domingo, 14 de noviembre de 2010

Capítulo 12. Nunca te dejaré sola.

Mientras que él estaba allí a veces le miraba de reojo, cada vez me parecía más guapo, cada vez que sonreía me quedaba embobada. Me quedaba soñando en besarlo, en no tener la mierda de la venda para andar junto a él sin unas mierdas de muletas.

Me levanté del sofá, apoyando el pie en el suelo y empecé a caminar.
- ¿A dónde vas?, sabes que no puedes caminar apoyando el pie.
- Tú que eres, ¿mi madre? –Seguí andando dejándole con las palabras en la boca, pero me seguía.
- No te voy a dejar sola, cueste lo que cueste –Le mire de reojo mientras que andaba, ¿estaba mirando al suelo mientras que me hablaba y sonreía?
- Algún día me tendrás que dejar sola, pero mejor dicho, más bien dentro de unas horas, o quizás minutos. –Seguía mirándole mientras sonreía un poco.
- Nunca te dejaré sola. ¡¿Y por qué eres tan mala conmigo?! –en ese momento, me abrazó por detrás subiéndome unos escasos centímetros del suelo.
- Bájame, ¡tonto! –me estaba riendo, hacía ya bastante tiempo que no me reía de esa forma cariñosa; de repente me bajó al suelo y me empezó a susurrar en el oído
- Eres la princesa de mis sueños, tantas noches e soñado desando tenerte entre mis brazos…-acariciaba sus manos mientras sentía que se pegaba más a mi.

Notaba como que algo me tocaba la pierna, más bien me la movía y encima me estaban hablando, eso no era de… de… oh mierda, me había dormido y el gilipollas por aquí, en mi casa.
Abrí los ojos, me había dormido encima de su hombro en el sofá, lo demás, un puto sueño.

- Hola…
- Hola, te habías quedado dormida y no quería despertarte, lo siento.
- Nada, nada, tranquilo, por cierto ¿qué hora es?
- Las ocho y media
- Og, mierda – Me levante corriendo, y en el intento de ir andando deprisa por el pasillo resbale – ¡Su puta madre!
- ¿Estás bien? –me miro con los ojos bien abiertos mientras me ofrecía su mano, pero no me podía levantar.
- ¡Cógeme imbecil! –estaba casi llorando.
- Voy, voy… me cogió de una forma delicada y me llevo de nuevo al salón, me había pegado un buen golpetazo en la cabeza…
- Me duele la cabeza, pero te puedes ir, aquí ya me las puedo arreglar yo – le mostré una sonrisa falsa.
- No, no te voy a dejar sola, llamaré a mis padres para decirles que esta noche me quedo a dormir contigo. –me crucé de brazos mientras le miraba mal.

Mientras que él hablaba por el móvil con sus padres, yo aproveche para escaparme a mi cuarto ahora que podía, y sí, fue a gatas, como los bebés.
Y cerré la puerta de un golpetazo, por lo menos no sabe cual es mi habitación, já.
Pero por desgracia la encontró. Og, que rabia.
Me tenía que cambiar y como que paso de que aquí el amigo me viera en ropa interior.

Pero claro, él como Pedro por su casa, se quito la camiseta quedándose en una de hombreras blanca, la cual se le notaba todo. Me estaba quedando embobada cuando me llamó mi madre
- ¿Sí?
- Candela, hija, ¿Qué tal?
- Bien, bien ¿tú?
- Bien, mira, que te llamo para decirte que volvemos a la semana que viene si necesitas algo ya sabes, llámame.
- Vale, que os lo paséis bien.

Colgué rápidamente y le mire, al igual que él me miraba a mi, su pregunta ¿te ayudo a desvestirte?

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