jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 14. De razones vive el hombre, de sueños sobrevive.

No tenía palabras para ver semejante cosa delante de mí, con una pose tipo mariquita empedernido, con unas gafas que no sé de donde las había sacado, creo que de mi cómoda, de donde tengo todas las fotos de Edu y Adrián, eran mis gafas rosas fluorescentes con forma de estrellas, tipo cantante del pop hortera.

Me empecé a reír de forma incontrolable a la vez que pedía perdón. Es que con calzoncillos, calcetines negros y las gafas esas… pero bueno, para gustos, colores, ¿o no dice así el refrán?
Nos volvimos a la cama, pero esta vez, yo, iba en sus brazos, y delicadamente, me dejo en la cama.

Empezamos a contarnos como sería el futuro, el nada más que soñaba, no sabía a quien me recordaba, la verdad, lo sabía, pero yo le daba razones, cosa que a él le fastidiaban los sueños, le rompía la ilusión.

A la mañana siguiente, la verdad, tendría que ser a la a medio día siguiente, por que eran la una y media, y aun no estábamos ni duchados, ni nada.
Me levante de un salto, buscando el móvil, sabía que me habían llamado, si no, no me hubiera despertado.
Cuando lo encontré, estaba dentro del cubo de la ropa sucia, que agrado. Lo cogí y tenía, por despiste 21 llamadas perdidas, no eran nada…

Busque a Marcos, pero no le encontraba, mire bien por mi habitación, pero con la vista desde la puerta, luego ya mire bien, estaba dormido en el suelo con un peluche mío, le estaba abrazando y al parecer hablaba.
Me agache bien, para oírle, era algo de:
Candela, Candela, no te vallas, quédate conmigo, por favor, te amo.
Luego empezó a dar vueltas, podía grabarlo, pero no, no quería que se enfadara, aun que él, él si que me grabaría, así que no dude, le grabé.
Cogí una raya de los ojos y cuidadosamente, le pinte un bigote de pirata y una brecha en la cabeza, de paso le puse sangre, en realidad era pintalabios rojo.

Nada más levantarse se miro al espejo, aguardando la risa, oí sus gritos.
- Candela, que me han hecho mientras dormíamos –me empezó a gritar mientras lloraba un poco.
- Pero que nos van a hacer exagerado, si yo no tengo nada
- Como que no, ¡¿y esto que es?! –vino al salón, nada más verle, ya no aguante más, me empecé a reír.

Sabía que se había enfadado, y que así, por lo menos se iría de mi casa, al fin, yo sola, pero no coló, solo cogió y me juro venganza, esta noche se queda sin sexo. ¡Dios, me parezco a mi madre!

Me quería ir por ahí, a dar una vuelta, quería ir al campus, y así hice, me escapé de casa mientras que él se duchaba, llamé antes de nada a Irene, una chica del campus que casi siempre se sienta conmigo en griego y en plástica. La verdad, tras su llamada, me estaba esperando.

Con cautela me escape sin hacerme daño en el pie, no quería volver al hospital.
Llegue más o menos rápido, la verdad, se me da bien ir a la pata coja con muletas, allí estaba Irene, a unos escasos metros de mi, con mi otra amiga Jennifer, era la chica que más sabía de mi en todo el campus, ni mis amigas de más tiempo sabían tanto de mi.

Sabía que mi escapada no iba a durar mucho sin mi guardaespaldas, por que, sabía que el chico que había detrás de Irene y de Jennifer no era otro que Marcos, desgracia, me saludo a lo lejos, se disponía venir hacía mi, para presentarse.

Sabía bien que a Jennifer no le caía demasiado bien, la verdad, a mí tampoco, serían causas del destino. La hice una mueca para que se girara sin que se notara, y a Irene un simple, se te han olvidado los guantes para plástica de nuevo ¿verdad?, era cuestión de disimular.
La cara de Jennifer nada más girarse era como un poema.

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