lunes, 8 de noviembre de 2010

Capítulo 8. Llámame, que creo que no me lo espero.

La verdad no me lo podía creer. Era tan irreal… Llamé por teléfono, intentando encontrar una respuesta lógica de lo ocurrido, buscando que si eran verdad ellos, u otra familia, cosa que me alegraría más.
Sonaban los pitidos de la señal de la llamada, a la cuarta, ya casi a punto de volver a llorar, cogió mi madre el teléfono.
- Hija mía ¿qué te pasa?, creía que hoy no nos ibas a llamar. –Que no os iba a llamar, eso lo dirás tú, pero por lo menos estaban vivos.
- Nada mamá, ¿qué tal por el camping?
- Bien, mañana volvemos, no te preocupes, si necesitas algo más llámame. Ten cuidado cielo.
- Adiós, te quiero.
Falsa alarma, mis padres, no eran, y por lo demás, que tengan suerte la próxima vez que tengan más suerte.
Colgué rápidamente y cambie de canal, quien quiera disgustos que vea las noticias, por que yo no, gracias, para eso tengo los de mi vida personal. Ya recuerdo por que no me gustaba ver las noticias…
Llamaron a los cinco minutos exactamente al telefonillo, era Maira, quería hablar de algo que a mi no me interesaba pero a ella al parecer sí, pobre de mi, como se nota que son “casualidades de la vida”.
- Amiga mía – Me chillo nada más verme en la puerta, seguidamente, me abrazó.
- Hola, pasa, pasa –la di unas palmaditas en la espalda y la deje pasar, sabía que esto iba para rato.- Oye, ¿tienes hambre?
- No gracias, tengo que adelgazar, por que no haces alguna prueba de adelgazamiento, ya verás que bien te sienta –La mire con cara rara, mejor no decir nada.
- Algún día, no te preocupes maja – Me senté a su lado y la mire.
- Pues venía a decirte que… que mira, que no juegues con los sentimientos de Marcos, el es un chico sensible, apuesto, guapo, sincero… - Por lo de sincero, lo ha clavado…
- Ya, ya, ya… ¿y?
- Y eso, que si no le quieres, que… para mí, ya sabes, tú tienes a Eduardo a tus pies, manipúlale a él, no a mi Marquitos.
- ¡Pues quédate con tu Marquitos, pero a mi dejadme ya en paz, me importa una mierda, él y todo lo suyo! – Empecé a llorar, de verdad, eso no sentía…
- Lo siento, mejor te dejo sola. – Se fue, eche la llave a la puerta y me tumbe en mi cama, no quería saber nada de nadie, estaba mejor sola.

Al poco rato, me senté en el escritorio, cogí una hoja y un lápiz, y empecé a escribir la carta que nadie, jamás leería,

Sabes que te amo, te deseo, cada día me pierdo más en cuanto siento que te puedo recordar, recordar tu recuerdo más bendito en mis pensamientos, verte y no poder besar tus labios por el que dirán, saber tus pensamientos más ocultos sobre mi, pasar el resto de mis días agarrada de tu mano, sonriendo, siendo feliz, ojalá tuviera una fecha junto a ti, recordarla juntos cada día.
La verdad, todo son deseos, deseos que hacen que mi vida sea más dura al intentar conseguirlos, por que son imposibles.

Deje la carta a medias, no tenía ganas de seguir, era demasiado para mi, me estaba dando cuenta de que me estaba enamorando de dos chicos, de dos chicos que ni si quiera sabía que sentían por mi.

De repente, dos mensajes me habían llegado al móvil, ¿de quien sería?
Seguro que del plasta de Marcos. Cogí el móvil, creo que acerté, pero no funcionaba, al parecer tenía que hacer algo con él móvil, o yo que sé, le apagué, y le volví a encender, entonces, funcionó. Lo pude leer, me quede un poco asustada por tal preciso mensaje.
Necesitaba mi ayuda, para que, seguramente que era una trampa, pero yo me dirijo para él parque.

No me equivocaba, allí estaban los de siempre, los que casi nunca dicen nada de mi, los que me intentan utilizar dándome alcohol, una muchacha grito mi nombre desde lo lejos, no sabía quien era, me apresuré.

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