martes, 16 de noviembre de 2010

Capítulo 13. Recuerdos entre llantos, luego viene la calma con los besos.

Le mire con cara de no saber contestar, la verdad, no estaba tan indefensa.
- No gracias, cuando lo necesite te pediré ayuda mientras tanto, ¡A fuera!
- Vale, vale, fiera…
Y así se fue. Como pude me puse mi pijama negro de lazos azules, y a gatas fui al salón.
El estaba allí, me miro, y como no, se río. No me hizo gracia.

Me senté en un sillón estirando mis piernas en una cómoda silla y me puse a ver la tele, estaban echando una película romántica, romántica de comedia.
Se pasó el tiempo volando, rápidamente dieron las nueve de la noche, llamé al restaurante para ver si tenían comida y enseguida, estaba el chico que traía la comida a domicilio, al parecer, mis padres dejaron todo pagado.

Marcos se quedo un poco extrañado al ver que me trajeran la comida un chico de un restaurante y encima yo, sin pagar. No hizo ninguna pregunta, pero sabía que iba a ser la comidilla de todas las bocas del campus.
Empecé a comer un poco, pero no tenía mucha hambre, así que lo fácil, dárselo a Marcos para que se volviera un cerdito andante.
La verdad, solo tenía ganas de llorar y de dormir y no despertarme nunca más.

Me fui a mi cama, sí a gatas para salir del salón, luego de pie, me daba igual lo que dijeran, aquí mando yo.
Me metí en la cama, llorando, más de una vez me levanté para mirar aquellos recuerdos que aun tenía, esas fotos, esos paisajes que pintábamos los dos de pequeños…
De repente oí unos pasos sería Marcos, og, mierda, no le había dicho que durmiera en el salón.

No tenía ganas de darle más voces por hoy, así que le deje que durmiera conmigo, sería agradable sentir a alguien a mi lado en una cama.
Lloraba en silencio, para que no me oyera, de repente, me abrazo.
- Si supieras lo que siento por ti, lo que haría por ti… te has convertido en el centro de mi vida. Te amo, pero sé que tú a mi no, pero si hace falta, esperaré, esperaré el tiempo que haga falta, con tal de estar contigo, de tratarte como ningún hombre te ha tratado…

Empecé a llorar más, sus palabras me conmovieron, ningún hombre me había dicho nada de eso hasta ahora, solo me querían para que fuera como casi las demás personas, como las demás guarrillas del campus. Pero nunca lo consiguieron.
Pasaron diez minutos, creo, se había quedado dormido, o medio dormido, así que decidí hacer como si estuviera soñando.

- Marcos… ¿sabes que te amo? – Mirándole fijamente, mientras le hablaba entre susurros.
- ¿Y tú sabes que eres mi vida? ¿Qué eres el centro de mi universo paralelo al de todos? – Este hasta dormido, sabía cosas de astronomía. Decidí ponerme encima de él y robarle unos cuantos besos.
- Sí, lo sé, no hace falta que me lo demuestres más. – En ese momento, abrió los ojos y me vio encima de él, se me quedo mirando, sorprendido, sabía ahora que lo dicho no era un sueño, que era real.

Le empecé a besar tiernamente, como si deseara sus labios, como si nunca quisiera que se terminara ese beso. Él mientras lloraba, pero no sabía por que, así que paré para preguntarle que le pasaba, mi corazón latía a cien por hora, sentía algo por él, algo que no sentía por Eduardo ni por otro muchacho que conociera…

Me quité de encima de Marcos y me fui a la cocina, necesitaba un vaso de leche, quería parar esos latidos de mi corazón, al parecer me siguió, pero no sabía que estaba con esas pintas por mi casa, cuando me gire, mirándolo sorprendida, no tenía palabras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario