Era un ramo de rosas con una tarjeta, ¿de quien sería?, lo cogí corriendo, y empecé a leer:
Querida Candela
Todo el tiempo que hemos compartido juntos me lo he pasado genial, gracias por haber estado siempre en mi vida, y no darme de lado como otras personas.
Con este ramo de rosas rojas quería decirte que en estos momentos estoy llegando a sentir algo por ti, y que te digo adiós, con la mano y con el corazón y que nunca te voy a olvidar. Y si necesitas algo, llámame.
Te ama, Edu.
Empecé a llorar, mi Edu se iba, me iba a quedar casi sola, Lydia ya se había ido, al parecer tenía cosas que hacer y ya llegaba ella tarde.
Solté mis cosas y bajé las escaleras corriendo, casi cayéndome, tropezándome con la gente por la calle, llegué a casa de Edu, ya no estaban. Derrumbada, me senté en el suelo a llorar, a llorar por mi mejor amigo.
En la calle no había nadie, estaba sola, se estaba nublando cada vez más, chispeaba cada vez más, pero me daba igual.
Los recuerdos se me venían a la cabeza, todas esas vacaciones con él, jugando en la playa, en el camping, el beso que me robó cuando teníamos solamente diez años…
Como todo estaba en el pasado, en el presente se había ido convirtiéndose en el pasado, viendo el futuro, de una forma en el que iba a estar sola, con el imbecil de Marcos, con las personas que me odian. Sola, mis padres, la verdad pasan de mi.
Me levante del suelo, andaba, mojada, mirando el suelo, mientras pensaba que la vida no se solucionaba ni con porros ni con bebidas. Pero a veces siempre venía bien una pequeña dosis, esa que te da una pequeña alegría.
No me lo pensé dos veces, me fui al bosque, en donde íbamos los dos, juntos, de pequeños, hasta los catorce años… allí, mire de nuevo nuestros nombre intactos, y un siempre. Lo roce con las yemas de mis dedos húmedas. Llovía cada vez más, pero me daba igual. Seguí andando, visualicé aquel arroyo que saltábamos, con su cuerda aun intacta. Cogí carrerilla, resbale, me había hecho daño en el tobillo, también tenía una raja que me había rajado mis pantalones vaqueros manchándolos de sangre.
Me di media vuelta mientras que intentaba andar, despacio, pero me seguía doliendo, se me estaba hinchando y cada vez me salía más sangre.
Al cabo de media hora, pude estar casi por donde la casa de Edu, vi una luz encendida, me hice ilusiones, solamente era un hombre que estaba revisando la casa para venderla.
Seguí andando, pero ya no aguantaba más, me senté en un banco, llorando, pero no precisamente del dolor. Vi a un chico que corría hacia mí, cada vez se apresuraba más, era Marcos, que alegría por Dios.
- Candela, ¿qué te a pasado?, ¿estás bien?
- ¡¿Tú que crees imbecil?! – Me levante, intentando andar para alejarme de él, pero mis esfuerzos eran en vano.
- Déjame que te ayude – en ese momento me cogió en brazos, sonrojado y me llevo a un hospital que había por allí cerca. Mientras que me llevaba en brazos, le di las gracias en un pequeño susurro y en una sonrisa pequeña de la que no podía ver mientras apoyaba mi cabeza en su hombro.
Se quedo conmigo todo el tiempo que había hecho falta, cuando me sentaron en una silla de una sala para curarme, en un momento a solas, me dio un beso en la frente, creo que me estaba enamorando de él…
Enseguida salimos, él me llevo a casa, aun no había nadie, así que se ofreció en quedarse conmigo, hasta que llegaran mis padres. No sabía que contestarle, sabía que me las podía apañar sola. Sin nadie, tenía que ser fría y dura, seguir dejándole claras las diferencias.
Pero no le negué en que entrara un rato hasta que se tuviera que ir a su casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario