mi memoria viajaba entre mis recuerdos, el móvil me empezó a vibrar, Marcos me estaba llamando, quería venir conmigo, había leído la nota que le deje, no tardo nada.
Sabía que hoy era 4, 4 de noviembre, y lo que más sabía era que él me tenía que contar algo y por teléfono no podía ser. ¿Qué sería? Estaba muy nerviosa.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Capítulo 18. Los sueños, a veces, se convierten en realidad.

Me sacaron de esa “misteriosa” casa. Al parecer esas personas eran mercenarios de mi padre por una cosa antigua, para mí, están chalados.
Me había quedado con la duda de saber que había pasado antes con mi familia, llamé a mi tía, ella sabría todo lo que yo quería saber.
Tras media hora de historias, llegó a la conclusión de que los largos viajes de mis padres no eran a un camping, eran a sitios como Arabia u otros lugares, ellos, tenían un gran comercio y a gente que quería asesinarlos, las personas que me secuestraron, esos, exactamente esos, eran gilipollas.

Me fui a casa, estaba agotada, mañana sería un día nuevo. A la mañana siguiente, caminando hacía el campus, me encontré con varías personas, pero pasaba de ellas, estaba en estos momentos más centrada en mi vida.
En clase de latín, un sms inoportuno, de momento no conocía el número pero de momento daba igual, no quería verme con nadie, solo, disfrutar de la paz de un día soleado.

Se me pasaron las clases volando, y no dude en irme al bosque, era en el único lugar donde nadie me molestaría, a no ser que dejara el móvil encendido, pero sabía que le iba a poner en silencio.
Saqué una manta y le estiré en el suelo calido por los rayos del solo que habían calentado las hojas caídas del invierno, a lo lejos, parecía una manta de colores rojos y amarillos.
De mi bandolera saqué un bocadillo, era normal, con unas tapas de lomo que me había pedido hoy en un restaurante próximo al campus, la verdad, la comida que hacían allí estaba exquisita.

Cuando terminé, me tumbe boca arriba, contemplando el despejado cielo azul celeste que había hoy en Leeds, por lo menos, hoy, no llovía, se estaba a gusto con una simple rebeca.
Se oían pasos, creía que iba a ser algún zorrillo, o quizás algún lobo, tenía que mantener el control, desde el otro día siempre llevo un arma para protegerme, no me puedo fiar de nadie.
Hice como si no diera importancia a los pasos, sentada, con un simple cuaderno encima de las piernas, escribía, como cuando era pequeña, un diario.

- ¡Hola, cuanto tiempo! – pegue un salto del susto que me había dado.
- Gilipollas, me has asustado, ¡como pretendes hacer eso! –me levante y empecé a pegarle en los brazos con el cuaderno- me tienes harta, ¡harta! –los pájaros salían volando de sus receptivos nidos asustados de las voces que daba.
- Wo, ya veo que estás mejor de tu pierna.
- Sí, gracias –le empecé a mirar por encima del hombro, no me podía creer que me hubiera seguido hasta aquí, hasta donde yo estaba.
- Sabes que te echo de menos –me empezó a dar besitos por el cuellos mientras se sentaba a mi lado, a veces, era demasiado tierno, ya sabéis quien. Lo aparté con la mano, no tenía ganas de sobeteos.

Me levante, alejándome de él, quería pensar, llorar, pero no podía ser, o era brusca como siempre, o todo empezaría de cero y lo que tenía de reputación y de etiqueta personal se cambiaría, en cambio, Marcos no pensaba así, se acerco a mi sigilosamente, y me abrazó por detrás.
<< Eres como el aire que respiro, te necesito conmigo... –me empezó a susurrar- no puedo evitar dejar de amarte, y sí, lo admito, si algún tío se te acercara a ti, me podría demasiado celoso, eres demasiado para mi >> me abrazó más fuerte, pegándome más a él, sentía su pecho junto a mi espalda, su respiración, me estaba poniendo roja…

sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 17. Condenada por la carne. Salvada por la sangre.

La cogí sin dudar, llevaba mi nombre, la leí detenidamente, esta tarde a las cuatro y media en el puente en donde mis padres se conocieron; sabía bien donde estaba ese puente.
Estar en casa sola me daba mala espina, así que preferiblemente salir a comer.

Me encontraba ya en el puente, a la hora justa, comiendo una pequeña magdalena de chocolate, cada mordisco era extremadamente exquisito.
En uno de los mordiscos miré al suelo, allí había otra carta, era igual que la otra.
Querían que me dirigiera a lo largo del puente, en la casa casi en ruinas, la que nadie ha ido a visitas nunca.

No lo dude unos minutos, salí corriendo, me chocaba con la gente que venía del camping o de andar, una de las veces creí ver a Marcos con Jennifer, María, Laura y Lydia, pero no me pare ni ellos se pararon para ver si era yo.
En la casa no había nadie, solo una nota; decidí entrar en la casa, no tenía miedo a lo que fuera a pasar.
Unas cuantas velas por el suelo que alumbraban la oscura sala y una pintada de los nazis.
Se oían pasos, pero a mi no me asustaba, seguramente que fuera algún pirómano; me pincharon algo en el cuello, a partir de ahí ya no recuerdo nada.

Me desperté sentada en una silla, la habitación estaba ambientada, tenía las manos atadas a los reposabrazos de la silla. Aun así, sentía que me podía mover.
Unos señores con el pelo engominado, que se parecían a Drácula, para no ir más lejos, se me acercaron a mí, y no, no me aguanté la risa.

- ¡¿De qué te ríes niña?! – La voz del primero era aguda y resonante.
- De lo que me sale de la punta de la lengua, ¿y tú quien eres para hablarme así? ¡Un respeto eh!
- ¡Dejadla!, aquí quien la va a hacer las preguntas soy yo, vosotros no tenéis que hacer nada. – le mire profundamente, este no era como los otros, tenía su pelo sin engominar, y unas fracciones de la cara demasiadas perfectas, sus ojos brillaban, no sé si me conocía, pero mejor no bajar la guardia.
- ¡¿Y tú quien eres?! Otro chalado como tus amiguitos ¿no? A mí no me toques.
- Tranquila, te conozco desde que eras una pequeñaja, con chupete y pañales, - hay me había humillado.- nada más que ahora te toca saber un gran secreto que solo yo te puedo contar.
- Vale, muy bien, pero, ¿es necesario que me ates las manos a la silla?
- Sí, te hemos estado observando a lo largo de tu vida, y sabemos como irías a reaccionar.

Puso un video, no sé para qué, pero si le hace ilusión no voy a ser yo quien se la arruine.
Aparecían fotos mías, de cuando era pequeña, cosas que nunca me e llegado a acordar, cosas que nadie me llegó a explicar, cosas que resultaban ser del pasado.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a mi hermano, al que hacía ya bastante tiempo que no veía que no iba a volver a ver.
<< No llores, se fuerte – me dije – tienes que aguantar, como la chica fuerte en la que te has convertido. >>

Me soltaron las manos, rápidamente me tape la cara, para ocultar esas lágrimas traidoras; note como una mano me acariciaba la espalda; Levante la cabeza, no me dio tiempo a hablar, cuando, ya empezó a hablar.
- Estás condenada por tu carne, ese no debería ser tu cuerpo, ni tus ideales, principales, te tendríamos que matar por todas esas cosas que haces, pero estás salvada por tu sangre, sangre que nadie, excepto tu familia y tus sucesores llevaran, nosotros seremos quienes te cuidaremos.
No le entendí. ¿Qué quería decirme?, especial, ¿yo?

Me levante de la silla, y con todas mis ganas me dirigí a la puerta, no tenía más ganas de estar allí, me estaban diciendo que no me podía ir, ahora bien, ¿soy yo la que lleva el mando?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Capítulo 16. Volvamos al pasado, solo por hoy.

- Candela, ¿Por qué eres, así… así de fría?
- La verdad, es por una sola razón… nadie excepto mi familia, la sabe, y creo que será mejor que la sepas tú… - me miro con cara preocupante, me estaba guardando las lágrimas- Hace ya, casi un año, más bien dos, hubo un accidente de tráfico en el que murió un hermano mío, desde entonces, la gente dice que mi familia no ha cambiado, que toda ella sigue siendo tan perfecta como era, y como seguirá… y de momento, yo no me puedo engañar, en mi familia ya no hay nada perfecto, solo esa soledad que se ha quedado en mi, en mi familia, en mi personalidad, y quieras o no, eso me ha afectado mucho, por que, era la única persona que me comprendía y… -ya no aguantaba más, empecé a llorar.

María, como la típica niña que era, me abrazó para consolarme, y sus palabras, esas palabras dulces que salieron de su voz me consolaron aun más. De repente, un pitido salía de del pasillo, era el telefonillo, estaban llamando, rápidamente, María, de un brinco se incorporó en el suelo y fue como una bala hacia el. Abrió a una persona, y con una sonrisa de oreja a oreja me dijo que iba a venir una persona que sería muy especial para mí, o se supone que ese era el mensaje para mí.

Un muchacho, corpulento, de pelo castaño apareció por la puerta con un ramo de rosas, definitivamente era Marcos, estaba preocupado por mí, OH que sincero; dejó el ramo de rosas en la mesa del salón, esa mesa que adora mamá, y calidamente, me dio un abrazo de los suyos.
María miraba con cara de ternura y yo la miraba con mala cara, pidiéndola, por favor que no se fuera, pero como ella quiso, se fue, dejándonos solos.

Mire por la ventana, sabía que estaba con Jennifer, me saludaron las dos con una sonrisa amplia y un “luego nos cuentas maja”
Me giré, Marcos me estaba mirando, sabía que había tenido un especial contacto con mi ex, sabía que se lo habían dicho, sabía que me había dicho que nunca me quiso, sabía demasiadas cosas sobre el día en el que estuvo llorando por mí, no me lo podía perdonar, tampoco me podía perdonar abandonar a un amigo, aun él era demasiado para mí.

Le eché de mi casa, quería estar sola, quería tener un tiempo para mí, sin nadie a mi alrededor, no quiero importarle a nadie, solo quiero ser una minúscula partícula de este inmenso mundo.
Empecé a leer ese diario que tenía desde hace tiempo, ese en el que escribía las cosas que decía de él, me gusta recordar esas partes bonitas, bonitas y sencillas que hacen que una mujer se sienta especial.

<< Querido diario, hoy, nueve de mayo, estoy empezando a salir con ese chico al que vuelve tan locas a las chicas, creo que ser maja con él me ha ayudado a salir con él. Ahora soy la envidia del barrio, aun que nunca me ha gustado seguir las mismas modas de la gente, incluso, nunca me ha gustado el mismo tío que a las demás personas, pff… Pero es que es tan bueno, y tan sensible… no lo quiero dejar nunca… >>
Esas cosas se decían antes, ahora te arrepientes de lo ocurrido ¿no tonta?

Me mataría ahora mismo por todos esos fallos que he cometido a lo largo de mi vida. Ahora, no sabía que hacer y seguramente que los mismos imbeciles de todos los días empezarían a tocar las narices llamando a los timbres.
En la puerta, había una cara, el sello, si se puede decir eso, era una huella, pero de perro, me sonaba de algo, pero no sabía de que…

Capítulo 15. Siempre se hace nuevos amigos.

Menos mal que no paso nada, que se dirigió para otro lado, rápido me alejé, despidiéndome de las dos, con un frío << adiós >>.
Sabía que si quería mi vida podía colgar de un hilo, aun que ya sé que me estoy volviendo bipolar, cosa que casi no aguanto, es como a las pijas, a las ósea, todas esas personas.

Me alejé todo lo rápido que pude, sin que nadie me reconociera, o si me preguntaban, seguía andando, no quería saber nada de nadie, tenía demasiados recuerdos.
Llegué al maravilloso bosque, que nadie sabía, excepto Edu, donde estaba. Pero sabía que no le iban a llamar, más bien por que no le caía muy bien que digamos a la gente, era otra persona como yo.

Me senté en el suelo, visualizando todo lo que es y era el bosque y en lo que dentro de unos años iban a convertir seguramente en una urbanización, quizás.
Vi un alambre, quizás no sea el mejor momento para hacer experimentos con mi propio cuerpo, pero me estoy cansando de la vida.
Sin dudarlo, lo cogí, lo mire bien, << esto es lo que puede darme la vida, o quizás una simple muerte –pensaba- pero sabía que no iba a ser suficiente, tengo que controlarme, todavía estoy a tiempo de meterme en una secta satánica>>

No todo es de color de rosa, la verdad, o quizás es que sea daltónica. No dude, veía mi sangre surgir de mi muñeca izquierda, como un manantial en primavera. Era roja, roja como las rosas. Era ya tarde, seguro que están preocupados por mi.
Se me estaba yendo la cabeza, quizás por la falta de sangre, pero daba igual, estaba haciendo un esfuerzo por mi parte, estaba andando sin muletas, sin vendas ni nada.

Llegué a mi portal, había una chica llorando, una chica bastante mona, no podía consolarla, eran bastantes los problemas que tenía, sabía que estaba llorando por un chico, al parecer era una vecina mía.
- ¿Por qué lloras?
- A ti que más te da, como si te gustara algún chico. –La verdad, me gusta un chico.
- Mira, por los tíos no se lloran, solo te hacen sufrir. – Empecé a subir las escaleras, sabía que me estaba mirando, sobre todo, la mano izquierda, la miré de reojo, con cara de mala ostia, no tolero a nadie, y menos que me hable de esa forma. Aun me seguía saliendo sangre, y cojeaba un poco, pero no era nada. La muchacha de pelo rizado me seguía mirando, yo creo que tenía unos quince años. No sabe casi nada de la vida.
- Oye, ¿qué te ha pasado en la mano?
- Cosas que te hacen cambiar la vida, pero, tú no lo hagas.
- Por cierto, ¿necesitas ayuda para subir?, es que te veo que estas como cojeando… y no sé – se acerco un poco a mi, esta vez iba a ser maja.
- Venga, vale, ayúdame, me vendrá bien –subió corriendo con una sonrisa en la cara, estaba empezando a recordar como era mis quince años, a esos juegos que solía jugar cuando era, feliz, cuando tenía mi vida, mi vida completa.

Enseguida llegamos a mi casa, la muchacha, era perfecta, la típica muchachita que aun tenía sus sueños, esos sueños por cumplir, esos que aun no se han esfumado de su vida.
La di mi más preciado consejo, ella, al parecer, decía que quería ser como yo, el tipo de chica, joven, que parece una estatua de hierro, que por mucho que la hieran, no se derrumba.

Al día siguiente, bajo a mi casa, por suerte estaba sola, ella, quería estar conmigo, estaba preocupada por mi, encantada, la deje pasar, era una monada de niña, y al saber que era su ejemplo a seguir, la cogí un cariño especial, pero sabía que no iba a ser bueno.

Me dijo su nombre, era María, la pregunta que más me sorprendió fue la que nadie se atrevía a hacerme nunca, se la contesté, sabía que ella merecía saber la verdad, y a mi, a mi me vendría bien desahogarme, lo necesitaba, por que, la verdad, no tenía a nadie para desahogarme.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 14. De razones vive el hombre, de sueños sobrevive.

No tenía palabras para ver semejante cosa delante de mí, con una pose tipo mariquita empedernido, con unas gafas que no sé de donde las había sacado, creo que de mi cómoda, de donde tengo todas las fotos de Edu y Adrián, eran mis gafas rosas fluorescentes con forma de estrellas, tipo cantante del pop hortera.

Me empecé a reír de forma incontrolable a la vez que pedía perdón. Es que con calzoncillos, calcetines negros y las gafas esas… pero bueno, para gustos, colores, ¿o no dice así el refrán?
Nos volvimos a la cama, pero esta vez, yo, iba en sus brazos, y delicadamente, me dejo en la cama.

Empezamos a contarnos como sería el futuro, el nada más que soñaba, no sabía a quien me recordaba, la verdad, lo sabía, pero yo le daba razones, cosa que a él le fastidiaban los sueños, le rompía la ilusión.

A la mañana siguiente, la verdad, tendría que ser a la a medio día siguiente, por que eran la una y media, y aun no estábamos ni duchados, ni nada.
Me levante de un salto, buscando el móvil, sabía que me habían llamado, si no, no me hubiera despertado.
Cuando lo encontré, estaba dentro del cubo de la ropa sucia, que agrado. Lo cogí y tenía, por despiste 21 llamadas perdidas, no eran nada…

Busque a Marcos, pero no le encontraba, mire bien por mi habitación, pero con la vista desde la puerta, luego ya mire bien, estaba dormido en el suelo con un peluche mío, le estaba abrazando y al parecer hablaba.
Me agache bien, para oírle, era algo de:
Candela, Candela, no te vallas, quédate conmigo, por favor, te amo.
Luego empezó a dar vueltas, podía grabarlo, pero no, no quería que se enfadara, aun que él, él si que me grabaría, así que no dude, le grabé.
Cogí una raya de los ojos y cuidadosamente, le pinte un bigote de pirata y una brecha en la cabeza, de paso le puse sangre, en realidad era pintalabios rojo.

Nada más levantarse se miro al espejo, aguardando la risa, oí sus gritos.
- Candela, que me han hecho mientras dormíamos –me empezó a gritar mientras lloraba un poco.
- Pero que nos van a hacer exagerado, si yo no tengo nada
- Como que no, ¡¿y esto que es?! –vino al salón, nada más verle, ya no aguante más, me empecé a reír.

Sabía que se había enfadado, y que así, por lo menos se iría de mi casa, al fin, yo sola, pero no coló, solo cogió y me juro venganza, esta noche se queda sin sexo. ¡Dios, me parezco a mi madre!

Me quería ir por ahí, a dar una vuelta, quería ir al campus, y así hice, me escapé de casa mientras que él se duchaba, llamé antes de nada a Irene, una chica del campus que casi siempre se sienta conmigo en griego y en plástica. La verdad, tras su llamada, me estaba esperando.

Con cautela me escape sin hacerme daño en el pie, no quería volver al hospital.
Llegue más o menos rápido, la verdad, se me da bien ir a la pata coja con muletas, allí estaba Irene, a unos escasos metros de mi, con mi otra amiga Jennifer, era la chica que más sabía de mi en todo el campus, ni mis amigas de más tiempo sabían tanto de mi.

Sabía que mi escapada no iba a durar mucho sin mi guardaespaldas, por que, sabía que el chico que había detrás de Irene y de Jennifer no era otro que Marcos, desgracia, me saludo a lo lejos, se disponía venir hacía mi, para presentarse.

Sabía bien que a Jennifer no le caía demasiado bien, la verdad, a mí tampoco, serían causas del destino. La hice una mueca para que se girara sin que se notara, y a Irene un simple, se te han olvidado los guantes para plástica de nuevo ¿verdad?, era cuestión de disimular.
La cara de Jennifer nada más girarse era como un poema.

martes, 16 de noviembre de 2010

Capítulo 13. Recuerdos entre llantos, luego viene la calma con los besos.

Le mire con cara de no saber contestar, la verdad, no estaba tan indefensa.
- No gracias, cuando lo necesite te pediré ayuda mientras tanto, ¡A fuera!
- Vale, vale, fiera…
Y así se fue. Como pude me puse mi pijama negro de lazos azules, y a gatas fui al salón.
El estaba allí, me miro, y como no, se río. No me hizo gracia.

Me senté en un sillón estirando mis piernas en una cómoda silla y me puse a ver la tele, estaban echando una película romántica, romántica de comedia.
Se pasó el tiempo volando, rápidamente dieron las nueve de la noche, llamé al restaurante para ver si tenían comida y enseguida, estaba el chico que traía la comida a domicilio, al parecer, mis padres dejaron todo pagado.

Marcos se quedo un poco extrañado al ver que me trajeran la comida un chico de un restaurante y encima yo, sin pagar. No hizo ninguna pregunta, pero sabía que iba a ser la comidilla de todas las bocas del campus.
Empecé a comer un poco, pero no tenía mucha hambre, así que lo fácil, dárselo a Marcos para que se volviera un cerdito andante.
La verdad, solo tenía ganas de llorar y de dormir y no despertarme nunca más.

Me fui a mi cama, sí a gatas para salir del salón, luego de pie, me daba igual lo que dijeran, aquí mando yo.
Me metí en la cama, llorando, más de una vez me levanté para mirar aquellos recuerdos que aun tenía, esas fotos, esos paisajes que pintábamos los dos de pequeños…
De repente oí unos pasos sería Marcos, og, mierda, no le había dicho que durmiera en el salón.

No tenía ganas de darle más voces por hoy, así que le deje que durmiera conmigo, sería agradable sentir a alguien a mi lado en una cama.
Lloraba en silencio, para que no me oyera, de repente, me abrazo.
- Si supieras lo que siento por ti, lo que haría por ti… te has convertido en el centro de mi vida. Te amo, pero sé que tú a mi no, pero si hace falta, esperaré, esperaré el tiempo que haga falta, con tal de estar contigo, de tratarte como ningún hombre te ha tratado…

Empecé a llorar más, sus palabras me conmovieron, ningún hombre me había dicho nada de eso hasta ahora, solo me querían para que fuera como casi las demás personas, como las demás guarrillas del campus. Pero nunca lo consiguieron.
Pasaron diez minutos, creo, se había quedado dormido, o medio dormido, así que decidí hacer como si estuviera soñando.

- Marcos… ¿sabes que te amo? – Mirándole fijamente, mientras le hablaba entre susurros.
- ¿Y tú sabes que eres mi vida? ¿Qué eres el centro de mi universo paralelo al de todos? – Este hasta dormido, sabía cosas de astronomía. Decidí ponerme encima de él y robarle unos cuantos besos.
- Sí, lo sé, no hace falta que me lo demuestres más. – En ese momento, abrió los ojos y me vio encima de él, se me quedo mirando, sorprendido, sabía ahora que lo dicho no era un sueño, que era real.

Le empecé a besar tiernamente, como si deseara sus labios, como si nunca quisiera que se terminara ese beso. Él mientras lloraba, pero no sabía por que, así que paré para preguntarle que le pasaba, mi corazón latía a cien por hora, sentía algo por él, algo que no sentía por Eduardo ni por otro muchacho que conociera…

Me quité de encima de Marcos y me fui a la cocina, necesitaba un vaso de leche, quería parar esos latidos de mi corazón, al parecer me siguió, pero no sabía que estaba con esas pintas por mi casa, cuando me gire, mirándolo sorprendida, no tenía palabras.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Capítulo 12. Nunca te dejaré sola.

Mientras que él estaba allí a veces le miraba de reojo, cada vez me parecía más guapo, cada vez que sonreía me quedaba embobada. Me quedaba soñando en besarlo, en no tener la mierda de la venda para andar junto a él sin unas mierdas de muletas.

Me levanté del sofá, apoyando el pie en el suelo y empecé a caminar.
- ¿A dónde vas?, sabes que no puedes caminar apoyando el pie.
- Tú que eres, ¿mi madre? –Seguí andando dejándole con las palabras en la boca, pero me seguía.
- No te voy a dejar sola, cueste lo que cueste –Le mire de reojo mientras que andaba, ¿estaba mirando al suelo mientras que me hablaba y sonreía?
- Algún día me tendrás que dejar sola, pero mejor dicho, más bien dentro de unas horas, o quizás minutos. –Seguía mirándole mientras sonreía un poco.
- Nunca te dejaré sola. ¡¿Y por qué eres tan mala conmigo?! –en ese momento, me abrazó por detrás subiéndome unos escasos centímetros del suelo.
- Bájame, ¡tonto! –me estaba riendo, hacía ya bastante tiempo que no me reía de esa forma cariñosa; de repente me bajó al suelo y me empezó a susurrar en el oído
- Eres la princesa de mis sueños, tantas noches e soñado desando tenerte entre mis brazos…-acariciaba sus manos mientras sentía que se pegaba más a mi.

Notaba como que algo me tocaba la pierna, más bien me la movía y encima me estaban hablando, eso no era de… de… oh mierda, me había dormido y el gilipollas por aquí, en mi casa.
Abrí los ojos, me había dormido encima de su hombro en el sofá, lo demás, un puto sueño.

- Hola…
- Hola, te habías quedado dormida y no quería despertarte, lo siento.
- Nada, nada, tranquilo, por cierto ¿qué hora es?
- Las ocho y media
- Og, mierda – Me levante corriendo, y en el intento de ir andando deprisa por el pasillo resbale – ¡Su puta madre!
- ¿Estás bien? –me miro con los ojos bien abiertos mientras me ofrecía su mano, pero no me podía levantar.
- ¡Cógeme imbecil! –estaba casi llorando.
- Voy, voy… me cogió de una forma delicada y me llevo de nuevo al salón, me había pegado un buen golpetazo en la cabeza…
- Me duele la cabeza, pero te puedes ir, aquí ya me las puedo arreglar yo – le mostré una sonrisa falsa.
- No, no te voy a dejar sola, llamaré a mis padres para decirles que esta noche me quedo a dormir contigo. –me crucé de brazos mientras le miraba mal.

Mientras que él hablaba por el móvil con sus padres, yo aproveche para escaparme a mi cuarto ahora que podía, y sí, fue a gatas, como los bebés.
Y cerré la puerta de un golpetazo, por lo menos no sabe cual es mi habitación, já.
Pero por desgracia la encontró. Og, que rabia.
Me tenía que cambiar y como que paso de que aquí el amigo me viera en ropa interior.

Pero claro, él como Pedro por su casa, se quito la camiseta quedándose en una de hombreras blanca, la cual se le notaba todo. Me estaba quedando embobada cuando me llamó mi madre
- ¿Sí?
- Candela, hija, ¿Qué tal?
- Bien, bien ¿tú?
- Bien, mira, que te llamo para decirte que volvemos a la semana que viene si necesitas algo ya sabes, llámame.
- Vale, que os lo paséis bien.

Colgué rápidamente y le mire, al igual que él me miraba a mi, su pregunta ¿te ayudo a desvestirte?

Capítulo 11. Pasado, presente y futuro.

Era un ramo de rosas con una tarjeta, ¿de quien sería?, lo cogí corriendo, y empecé a leer:
Querida Candela
Todo el tiempo que hemos compartido juntos me lo he pasado genial, gracias por haber estado siempre en mi vida, y no darme de lado como otras personas.
Con este ramo de rosas rojas quería decirte que en estos momentos estoy llegando a sentir algo por ti, y que te digo adiós, con la mano y con el corazón y que nunca te voy a olvidar. Y si necesitas algo, llámame.
Te ama, Edu.

Empecé a llorar, mi Edu se iba, me iba a quedar casi sola, Lydia ya se había ido, al parecer tenía cosas que hacer y ya llegaba ella tarde.
Solté mis cosas y bajé las escaleras corriendo, casi cayéndome, tropezándome con la gente por la calle, llegué a casa de Edu, ya no estaban. Derrumbada, me senté en el suelo a llorar, a llorar por mi mejor amigo.
En la calle no había nadie, estaba sola, se estaba nublando cada vez más, chispeaba cada vez más, pero me daba igual.
Los recuerdos se me venían a la cabeza, todas esas vacaciones con él, jugando en la playa, en el camping, el beso que me robó cuando teníamos solamente diez años…

Como todo estaba en el pasado, en el presente se había ido convirtiéndose en el pasado, viendo el futuro, de una forma en el que iba a estar sola, con el imbecil de Marcos, con las personas que me odian. Sola, mis padres, la verdad pasan de mi.
Me levante del suelo, andaba, mojada, mirando el suelo, mientras pensaba que la vida no se solucionaba ni con porros ni con bebidas. Pero a veces siempre venía bien una pequeña dosis, esa que te da una pequeña alegría.

No me lo pensé dos veces, me fui al bosque, en donde íbamos los dos, juntos, de pequeños, hasta los catorce años… allí, mire de nuevo nuestros nombre intactos, y un siempre. Lo roce con las yemas de mis dedos húmedas. Llovía cada vez más, pero me daba igual. Seguí andando, visualicé aquel arroyo que saltábamos, con su cuerda aun intacta. Cogí carrerilla, resbale, me había hecho daño en el tobillo, también tenía una raja que me había rajado mis pantalones vaqueros manchándolos de sangre.

Me di media vuelta mientras que intentaba andar, despacio, pero me seguía doliendo, se me estaba hinchando y cada vez me salía más sangre.
Al cabo de media hora, pude estar casi por donde la casa de Edu, vi una luz encendida, me hice ilusiones, solamente era un hombre que estaba revisando la casa para venderla.
Seguí andando, pero ya no aguantaba más, me senté en un banco, llorando, pero no precisamente del dolor. Vi a un chico que corría hacia mí, cada vez se apresuraba más, era Marcos, que alegría por Dios.

- Candela, ¿qué te a pasado?, ¿estás bien?
- ¡¿Tú que crees imbecil?! – Me levante, intentando andar para alejarme de él, pero mis esfuerzos eran en vano.
- Déjame que te ayude – en ese momento me cogió en brazos, sonrojado y me llevo a un hospital que había por allí cerca. Mientras que me llevaba en brazos, le di las gracias en un pequeño susurro y en una sonrisa pequeña de la que no podía ver mientras apoyaba mi cabeza en su hombro.

Se quedo conmigo todo el tiempo que había hecho falta, cuando me sentaron en una silla de una sala para curarme, en un momento a solas, me dio un beso en la frente, creo que me estaba enamorando de él…

Enseguida salimos, él me llevo a casa, aun no había nadie, así que se ofreció en quedarse conmigo, hasta que llegaran mis padres. No sabía que contestarle, sabía que me las podía apañar sola. Sin nadie, tenía que ser fría y dura, seguir dejándole claras las diferencias.
Pero no le negué en que entrara un rato hasta que se tuviera que ir a su casa.

martes, 9 de noviembre de 2010

Capítulo 1O. Dudas, peleas, cosas inesperadas.

Y no me confundía, oía bien, sin hacer ruido, apoye mi oreja en la puerta.
- ¿Sabes tú quien es esa tal Candela?, esa muchacha que tiene loquito a Marcos.
- Sí, sé quien es esa muchacha, es demasiado bella, creo que se merece una persona mejor que ese muchacho.
- Me la podrías presentar, vamos, no sé.
- ¿A ti?, ¿para qué? –Me estaba asustando.
- Para que va a ser, para conocerla y juzgarla contigo aquí en los baños, ya que somos los nuevos – Se empezaron a reír, me estaba empezando a asustar enserio, no sabía ni como ni donde salir; miré el reloj, era casi la hora de salir, así que mejor esperar a que se fueran y salir poco a poco. De repente entró otra persona, andaba pisando fuerte, se parecían a las pisadas de Marcos.
- Habéis averiguado algo de ella, de si la gusto o no. – Acerté era Marcos.
- No, lo sentimos, pero ya sabes lo que nos va a costar.
- Lo sé, lo sé – Se oyó el sonido de cuando metes la mano en el bolsillo del pantalón para sacar el dinero que tienes guardado en el monedero y el sonidillo de unas monedas chocar contra otras.
- Gracias, y ahora déjanos, tenemos que hacer mucho trabajo –Sabía quien era esa muchacha, es más era de mis mejores amigas. Era Lydia, una muchacha de pelo castaño, un poco corto, rizado y de ojos marrones. Era demasiado mona, y con sus conjuntos causaba sensación en el colegio, siempre me gustó ser de sus amigas, es más, nunca se juntaría con una persona que me odiara a mi, pero lo que no me esperaba es que se metiera en mi campus para averiguar más cosas de mi para ayudar a Marcos.
Salí decidida del baño, aun secándome las lágrimas, Lydia me reconoció y salió detrás mía, pero no tenía posibilidades de alcanzarme, ya había sonado las campanas de la salida y la gente apelotonada en los pasillos para salir corriendo a su casa, yo, pude escapar de esa muchedumbre y llegar rápido a mi casa, pero me pare.

Pare en un parque en donde nadie de mi campus pasaría por allí si no quería problemas con la gente de otro color, la verdad, a mi me conocían y me respetaban, así que podía estar allí. De repente, a lo lejos vi a Lydia, acompañada del otro muchacho de pelo negro, corto y con pearcings. Se acercaban a mí, yo seguía llorando, no me podía creer lo que estaba pasando.
Estuvimos hablando, no la dije nada sobre Marcos, ni ella me pregunto nada, me estuvo abrazando, secándome las lágrimas, le mando a su amigo a su casa, ahora no quería su compañía, solo, se quería quedar conmigo, a consolarme.
Se lo agradecí, la invité a comer a casa, ya que la comida era de restaurante, aceptó.
La conté todo lo sucedido, ella, sabía que la mejor opción era él, Marcos, no por que le estuviera ayudando, sí no por que sabía que Marcos, sería mejor chico que otros que e tenido.

Me lo tenía que pensar, aun estaba dentro de mí algunas personas, pero ahora mismo no me podía centrar en el amor. Sería mejor dejar pasar todo, ser como antes. Pasó un muchacho delante de nosotros agarrado de la mano de otra muchacha, seguramente su putilla. Digo putilla, sí, por que iba pija choni, sí, esas personas que odio.

La chica, más bien cara perro, pocas tetas y mucho culo, el chico, ni culo, ni cara, ni nada, un hueso largo, que asco.
Lydia se río tras semejante comentario, y nos dirigimos para mi casa. En el camino la conté todos mis pensamientos, sé que ella no diría nada, pero en ese momento me encontré con Natalia, se había despertado de su sueño, la dije a Lydia que ahora iría, que tenía que solucionar unos asuntos pendientes.

Ya delante de Natalia, la metí en un rincón, ella, absorta ante lo ocurrido, se intento separar de mí, me sentía como una acosadora, pero ella me hizo a mi lo mismo, es más me hizo más daño.
Como pude, la rompí el tabique nasal de un puñetazo, ella, sangrando por la nariz, dolorida, se intento levantar y pegarme, en el intento se llevó una patada mía en el estomago, me esperé a que se la pasara un poco y me fui.
No tenía ganas de seguir con esto, seguimos para casa, allí, me espere lo que no me iba a encontrar en esta tarde

Capítulo 9. Besos y lágrimas, el mejor combinado.

Era Alba, cada vez que me acercaba más, se iba levantando más la gente que estaba allí sentada y se iban acercando a Alba. No sabía que pasaba. Pero seguramente tendría que ver con Marcos.
- ¿Tú te crees aquí la mejor del mundo para poder jugar con los tíos más buenos del campus?
- Pues sí, por lo menos mejor que tú, sí, ¿algún problema? –Me habían tocado una cosa que no tuvieron que haber tocado.
- Pues ¿sabes que maja?, yo si quiero me tiro a todos los chicos del campus, ¿a que tú no haces eso eh?
- No, lo siento, no soy una putilla. –Las cosas como son; la gente empezó a formar un circo, al lado de Alba, se puso una muchacha de pelos castaños y cortos y rizados con aires aun más superiores que ella y sí, por sus pintas más guarras.
La gente empezó a gritar “pelea, pelea”, que os creíais que íbamos a tener pelea de guarras contra normal o qué.
Empezaron a llegar sus amigas más allegadas, yo sola, completamente sola, exceptuando a mi perro. Que estaba empezando a sacar los colmillos.
- Mirad, me importa una mierda los tíos, ahora mismo tengo cosas más importantes de las que ocuparme, así que si tenéis algo mejor que decirme me lo decís, pero para estas chorradas a mi no me llaméis, por cierto, para chula, ya estoy yo. –Me di media vuelta y seguí con mi camino.
Se me escapó el perro, y fue hacía donde estaban ellas y las empezó a ladrar como si me hubieran matado y yo ya no estuviera junto a él.
Por casi las muerde, faltó poco, detrás de unos matorrales, aparecieron Marcos y Eduardo, juntos, hablando, al parecer se habían hecho amigos, que guay, dos en uno, como las ofertas.

Me fui de allí lo más rápido posible, pero cuando ya estaba saliendo del parque, donde ya no había nadie conocido ni nada, me agarró algo por el brazo haciéndome que me girara, entonces, noté un calido beso en mis labios. Con los ojos abiertos pude visualizar quien era, era Marcos, me retire lo más rápido posible, si hubiera sido por mi me hubiera quedado besándole sin parar, pero no, tenía que poner mis reglas, mi espacio vital con esa persona, ¡Pero quien se creía para besarme!, así que un bofetón bien dado no le vendría mal, y dicho y hecho.

Ya, en casa, no podía parar de pensar en ese beso, y en que mañana tenía clase.

A la mañana siguiente, sabía que me los iba a encontrar, a todos, a quien me alegré de ver era a Cristina, esta vez me trajo una vestimenta un poco rara, para mi gusto, llevar casi todo naranja y verde, me daba la sensación de que, o eras una naranja deforme, o ibas a tener complejo de baloncesto con hierva
Entramos en clase de latín, allí ahora mismo era complejo, semejante uno de lo otro, mi mente, en las nubes, mi deseo, morirme en estos instantes.
Cuando terminó la clase, me dirigí al baño, no quería saber nada de nadie, me encerré y comencé a llorar.

Mis lágrimas brotaban como un manantial, no quería más clases de momento, Cristina entro en los baños a buscarme, pero la dije que dijera que estaba mala y que me había ido a casa. Y así hizo.

Cuando pasó un tiempo, oí como una persona había entrado en los baños, era hora de clase, seguramente que era alguna persona que había hecho pellas, oí bien su voz, era la voz de un hombre, pero no la podía reconocer bien, más bien no me era conocida, seguramente que sea de algún profesor o profesora que estuvieran revisando los baños, me sequé las lágrimas y sin salir, empecé a oír lo que decía, al parecer no estaba solo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Capítulo 8. Llámame, que creo que no me lo espero.

La verdad no me lo podía creer. Era tan irreal… Llamé por teléfono, intentando encontrar una respuesta lógica de lo ocurrido, buscando que si eran verdad ellos, u otra familia, cosa que me alegraría más.
Sonaban los pitidos de la señal de la llamada, a la cuarta, ya casi a punto de volver a llorar, cogió mi madre el teléfono.
- Hija mía ¿qué te pasa?, creía que hoy no nos ibas a llamar. –Que no os iba a llamar, eso lo dirás tú, pero por lo menos estaban vivos.
- Nada mamá, ¿qué tal por el camping?
- Bien, mañana volvemos, no te preocupes, si necesitas algo más llámame. Ten cuidado cielo.
- Adiós, te quiero.
Falsa alarma, mis padres, no eran, y por lo demás, que tengan suerte la próxima vez que tengan más suerte.
Colgué rápidamente y cambie de canal, quien quiera disgustos que vea las noticias, por que yo no, gracias, para eso tengo los de mi vida personal. Ya recuerdo por que no me gustaba ver las noticias…
Llamaron a los cinco minutos exactamente al telefonillo, era Maira, quería hablar de algo que a mi no me interesaba pero a ella al parecer sí, pobre de mi, como se nota que son “casualidades de la vida”.
- Amiga mía – Me chillo nada más verme en la puerta, seguidamente, me abrazó.
- Hola, pasa, pasa –la di unas palmaditas en la espalda y la deje pasar, sabía que esto iba para rato.- Oye, ¿tienes hambre?
- No gracias, tengo que adelgazar, por que no haces alguna prueba de adelgazamiento, ya verás que bien te sienta –La mire con cara rara, mejor no decir nada.
- Algún día, no te preocupes maja – Me senté a su lado y la mire.
- Pues venía a decirte que… que mira, que no juegues con los sentimientos de Marcos, el es un chico sensible, apuesto, guapo, sincero… - Por lo de sincero, lo ha clavado…
- Ya, ya, ya… ¿y?
- Y eso, que si no le quieres, que… para mí, ya sabes, tú tienes a Eduardo a tus pies, manipúlale a él, no a mi Marquitos.
- ¡Pues quédate con tu Marquitos, pero a mi dejadme ya en paz, me importa una mierda, él y todo lo suyo! – Empecé a llorar, de verdad, eso no sentía…
- Lo siento, mejor te dejo sola. – Se fue, eche la llave a la puerta y me tumbe en mi cama, no quería saber nada de nadie, estaba mejor sola.

Al poco rato, me senté en el escritorio, cogí una hoja y un lápiz, y empecé a escribir la carta que nadie, jamás leería,

Sabes que te amo, te deseo, cada día me pierdo más en cuanto siento que te puedo recordar, recordar tu recuerdo más bendito en mis pensamientos, verte y no poder besar tus labios por el que dirán, saber tus pensamientos más ocultos sobre mi, pasar el resto de mis días agarrada de tu mano, sonriendo, siendo feliz, ojalá tuviera una fecha junto a ti, recordarla juntos cada día.
La verdad, todo son deseos, deseos que hacen que mi vida sea más dura al intentar conseguirlos, por que son imposibles.

Deje la carta a medias, no tenía ganas de seguir, era demasiado para mi, me estaba dando cuenta de que me estaba enamorando de dos chicos, de dos chicos que ni si quiera sabía que sentían por mi.

De repente, dos mensajes me habían llegado al móvil, ¿de quien sería?
Seguro que del plasta de Marcos. Cogí el móvil, creo que acerté, pero no funcionaba, al parecer tenía que hacer algo con él móvil, o yo que sé, le apagué, y le volví a encender, entonces, funcionó. Lo pude leer, me quede un poco asustada por tal preciso mensaje.
Necesitaba mi ayuda, para que, seguramente que era una trampa, pero yo me dirijo para él parque.

No me equivocaba, allí estaban los de siempre, los que casi nunca dicen nada de mi, los que me intentan utilizar dándome alcohol, una muchacha grito mi nombre desde lo lejos, no sabía quien era, me apresuré.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Capítulo 7. Escape y encima te crees que soy tonta.

Cuando pude reconocer quien era, me quede un poco sorprendida, la mosquita muerta me había seguido. Me tapo la cabeza con un saco negro y me metió en un coche. Cuando me quise despertar estaba en una casa y era de día, menos mal que era fiesta y no había que ir al campus.
De momento no sabía las razones del por que de este secuestro, a la tía esta me importaba una puta mierda como el Marquitos de los cojones que seguro que se lo había dicho a ella para que hiciera el trabajo sucio.

- Haber, tú, sí, la esmirriada, ¿Por qué me haces esto? – La muchacha se giró, al parecer estaba haciendo algo en la cocina que daba por una simple ventana, si se quiere decir así. Creo que estaba llorando, sí, lo estaba haciendo.
- ¡¿Qué por que te esto?!
- Sí… -La mire asustada, esta tía tiene que tomar demasiadas pastillas
- Vamos a ver, niñata –Se pasó de la raya- ¿Sabes lo que es estar enamorada de una persona que ni si quiera está interesada por ti y te utilice para dar celos a otra persona? ¡¿Eh?!
- No… oye, mira, lo siento, eso no es mi culpa, así que ahora si no te importa, vete a tomarte las pastillas y duérmete un rato, que a mi si me giras mirando la tele, te lo agradecería.

Y me hizo caso. Cuándo sentí que se iba quedando dormida, como pude, me desaté. La metí unas pastillas más de dormir en el vaso de agua que tenía, la puse unos tapones en los oídos y sin hacer ni un solo ruido, abrí la puerta y salí.
Me di cuenta de que vivía solo a dos manzanas de mi casa, que desgracia, de momento, creo que nunca voy a encontrar a la persona adecuada.
Era ya la hora de comer, seguramente que me regañen por estas horas o sigan de camping o yo que sé, que familia más rara que tengo.

En efecto, no había nadie. Un día perfecto, pero por lo menos tenía una nota en la que por lo menos me dejaban las indicaciones para conseguir la comida que más me gustaba, Pasta, pero, no la pasta que hacen así las madres, no, si no la italiana, del restaurante italiano que había en la ciudad, el más prestigioso. Llamé sin dudarlo un momento, al parecer estaba hasta pagado por lo que me dijo la chica. Y sin esperar muchos minutos llegó mi comida. La verdad, toda una delicia.

Mientras que comía en el salón, el móvil empezó a vibrar encima de la mesa, lo cogí rápidamente; era, como no, Marcos, ¡bien!
- ¡¿Sí?!
- ¿Dónde estabas?, te he estado llamando todo el día.
- ¡¿Qué donde he estado?! ¡Tú que te crees, que soy tonta! Mira, para dar celos se los das a tu puta madre, por que a mi me tienes hasta el coño, me tienes harta, haber si nos compramos un mono-poli para divertirnos un poco, o si quieres te consigo a un puto negro para que te de un rato por culo.
- Tranquilízate, no sé de que me hablas, y si te jode quedar conmigo y que además tengo una amiga ¡dímelo!
- Haber, cosa guapa, a mi eso no me molesta, lo que me molesta es que luego tu amiga venga y me secuestre de camino a mi casa.
- Eh… de eso yo no sé nada, bueno ya nos veremos en el campus.
- Sí venga, adiós.

Le colgué enfurecida, se me había quitado el hambre. Puse la tele, para intentar pensar en otra cosa, y por lo menos, pensar en algo menos bochornoso.
Al parecer empezaron las noticias, eran las tres, hora justa donde en casi todos los canales hay noticias, la verdad, no me sorprendía.
De repente empezaron a grabar un camping, creo que era al que iban mis padres con mi hermano y conmigo cuando éramos pequeños.
Leí el titulo, lo mejor y rápido posible, no me lo pude creer.

martes, 2 de noviembre de 2010

Capítulo 6. Quedamos, seguro que es guay.

-Soy yo, Edu, ¿Por qué te has ido tonta?
- Edu… por cosas, no me sentía, bien y ya que tú estabas con otras personas pues eso…
- Vale…
- Por cierto ¿quién te dijo que me fui? –Seguro que fue Marcos, como no, pero si no me ha reconocido.
- Marcos, al parecer, no te reconoció pero te describió, y al describirte, sabía quien eras
- Ah, vale, bueno, adiós. –Me quería despedir ya de él, estaba mal…
- Oye, espera, ¿pasa algo por si le doy tu número de móvil? Es que me le está pidiendo.-¿Perdona? Claro que pasa, ahora que voy a tener, al imbécil también por móvil, me veo con bromitas…
- Claro, no pasa nada. –Como amaba fingir.

Le colgué y apoyé mi cabeza en la almohada, quería olvidar todo, no saber nada, y ser por primera vez una cosa insignificante en la vida, más bien, no existir.
Me quede dormida al instante, tanto llorar me había dejado un poco agotada después de tanta fiesta. Exageraciones.
En mis sueños, aparecía él, aparecía en la fiesta, aparecía yo con él, besándole, abrazándole, dándole mi cariño y no discutir más con él, pero solo eran sueños, nada de eso iba a pasar.
Me sonó el móvil, quien era a estas horas por Dios, que es demasiado, ¡que tuve fiesta!, respetadme como yo os respeto.
Le miré, era un número que no conocía… no dude, así que lo cogí:
– ¿Sí?
– Hem, ¿Candela?
– Sí, dime
– Soy Marcos –Era de suponer.- Quería decirte que si puedes quedar hoy, ya sabes, para hablar y tal…
– Claro, pero si puede ser mejor esta tarde, ¿te viene bien a las seis?
– Sí, claro. –Guay, ahora también quiere quedar conmigo.
– Adiós…
Le colgué rápidamente, miré la hora, era ¿tarde? Sí, lo era, eran las doce de la mañana y yo aun sin ducharme ni nada.

Me levanté rápidamente, cogí las cosas para la ducha y me dispuse a ducharme. Solo tardé dos horas de nada, justo para comer.
La mirada de mis padres no eran demasiado buenas, creo que se enteraron de la nota que me puso en música, bien… y ahora qué ¿escuchar a Justin Bieber? Puff… Había acertado, matadme.
Después de comer, me obligaron a escuchar y ver a ese muchacho, lo mejor, el video del botellazo, me meé de la risa, por favor, era plof, era tronchante.

Se pasó volando, mientras que escuchaba su música me quede dormida, era las cinco y media, me tenia que vestir y demás, menos mal que era domingo y no era día de arreglarse, así que me puse unos vaqueros con algunos agujeros por las piernas, una sudadera gris de RAMONES y unas victorias azules claras. ¿El pelo? Recogido.

Llegué justo a tiempo, ni un minuta más ni un minuto menos, él, ya estaba allí, esperándome, su ego sobresalía por su ropa, no era de extrañar, en fin, es un ligón, que su ego atrae a las “nenas”. Cada vez que recuerdo eso me dan ganas de irme, de dar vuelta atrás e irme para mi casa. Pero no, me había visto ya, al parecer estaba con una chica, sí, muy mona. Cara chimpancé, no era de extrañar.
- Hola
- Hola, mira, te presento a Natalia –No me hacía ni puta gracia la Natalia. Dios, los celos, tenía celos, a ocultarlos o que desaparezcan, sería lo mejor.
- Hola, encantada –La di dos besos, ella me los devolvió y seguidamente me sonrío, quizás no sea mala…
- Candela, te pido que dejemos atrás nuestras diferencias y que olvidemos el pasado, ¿te vale? -¿Perdona? ¿Y lo de anoche? A claro, estabas borracho, mucho cuidado.
- Vale, vale –Le sonreí- ¿Algo más?
- No, ¿te vienes con nosotros? –Para qué, ¿para ser de sujeta velas?, paso. Pero le mire, me miraba con una carita… Pero no, tenía que ser fuerte, el tiene novia o lo que sea, como si es su mascota puf…
- Claro… -¡Mierda!

Se nos pasó la tarde volando, era como ir con mis abuelos, yo ignorada, los dos tonteando, y yo dando de comer a las palomas, joder, que bien, ya estoy empezando a ser una vieja en adolescencia, lo próximo, puta, más que las de las esquinas del LIDL

Yendo para casa, alguien me seguía, no sabía quien era, pero Marcos no podía ser, Edu tampoco, Natalia, esa creo que no sabía nada. Y puf, nada no sé.
Me taparon la boca por más que gritaba nadie me podía oír, sería alguien conocido por que como lo hacía era de forma suave.
Creo que no me confundía, de repente oí una voz, era familiar.

domingo, 31 de octubre de 2010

Capítulo 5. Una fiesta y una declaración.

-Sabes que mañana es el baile de Halloween, y claro, pues yo me preguntaba si vas a ir, para… vernos y eso… -Lo miraba atentamente, se había puesto rojo.
- Pues no sé si voy a ir, creo que sí, depende si no tengo que estudiar, a parte, no creas que me hace mucha ilusión ir –Estaba diciendo la verdad- Pero vamos, no te aseguro nada.
- Venga ven, nos lo pasaremos bien los dos. –Me sonrío con esa sonrisa tan mona que tiene, no me pude resistir, le dije que sí.
Antes de llegar a su casa, me abrazó y me dio un beso en la mejilla, yo le sonreí y seguí mi camino.

¿Qué me iba a poner para ir a la fiesta? Dios, dilema, DILEMA. ¿Vampiresa? No, demasiadas personas con eso. ¿Hada? No, demasiado infantil… Pensándolo bien, Halloween para las adolescentes, algunas… es disfrazarse de putitas sin ser unas putitas, más bien ejercer su profesión pero sin llevar disfraz. Así que pensándolo bien… de emo.

Se me pasaron los dos días volando, ya se iba acercando el momento en el que me tenia que vestir de emo, pasar de los rumores sobre la música que detesto y pasarlo bien sin que ninguna putita me fastidiara con alejar a Edu de mí.
Me estaba colocando el pelo por ultima vez, sonó el timbre de la puerta, ¿Quién sería? Me dirigí a la puerta, era Edu, había venido a por mi, ¡y estaba disfrazado de emo!
- Edu, que sorpresa –Sí, demasiada.
- ¿Estás lista para irnos?
- Claro que sí, espera que coja el móvil y dinero y ya está, espera aquí –Fui corriendo a la habitación me pinte un poco más los labios, cogí las cosas y nos fuimos.

Llegamos rápidamente a la fiesta, había un montón de gente, toda ella disfrazada, algunas iban de conejitas putonas, por desgracia. Fui a la cocina a por un cubata de ron con Coca-Cola. Creo que no encajaba con la gente que había allí, sería mejor salir a la terraza, sentarme para contemplar la ciudad, pero duro poco. Apareció Alba, una muchacha de piel morena, pelo rizado, ojos claros, y disfrazada de conejita. Se sentó encima de otro muchacho que estaba allí y se empezaron a besar. Les ignoré, mire mi vaso, no había ya nada, así que me fui a echarme otro, pero esta vez de güisqui, bien cargado, necesitaba pasármelo bien con la bebida a solas, ya que me habían secuestrado a Edu, por desgracia.

Cuando volví a la terraza había un chico disfrazado de jugador de Rugby, creo que estaba llorando, o por que bebió mucho o… no lo sé. Me fui a sentar en donde me senté por última vez.
-¿Qué te pasa? –Me miro, en ese momento me arrepentí
- ¡¿Qué que me pasa?! Estoy harto de todos, una tía en el campus me hace la vida imposible, bueno, al parecer “competimos” por ver quien puede más, pero vamos, ¡creo que hasta me estoy enamorando! –Me miro mientras que yo le miraba sorprendida y casi se me caía el cubata, entonces se levanto.
- Lo siento, creo que me llaman
- No te vallas, mira me da igual que lo hayas escuchado, que te hayas preocupado por mi, pero lo que te he dicho es verdad –Miro al suelo.
- Lo, lo siento, creía que eras otra persona, la verdad me da igual la gente. –Me había dado cuenta en ese momento que él no.
- ¡Cómo quieras! Total soy estúpido.
Susurre “no, no eres estúpido…”

Me fui, no quería estar más allí, era patético, me sentía como una imbecil. Me quite el maquillaje, me hice una coleta y me tumbe en la cama, me sentía mal, le había visto sufrir por mi, por la persona que más odia.
De repente me sonó el móvil, era un número que no conocía, le cogí, no iba a perder nada.
-¿Sí?
- Sorpresa… -Me quede sorprendida.
-¿Quién eres?
- Soy…

sábado, 30 de octubre de 2010

Capítulo 4. Una clase de música con lo que más odio.

No me dijo nada, al parecer, la llamaron, mejor para mí. Seguí mi camino, tenía clase de música, menos mal, era la última.
Nada más entrar en el aula estaban escuchando música, exactamente pop, creo que era ¿Justin Bieber?

Me senté en la última fila, al lado de la pared. Al parecer las pijas chonis seguían escuchándole, yo pasé de ellas hasta que una de ellas dijo: “Dios, es un encanto de niño, me encantaría salir con él, lo amo”. Me entró la risa, creía que me iba a dar algo de la risa, lo juro. Ella, ¿con él? ¿Perdona? Antes es preferible escuchar otra variedad de música, por ejemplo… ACDC son los amos.
La gente me miraba con cara rara, al parecer era la única que se había reído, me puse colorada, que vergüenza.

Creo que a una de ellas la molestó que me riera sobre todo de Justin, Dios, es gay, ¿Qué vamos a perder por reírnos? NADA. Se cuadro delante mía, por desgracia tenia que mirar para arriba, Señor, que me entra tortícolis. Puso una mano en mi mesa y comenzó a hablar:
- Vamos a ver, guapa, ¿tienes algo con Justin Bieber? –Me quede sin palabras, ¿de verdad tenia que contestar?
- La verdad, no, no me pasa nada, cada persona tiene un gusto, para gustos colores ¿no? –No quería más problemas por hoy.
- Más te vale –Me miro con cara amenazante y la saque la lengua, es que a mí, eso de ser “happy”… nadie me lo quita jaja.

Al parecer no se dio cuenta, y se fue a su sitio, menos mal, una persona menos a la que aguantar, de momento, por poco tiempo, ¿por qué? Por que venía Cristina, y creo que traía discos… Oh Dios, de Justin. Iba a ser 55 minutos muy duros. Menos mal que tenia mi móvil y los cascos, y el profesor no se entera de nada, la verdad, está medio cegato.
La mayoría de la gente aplaudía, menos los tíos y yo. Que alegría era la única tía de la clase a la que no la gustaba Justin, ¡Bien!
Pero no me aguanta, así que solté cuando todo el mundo estaba en silencio “que asco…”. Creían que me iban a matar con la mirada, me acojoné, os lo juro.

Se me paso la clase volando, tan volando que me quede dormida en ella, y con una nota en la agenda, mierda, se dio cuenta de que me quede dormida en clase, bueno, un mal día le tiene cualquiera, mi padre me entenderá.
A la salida, me estaba esperando Cristina, tenia cara de mala ostia.
- ¡¿Por qué no te gusta Justin Bieber?! ¡Creía que sí!
- Por que no me gusta, tiene cara crío, es una imagen que han creado sus representantes y me molestó mucho la carta que escribió a un guitarrista de metálica, sabes que adoro a metálica. –Empecé a andar decidida, al parecer las muchachas que tenía alrededor habían promocionado por ahí que no me gusta Justin Bieber, al final me veo en los pasillos dando discursos del por que no me gusta el tipejo ese. Que pena, que no me guste, que pena.

Alguien me había llamado, me giré bruscamente, era Edu, se apresuró en acercarse a mí y darme dos besos y un abrazo, es tan mono…
- Eres la persona de la que se rumorea en todo el campus –No me sorprende, soy única.
- ¿Enserio? –Me hice la sorprendida- Seguramente que es por lo de clase de música, eso de que no me gusta Justin Bieber.
- Valla, has acertado –Empezábamos a caminar los dos.
- Es que sabiendo como soy yo… -Le dediqué una leve sonrisa.
- Es que eres única, por eso eres especial para mí, no eres como las demás chicas que hay en el campus. –Me abrazó mientras caminábamos.
- Can… te quiero decir una cosa, seguro que me dices que no, pero primero lo quiero decir. –Le mire atentamente, no me quería perder ni una palabra que saliera de su boca, Dios mío, por favor, que se de prisa en decirlo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Capítulo 3. Si no quieres problemas, toma dos y una clase de Biología.

-¡Puta, eres una puta!, como se nota que eres una puta friqui, asco das, ¡asco!
No merecía la pena elevarme a su nivel, pero lo siento, no me achanto con nada, le respondí, las palabras eran pocas, y sinceras.
- Con tu polla no tenemos ni para disfrutar, la tienes demasiado pequeña, ¡haber si nos compramos una alarga pollas! Es que te hace falta ¿sabes?
Se calló, miro para abajo y se fue, creo que aquí mi pelea con todo el campus, o con casi todo el campus, la envidia, que corroe.

Me dirigí a mi aula, a la aula de Biología, la cual, me esperaba el cuerpo humano… iba a ser una especie de clase, un poco guarra, ¿los aparatos genitales? ¿Qué están fuera del abdomen? Dios, otra vez a explicárselo a Maira, la niña es lista, pero un poco retrasadilla en esto del cuerpo humano, pero por lo menos me río.

Me fijé por la ventana en las personas que había en los pupitres, estaba Sergio, el chico más callado y educado de la clase de Biología, Lengua, y Educación Física. La verdad, contra él no tengo nada. Entre sin dudarlo dos veces, le dedique una sonrisa, mi mejor sonrisa que dedicaba esta mañana, era… raro.
Me senté en la mesa que estaba delante de él, saqué mis libros y me puse a repasar el tema, quería explicárselo a Maira sin dudar nada y atender a la explicación, era difícil.
Noté unos golpecitos en la espalda, miré para mi lado derecho, era Eduardo, uno de los chicos más monos del campus, la verdad, se salvaba para mi gusto su estilo, ojos verdes, pelo negro, piel blanca, sudadera azul marino de GAP pantalones vaqueros y deportivas desabrochadas. Mis favoritos, la pena, me quería como una hermana.
Me dedico una sonrisa, y yo como tonta le sonreí y me coloqué un poco de pelo detrás de la oreja y me dispuse a seguir repasando.

Pasaron diez minutos volando, no me di cuenta de que la gente iba llegando, lo raro es que no estuviera ya aquí Maira, siempre solía llegar con Arancha, sí, la zorra con pelos en el culo. Dios, mejor no verla, me da ataques de risa al recordar aquella acampada de cuando teníamos doce años, todo el mundo que estábamos la vimos todo, lo que es todo, solo espero que se afeite… me da asco.
Tardaron poco en llegar, y nada más entrar la profesora, Maira, soltó una de sus típicas preguntas sobre el cuerpo de los hombres.
- ¿Señorita Cléber, y que pasaría si los hombres tuvieran los… huevos, dentro del abdomen? –Toda la clase nos pusimos a reírnos, la verdad, no era muy fina la muchacha.
- Lo primero, señorita Spond, se dicen genitales, lo segundo, tendrían otra forma. –No sabía que decir, pava…
- Pero señorita… -La tape la boca, no quería más ridículos por hoy.

La clase se pasó volando, por desgracia, me volví a encontrar con Marcos, el chico este que me insulta, sí, sí, creía que no me sabía su nombre, fíjate…
Me dedicó una leve mueca, yo, le dedique mi mejor zancadilla, para que probara el suelo, nada más, tenia que saber bien a lejía.
Todo el mundo del pasillo que estaba por allí se rieron de él, me dio pena, pero se me pasó volando.

Salí al patio, necesitaba fumarme un buen cigarro, de mi marca favorita, Lucke Strick, de esos que tenían una pastillita de menta para si querías fumar con sabor a menta, sí, de esos los mejores. Se me acerco a mi una muchacha de pelos rojos, pearcings en los labios y en la nariz y pintada como una putilla en proceso de aprendizaje, miré a los lados, creo que esta no era una lagartija de Arancha, me alegré, una que va por su camino, como yo. La miré fríamente, y ella toqueteándose el pearcing de la nariz me dijo amenazadoramente:
- Vuelve a decir algo a mi hermano y mueres.
Guay, ¿ahora la hermana?, luego que va a ser, la abuela con pearcings a lo Choni? Patético.
Me levante para ponerme mejor a su altura, bueno no, que la sacaba una cabeza, pobre, los petisuis… no la afectaron bien, la di unas palmaditas en la cara con una sonrisa y me fui, ella me tiro una bola de ¿papel? Y me gire, la solté sin pelos en la lengua, estúpida insolente, ocúpate de lo tuyo, pero a mi déjame en paz, que ya tengo bastantes problemas.
La muchacha vino hacia mi, pobre… creo que por su cara lo que me iba a decir estaba claro.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Capítulo 2. No, que tienes pelos en el coño.

Decidida lo hice, le solté un bofetón dejándole en la cara mi mano. Le dediqué una sonrisa maléfica y mire a su amigo de pelo rubio, este me miraba con una cara de asombro y de mala ostia, le saqué el dedo, no aguanto a esas personas.
Me giré decidida y seguí mi camino, estaba ya harta de la gente, más bien, gentuza.

Mientras seguía caminando hacia casa, pensaba en todo eso que gira en mí alrededor, en mi futuro. ¿Qué me esperaría? Solo espero que sea lo que Dios quiera, que sea sorpresa.
En nada llegué a casa, al parecer no había nadie. Solté la mochila en el recibidor, al lado de la puerta junto a las converse, y me fui a mi habitación.

Saqué el móvil soltándole encima de la mesilla de noche y me tumbe en la cama, boca arriba, mirando al techo. Y, solo pensaba en que tenia solo problemas, solo me va a quedar suicidarme.
Cogí el móvil tanteando con la mano derecha para ver si lo encontraba, pero sin querer le tiré al suelo, me cagué en todos los muertos de lo que se meneaba, me levante de un salto y lo cogí. Lo examiné bien para ver si no tenia nada, no, no tenia nada, era un nokia, esos no se rompen puf…

Volví a dejar el móvil, esta vez, encima de la cama y me fui derecha hacia el corcho que tengo al lado de mi escritorio, ahí tenia todas las fotos de mis amigos, de mis vacaciones, de la época que era más feliz, en los sitios en los que tenia a mi verdadero mejor amigo. La persona que más me entendía. Lo echaba de menos. Cogí el mando de la radio que estaba encima del escritorio y puse música, especialmente una triste.

Seguí mirando las fotos, se me caían las lágrimas, lo echaba de menos. Esas formas en las que me abrazaba por detrás, en las que me decía “yo estaré a tu lado siempre” y luego me sonreía. Ahora no sé donde está, pero por él dejaría todo esto para ir a buscarle.
Me sequé las lágrimas, cogí ropa interior y un pijama limpio, eran ya las ocho de la tarde, pero antes de nada, me acerqué a la ventana, era de noche, y hacía frío, lo cuál cerré la ventana y me dirigí al baño, a darme una buena ducha de agua caliente, cenar y dormir.

Después de hacer todo eso, ya en la cama, me sonó el móvil, un sms de Arancha, la muchacha más snoop de la ciudad. Lo empecé a leer:
Hola, cuanto tiempo, que es de ti?
Haber si nos vemos, que te echo de menos, que tengo que hablar contigo.
Bss.
Pasé de ella como de la mierda, la verdad, tiene cara orangután, Dios, es que es demasiado FEA. Las verdades a la cara, como las personas sinceras. Apagué el móvil, en poco tiempo me dormí, pero igualmente, rápido se me pasó la noche.

Al día siguiente, me encontré con Arancha, la tía iba con un super modelito, estilo pija-choni, enseñando casi todas las tetas y por la falda, mejor no hablar, que si no sube el pan. Ella a cambio me miraba por encima del hombro. Y me saltó:
- Amiga mía, ¿qué tal?
- Bien, bien, ¿tú? –La miré asustada.
- Bien, oye, recibistes ayer mi sms, es que quiero hablar contigo antes de que lo hagan con otras personas –empezó a poner caritas tipo pija malvada, me estaba asustando.
- Sí… pero no te pude contestar, lo siento –Entonces empecé a alejarme de ella, a lo que me paró con unas simples palabras…
- ¡Cómeme el coño! –Y la respondí con una sonrisa en la cara, me salía sola.
- No, gracias, que sé que tienes pelos, hasta en el culo –Se lo dije gritando, se enteró medio campus, lo cual se empezó a reír y a murmurar.

Seguí mi camino, abrí la carpeta que tenia en las manos para mirar el horario y me tropecé sin querer. Todos mis trabajos y mis hojas en el suelo, gracias al chico con el que me tropecé que me ayudo, una vez recogidas todas las hojas, le miré, como él a mi, y con la mirada sobraba pero no, creo que su ego tenia que salir para afuera, lo que me dijo, nunca, pero nunca se me olvidará…

jueves, 21 de octubre de 2010

Capítulo 1. Y todo empezó así...

Todo empezó cuando sabia que esta historia no iba a tener ni un principio ni un final.
Sobre todo cuando miraba tus ojos desde mi mesa de la biblioteca cuando tu estabas mirando para donde estaba yo, seguramente a alguna de mis amigas. Pero a mi eso no me importaba. Seguía siendo feliz.
Sobre todo cuando fantaseaba con decirte "te quiero, eres mi vida", y después de ese momento besarte.
Pero solo son fantasias.

Cuando estaba en mi casa, solo pensaba en quizás no volver a verte, por que seria lo mejor, por que sabia en que te fijabas en un chica, solo en el exterior y sobre todo por encima tenia que estar tu ego. Cosa de imbeciles ¿no?.

Hasta hay veces que me da rabia por que incluso mis amigas me dicen que soy como un cubo de hielo cuando tengo que decir la verdad o algo, la verdad, no tenia pelos en la lengua ni sensibilidad por nada en el mundo, solo por mi; a veces creo que yo también tengo ego, pero uno demasiado elevado. Creo que compite con el de la biblioteca.

Aun que creo que un chico así nunca se fijará en una chica de cabellos ocuros, más bien negros, ojos verdosos y con un poco de forma, como dice mi madre. Aun que la verdad, mi talla es de un 38 y la mayoria de la gente que vive por aquí me llama "la foca". La verdad, paso de todas esas personas, incluso me creo que estoy por encima de esas personas, por lo menos no soy una putilla de poca monta.

Incluso esta historia, vamos, no historia, es un poco de argumento, no sé, no sé ni lo que es, bueno, vamos a dejarlo en una cosa sin nombre, por que la verdad, no tiene nombre. Ni va a tenerlo, más bien si lo tiene tendria el mio, Candela.

Y como os digo todo empezó un día en el que mi buena amiga Alba mencionó la idea de ir a la biblioteca de la ciudad a hacer un trabajo. No me hizo gracias, sí, se lo dije.
Por desgracia llegué diez minutos antes, pero estaba Maira, la persona que no se calla ni debajo del agua. Sí, me empezó a hablar, y mientras que ella hablaba, aprobeché para ponerme un casco y escuchar música, y fingia que la escuchaba, y como no, después de "escucharla" me llamaba "encanto de niña", aun que así sabia que me llama a las espaldas foca.

La verdad, Maira, en un principio me caístes bien, ricitos de oro. Y ni ahora te dedicaré ni media sonrisa. Lo siento, las pijas me caeís mal. Cosa que abunda por aquí.

Al poco rato de que terminara de hablar Maira, llegó Alba y Cristina y subimos a la primera planta a hacer el trabajo. Me sente en una esquina, un poco marginada el primer tiempo que estubimos ahí, para ser exactos una hora. No aguantaba sus conversaciones de chicos y sobre todo si señalaban al chico de la biblioteca que seguramente estaba tonteando con ellas. Sí, exacto, seria el proximo para su lista de chicos follados. Yo creo que a veces el aburrimiento las puede pero, no va a ser nada de otro mundo, hay poco que ver aquí.

Me fijé en el chico que señalaban discretamente mientras hacía mis deberes tranquilamente. Era ¿mono?, yo creo que tiene cara chimpance. Pero cada uno con sus gustos y aficiones, esto es ley de vida.

Nada más de que ellas terminaran de hablar y nos pusieramos a hacer el trabajo, Alba se levanto de la mesa dirigiendose a la puerta que conducia a los baños, detrás de ella iba un chico de un metro ochenta diria yo, pelo castaño y buen trasero, hay que especificar. Lo demás era de imaginarselo.

En ese momento, Cristina me miró, me indico con la mirada un chico para que lo mirase y la diera mi opinión fría como el agua del polo Norte.
Me fijé bien en él discretamente para no ser grosera y me volvi para mirar a Cristina, a lo que la dije a susurros:
- Es un poco cara pez. Pero por lo demás es guapo...
Ella me sonrío y empezó a tontear con él mientras Maira y yo terminabamos el trabajo.

Terminamos, miré a Cristina para preguntarla algo, pero no estaba; me giré para la mesa del chico Besugo, y exacto, allí estaba ella con mi libro de biologia. Al parecer, haciendose la tonta para que la enseñase. Pero ¿cuánto la duraria a doña sabionda?. Mire el reloj y me reí silenciosamente y recogí mis cosas, no aguantaba más allí.

Me despedí de Maira con un "adiós, mañana nos vemos" y me dispuse a salir con aires superiores de la sala de estudio de la primera planta de la biblioteca. Por desgracia, siempre que salgo de algún sitio me fijo en quien está allí o si no hay nadie. Pero no, esta vez habia alguien, más bien dos personas.

Un chico de unos 17 años, de pelo castaño claro, ojos marrones y casi un metro setentaicinco para destacar más. Me fijé en el de al lado, un chico de sus mismos años, pelo rubio, ojos azules como el mar sus mismos centimetros y con el mismo ego que él. Seguí mi camino, pero me paré, no permitia que me hubieran llamado eso, puta.

Me gire, fui decidida hacia los dos muchachos y les solté sin pelos en la lengua:
- ¡Para puta tu madre! --Había metido la pata--
Los chicos empezaron a hablar entre sí, se acercó más a mi el chico que me insultó y con una leve mueca con la boca me dijo:
- Mejor tú, que sabemos que lo haces tú mejor.
Me puso de mala hostia, me mordí el labio inferior, mire al suelo, luego lo miré a él y me quede con ganas de hacer lo que tenia que hacer. Pero mejor no, o quizás sí...