miércoles, 27 de octubre de 2010

Capítulo 2. No, que tienes pelos en el coño.

Decidida lo hice, le solté un bofetón dejándole en la cara mi mano. Le dediqué una sonrisa maléfica y mire a su amigo de pelo rubio, este me miraba con una cara de asombro y de mala ostia, le saqué el dedo, no aguanto a esas personas.
Me giré decidida y seguí mi camino, estaba ya harta de la gente, más bien, gentuza.

Mientras seguía caminando hacia casa, pensaba en todo eso que gira en mí alrededor, en mi futuro. ¿Qué me esperaría? Solo espero que sea lo que Dios quiera, que sea sorpresa.
En nada llegué a casa, al parecer no había nadie. Solté la mochila en el recibidor, al lado de la puerta junto a las converse, y me fui a mi habitación.

Saqué el móvil soltándole encima de la mesilla de noche y me tumbe en la cama, boca arriba, mirando al techo. Y, solo pensaba en que tenia solo problemas, solo me va a quedar suicidarme.
Cogí el móvil tanteando con la mano derecha para ver si lo encontraba, pero sin querer le tiré al suelo, me cagué en todos los muertos de lo que se meneaba, me levante de un salto y lo cogí. Lo examiné bien para ver si no tenia nada, no, no tenia nada, era un nokia, esos no se rompen puf…

Volví a dejar el móvil, esta vez, encima de la cama y me fui derecha hacia el corcho que tengo al lado de mi escritorio, ahí tenia todas las fotos de mis amigos, de mis vacaciones, de la época que era más feliz, en los sitios en los que tenia a mi verdadero mejor amigo. La persona que más me entendía. Lo echaba de menos. Cogí el mando de la radio que estaba encima del escritorio y puse música, especialmente una triste.

Seguí mirando las fotos, se me caían las lágrimas, lo echaba de menos. Esas formas en las que me abrazaba por detrás, en las que me decía “yo estaré a tu lado siempre” y luego me sonreía. Ahora no sé donde está, pero por él dejaría todo esto para ir a buscarle.
Me sequé las lágrimas, cogí ropa interior y un pijama limpio, eran ya las ocho de la tarde, pero antes de nada, me acerqué a la ventana, era de noche, y hacía frío, lo cuál cerré la ventana y me dirigí al baño, a darme una buena ducha de agua caliente, cenar y dormir.

Después de hacer todo eso, ya en la cama, me sonó el móvil, un sms de Arancha, la muchacha más snoop de la ciudad. Lo empecé a leer:
Hola, cuanto tiempo, que es de ti?
Haber si nos vemos, que te echo de menos, que tengo que hablar contigo.
Bss.
Pasé de ella como de la mierda, la verdad, tiene cara orangután, Dios, es que es demasiado FEA. Las verdades a la cara, como las personas sinceras. Apagué el móvil, en poco tiempo me dormí, pero igualmente, rápido se me pasó la noche.

Al día siguiente, me encontré con Arancha, la tía iba con un super modelito, estilo pija-choni, enseñando casi todas las tetas y por la falda, mejor no hablar, que si no sube el pan. Ella a cambio me miraba por encima del hombro. Y me saltó:
- Amiga mía, ¿qué tal?
- Bien, bien, ¿tú? –La miré asustada.
- Bien, oye, recibistes ayer mi sms, es que quiero hablar contigo antes de que lo hagan con otras personas –empezó a poner caritas tipo pija malvada, me estaba asustando.
- Sí… pero no te pude contestar, lo siento –Entonces empecé a alejarme de ella, a lo que me paró con unas simples palabras…
- ¡Cómeme el coño! –Y la respondí con una sonrisa en la cara, me salía sola.
- No, gracias, que sé que tienes pelos, hasta en el culo –Se lo dije gritando, se enteró medio campus, lo cual se empezó a reír y a murmurar.

Seguí mi camino, abrí la carpeta que tenia en las manos para mirar el horario y me tropecé sin querer. Todos mis trabajos y mis hojas en el suelo, gracias al chico con el que me tropecé que me ayudo, una vez recogidas todas las hojas, le miré, como él a mi, y con la mirada sobraba pero no, creo que su ego tenia que salir para afuera, lo que me dijo, nunca, pero nunca se me olvidará…

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