martes, 9 de noviembre de 2010

Capítulo 9. Besos y lágrimas, el mejor combinado.

Era Alba, cada vez que me acercaba más, se iba levantando más la gente que estaba allí sentada y se iban acercando a Alba. No sabía que pasaba. Pero seguramente tendría que ver con Marcos.
- ¿Tú te crees aquí la mejor del mundo para poder jugar con los tíos más buenos del campus?
- Pues sí, por lo menos mejor que tú, sí, ¿algún problema? –Me habían tocado una cosa que no tuvieron que haber tocado.
- Pues ¿sabes que maja?, yo si quiero me tiro a todos los chicos del campus, ¿a que tú no haces eso eh?
- No, lo siento, no soy una putilla. –Las cosas como son; la gente empezó a formar un circo, al lado de Alba, se puso una muchacha de pelos castaños y cortos y rizados con aires aun más superiores que ella y sí, por sus pintas más guarras.
La gente empezó a gritar “pelea, pelea”, que os creíais que íbamos a tener pelea de guarras contra normal o qué.
Empezaron a llegar sus amigas más allegadas, yo sola, completamente sola, exceptuando a mi perro. Que estaba empezando a sacar los colmillos.
- Mirad, me importa una mierda los tíos, ahora mismo tengo cosas más importantes de las que ocuparme, así que si tenéis algo mejor que decirme me lo decís, pero para estas chorradas a mi no me llaméis, por cierto, para chula, ya estoy yo. –Me di media vuelta y seguí con mi camino.
Se me escapó el perro, y fue hacía donde estaban ellas y las empezó a ladrar como si me hubieran matado y yo ya no estuviera junto a él.
Por casi las muerde, faltó poco, detrás de unos matorrales, aparecieron Marcos y Eduardo, juntos, hablando, al parecer se habían hecho amigos, que guay, dos en uno, como las ofertas.

Me fui de allí lo más rápido posible, pero cuando ya estaba saliendo del parque, donde ya no había nadie conocido ni nada, me agarró algo por el brazo haciéndome que me girara, entonces, noté un calido beso en mis labios. Con los ojos abiertos pude visualizar quien era, era Marcos, me retire lo más rápido posible, si hubiera sido por mi me hubiera quedado besándole sin parar, pero no, tenía que poner mis reglas, mi espacio vital con esa persona, ¡Pero quien se creía para besarme!, así que un bofetón bien dado no le vendría mal, y dicho y hecho.

Ya, en casa, no podía parar de pensar en ese beso, y en que mañana tenía clase.

A la mañana siguiente, sabía que me los iba a encontrar, a todos, a quien me alegré de ver era a Cristina, esta vez me trajo una vestimenta un poco rara, para mi gusto, llevar casi todo naranja y verde, me daba la sensación de que, o eras una naranja deforme, o ibas a tener complejo de baloncesto con hierva
Entramos en clase de latín, allí ahora mismo era complejo, semejante uno de lo otro, mi mente, en las nubes, mi deseo, morirme en estos instantes.
Cuando terminó la clase, me dirigí al baño, no quería saber nada de nadie, me encerré y comencé a llorar.

Mis lágrimas brotaban como un manantial, no quería más clases de momento, Cristina entro en los baños a buscarme, pero la dije que dijera que estaba mala y que me había ido a casa. Y así hizo.

Cuando pasó un tiempo, oí como una persona había entrado en los baños, era hora de clase, seguramente que era alguna persona que había hecho pellas, oí bien su voz, era la voz de un hombre, pero no la podía reconocer bien, más bien no me era conocida, seguramente que sea de algún profesor o profesora que estuvieran revisando los baños, me sequé las lágrimas y sin salir, empecé a oír lo que decía, al parecer no estaba solo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario