jueves, 23 de diciembre de 2010

Capítulo 21. Alemania, ¿sabes qué...?

Colgué a Edu,no podía esperar a una decisión, mi vuelo salía ya. Sola viajaba hasta Alemania a buscar a mis padres.
Las lágrimas no me conmovían, pues era y soy fuerte. Marcos ahora es parte de mi pasado y lo aceptaré.

Era casi de noche cuando llegué, un viento frío, del Norte, dio en mi cara como si de una bofetada se tratara, dejando de sentir mis pómulos.
Un taxi me llevo hasta el hotel donde me iba a hospedar, era una gran habitación, una ventana daba a la antigua plaza donde, antiguamente nazis paseaban por esas plazas.
Estaba agotada, un calido baño de agua templada me relajaba. En mis pensamientos estaba él, como un recuerdo que no se puede esfumar por mucho que quisieras. No entendía casi nada, solo las cosas básicas.

Un chico rubio, de castaños llamó a la puerta, su cara salía deforma por la mirilla; “ahora salgo” grite. Un acento español se oía detrás de la puerta, estaba en toalla y así no podía presentarme.
En la puerta había una nota, había llegado tarde para abrir. Abría la hoja perfectamente doblada por la mitad << No te asustes –pensé->> Estaba en inglés, su ortografía era un poco grande, con alguna falta que otra, pero aun así la entendía.
“Mañana preséntate en la plaza, donde se hace el mercado, abrígate, no llegues tarde. 10:30”
¿Perdón? ¿Yo no iba a ver a mis padres? Lágrimas, pequeñas, recorrían mi cara, echaba de menos los abrazos de mi madre, y las amenazas de mi padre a los muchachos, pero eso se ha quedado atrás.

No podía dormir, daba vueltas en la cama, buscaba soluciones a problemas solucionados. Pero, ahora, tenía que afrontar el presente, saber que iba a hacer con mi nuevo futuro.

Me levante con ojeras, habría llorado mientras dormía. Me vestí con colores oscuros y un pluma negro, no sabía que podría pasar.
Había un extenso mercado, donde, cerca de allí, estaba la catedral. No sabía ni con quien o quienes me iba a juntar. Arrimada a una estatua el mismo chico que anoche vi por la mirilla se acercaba, detrás de él, un robusto hombre de barba blanca y un largo abrigo marrón. Sentía miedo.

Mire al chico de ojos marrones, el sol me daba en la cara, gracias a él puede visualizarle mejor, su rostro era perfecto y en una sonrisa cordial aparecía en su cara, dejando ver sus perfectos dientes blancos. Iba a cambiar de actitud, quería una vida nueva, le sonreí como si fuera una persona más de mi vida.

- ¡Hola! –Me gritó no demasiado alto- ¿Tú eres Candela? ¿La señorita recién llegada de Leeds?
- Hola –enarqué una ceja- Sí, soy yo, ¿el porqué de quedar aquí?
- Me llamo Rubén, lo de quedar aquí es por que mi tío te quiere enseñar varias cosas, espero que le hagas caso, no quiere que acabes como tu hermano. -¿Mi hermano? ¿Qué sabe él de mi hermano?
- En efecto pequeña. – La mano del hombre se poso en el hombro de Rubén, haciendo que se girara- Tu hermano renunció, espero que tú seas más fuerte y más lista.
Les miraba seria, para estaban locos, en determinados momentos hablaban en español, creo que no saben que les entendía, y si querían que luchara iban mal, demasiado mal.
Me levante de donde estaba sentada.
- Ustedes están locos, ¿cómo pensáis que YO Me voy a meter en semejantes líos?
Rubén me agarró del brazo, su mirada era impactante, y a la vez tierna, sus ojos hablaban por sí solos.
No quería escucharle, pero no me resistí, lo primero que dijo hizo que mis ojos se abrieran como platos.

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