lunes, 22 de noviembre de 2010

Capítulo 16. Volvamos al pasado, solo por hoy.

- Candela, ¿Por qué eres, así… así de fría?
- La verdad, es por una sola razón… nadie excepto mi familia, la sabe, y creo que será mejor que la sepas tú… - me miro con cara preocupante, me estaba guardando las lágrimas- Hace ya, casi un año, más bien dos, hubo un accidente de tráfico en el que murió un hermano mío, desde entonces, la gente dice que mi familia no ha cambiado, que toda ella sigue siendo tan perfecta como era, y como seguirá… y de momento, yo no me puedo engañar, en mi familia ya no hay nada perfecto, solo esa soledad que se ha quedado en mi, en mi familia, en mi personalidad, y quieras o no, eso me ha afectado mucho, por que, era la única persona que me comprendía y… -ya no aguantaba más, empecé a llorar.

María, como la típica niña que era, me abrazó para consolarme, y sus palabras, esas palabras dulces que salieron de su voz me consolaron aun más. De repente, un pitido salía de del pasillo, era el telefonillo, estaban llamando, rápidamente, María, de un brinco se incorporó en el suelo y fue como una bala hacia el. Abrió a una persona, y con una sonrisa de oreja a oreja me dijo que iba a venir una persona que sería muy especial para mí, o se supone que ese era el mensaje para mí.

Un muchacho, corpulento, de pelo castaño apareció por la puerta con un ramo de rosas, definitivamente era Marcos, estaba preocupado por mí, OH que sincero; dejó el ramo de rosas en la mesa del salón, esa mesa que adora mamá, y calidamente, me dio un abrazo de los suyos.
María miraba con cara de ternura y yo la miraba con mala cara, pidiéndola, por favor que no se fuera, pero como ella quiso, se fue, dejándonos solos.

Mire por la ventana, sabía que estaba con Jennifer, me saludaron las dos con una sonrisa amplia y un “luego nos cuentas maja”
Me giré, Marcos me estaba mirando, sabía que había tenido un especial contacto con mi ex, sabía que se lo habían dicho, sabía que me había dicho que nunca me quiso, sabía demasiadas cosas sobre el día en el que estuvo llorando por mí, no me lo podía perdonar, tampoco me podía perdonar abandonar a un amigo, aun él era demasiado para mí.

Le eché de mi casa, quería estar sola, quería tener un tiempo para mí, sin nadie a mi alrededor, no quiero importarle a nadie, solo quiero ser una minúscula partícula de este inmenso mundo.
Empecé a leer ese diario que tenía desde hace tiempo, ese en el que escribía las cosas que decía de él, me gusta recordar esas partes bonitas, bonitas y sencillas que hacen que una mujer se sienta especial.

<< Querido diario, hoy, nueve de mayo, estoy empezando a salir con ese chico al que vuelve tan locas a las chicas, creo que ser maja con él me ha ayudado a salir con él. Ahora soy la envidia del barrio, aun que nunca me ha gustado seguir las mismas modas de la gente, incluso, nunca me ha gustado el mismo tío que a las demás personas, pff… Pero es que es tan bueno, y tan sensible… no lo quiero dejar nunca… >>
Esas cosas se decían antes, ahora te arrepientes de lo ocurrido ¿no tonta?

Me mataría ahora mismo por todos esos fallos que he cometido a lo largo de mi vida. Ahora, no sabía que hacer y seguramente que los mismos imbeciles de todos los días empezarían a tocar las narices llamando a los timbres.
En la puerta, había una cara, el sello, si se puede decir eso, era una huella, pero de perro, me sonaba de algo, pero no sabía de que…

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