Todo empezó cuando sabia que esta historia no iba a tener ni un principio ni un final.
Sobre todo cuando miraba tus ojos desde mi mesa de la biblioteca cuando tu estabas mirando para donde estaba yo, seguramente a alguna de mis amigas. Pero a mi eso no me importaba. Seguía siendo feliz.
Sobre todo cuando fantaseaba con decirte "te quiero, eres mi vida", y después de ese momento besarte.
Pero solo son fantasias.
Cuando estaba en mi casa, solo pensaba en quizás no volver a verte, por que seria lo mejor, por que sabia en que te fijabas en un chica, solo en el exterior y sobre todo por encima tenia que estar tu ego. Cosa de imbeciles ¿no?.
Hasta hay veces que me da rabia por que incluso mis amigas me dicen que soy como un cubo de hielo cuando tengo que decir la verdad o algo, la verdad, no tenia pelos en la lengua ni sensibilidad por nada en el mundo, solo por mi; a veces creo que yo también tengo ego, pero uno demasiado elevado. Creo que compite con el de la biblioteca.
Aun que creo que un chico así nunca se fijará en una chica de cabellos ocuros, más bien negros, ojos verdosos y con un poco de forma, como dice mi madre. Aun que la verdad, mi talla es de un 38 y la mayoria de la gente que vive por aquí me llama "la foca". La verdad, paso de todas esas personas, incluso me creo que estoy por encima de esas personas, por lo menos no soy una putilla de poca monta.
Incluso esta historia, vamos, no historia, es un poco de argumento, no sé, no sé ni lo que es, bueno, vamos a dejarlo en una cosa sin nombre, por que la verdad, no tiene nombre. Ni va a tenerlo, más bien si lo tiene tendria el mio, Candela.
Y como os digo todo empezó un día en el que mi buena amiga Alba mencionó la idea de ir a la biblioteca de la ciudad a hacer un trabajo. No me hizo gracias, sí, se lo dije.
Por desgracia llegué diez minutos antes, pero estaba Maira, la persona que no se calla ni debajo del agua. Sí, me empezó a hablar, y mientras que ella hablaba, aprobeché para ponerme un casco y escuchar música, y fingia que la escuchaba, y como no, después de "escucharla" me llamaba "encanto de niña", aun que así sabia que me llama a las espaldas foca.
La verdad, Maira, en un principio me caístes bien, ricitos de oro. Y ni ahora te dedicaré ni media sonrisa. Lo siento, las pijas me caeís mal. Cosa que abunda por aquí.
Al poco rato de que terminara de hablar Maira, llegó Alba y Cristina y subimos a la primera planta a hacer el trabajo. Me sente en una esquina, un poco marginada el primer tiempo que estubimos ahí, para ser exactos una hora. No aguantaba sus conversaciones de chicos y sobre todo si señalaban al chico de la biblioteca que seguramente estaba tonteando con ellas. Sí, exacto, seria el proximo para su lista de chicos follados. Yo creo que a veces el aburrimiento las puede pero, no va a ser nada de otro mundo, hay poco que ver aquí.
Me fijé en el chico que señalaban discretamente mientras hacía mis deberes tranquilamente. Era ¿mono?, yo creo que tiene cara chimpance. Pero cada uno con sus gustos y aficiones, esto es ley de vida.
Nada más de que ellas terminaran de hablar y nos pusieramos a hacer el trabajo, Alba se levanto de la mesa dirigiendose a la puerta que conducia a los baños, detrás de ella iba un chico de un metro ochenta diria yo, pelo castaño y buen trasero, hay que especificar. Lo demás era de imaginarselo.
En ese momento, Cristina me miró, me indico con la mirada un chico para que lo mirase y la diera mi opinión fría como el agua del polo Norte.
Me fijé bien en él discretamente para no ser grosera y me volvi para mirar a Cristina, a lo que la dije a susurros:
- Es un poco cara pez. Pero por lo demás es guapo...
Ella me sonrío y empezó a tontear con él mientras Maira y yo terminabamos el trabajo.
Terminamos, miré a Cristina para preguntarla algo, pero no estaba; me giré para la mesa del chico Besugo, y exacto, allí estaba ella con mi libro de biologia. Al parecer, haciendose la tonta para que la enseñase. Pero ¿cuánto la duraria a doña sabionda?. Mire el reloj y me reí silenciosamente y recogí mis cosas, no aguantaba más allí.
Me despedí de Maira con un "adiós, mañana nos vemos" y me dispuse a salir con aires superiores de la sala de estudio de la primera planta de la biblioteca. Por desgracia, siempre que salgo de algún sitio me fijo en quien está allí o si no hay nadie. Pero no, esta vez habia alguien, más bien dos personas.
Un chico de unos 17 años, de pelo castaño claro, ojos marrones y casi un metro setentaicinco para destacar más. Me fijé en el de al lado, un chico de sus mismos años, pelo rubio, ojos azules como el mar sus mismos centimetros y con el mismo ego que él. Seguí mi camino, pero me paré, no permitia que me hubieran llamado eso, puta.
Me gire, fui decidida hacia los dos muchachos y les solté sin pelos en la lengua:
- ¡Para puta tu madre! --Había metido la pata--
Los chicos empezaron a hablar entre sí, se acercó más a mi el chico que me insultó y con una leve mueca con la boca me dijo:
- Mejor tú, que sabemos que lo haces tú mejor.
Me puso de mala hostia, me mordí el labio inferior, mire al suelo, luego lo miré a él y me quede con ganas de hacer lo que tenia que hacer. Pero mejor no, o quizás sí...
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